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Donald Trump

Donald Trump

Sus opciones para 2020: hechos o fantasías de Trump

Por Michael D'Antonio

Nota del editor: Michael D’Antonio es autor del libro “Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success” y coautor con Peter Eisner de “The Shadow President: The Truth About Mike Pence.” Las opiniones expresadas en esta columna son propias del autor.

(CNN) — Cualquiera que dudaba que la elección de 2020 será una elección entre un político que cree en hechos y el de turno que trafica con distorsiones, ahora conoce la verdad –al menos sobre uno de los candidatos de 2020–.

El presidente Trump no girará hacia la verdad. ¿Por qué? Porque Trump no ha cambiado ni cambiará, ni tampoco lo hará su estilo engañoso de liderazgo.

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Como prueba, considere que mientras estaba por volar a su cumbre en Vietnam con Kim Jong Un, de Corea del Norte, Trump declaró falsamente que su hija Ivanka había “creado millones de empleos” y tuiteó la mentira de que el ex líder de la mayoría demócrata del Senado, Harry Reid, fue “expulsado” del Senado.

Como para demostrar que pertenecen al equipo Trump, tanto su secretario de Estado y su secretaria de Prensa brindaron respuestas separadas, pero igualmente engañosas, a preguntas serias esta semana.

El domingo, el secretario de Estado, Mike Pompeo, desmintió que Trump haya dicho que “ya no hay una amenaza nuclear de Corea del Norte”. En respuesta a Jake Tapper, de CNN, Pompeo declaró que “eso no es lo que él dijo”. Es exactamente lo que Trump dijo en Twitter, pero este hecho fue incómodo para Pompeo porque sabía que esa declaración era falsa.

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Así que Pompeo brindó la siguiente respuesta: “… lo que dijo fue que los esfuerzos hechos en Singapur, este compromiso de que el presidente Kim, pueden haber desmantelado sustancialmente el riesgo para el pueblo estadounidense. La misión del secretario de Estado y del presidente de Estados Unidos es mantener a salvo al pueblo estadounidense. Nuestro objetivo es lograr eso”.

El problema es que Trump nunca utilizó esa expresión, y tal como lo mostró la gimnasia verbal de Pompeo, no hay un argumento coherente en favor de contrariar las publicaciones del presidente en Twitter. Sin embargo, que un antes bien respetado servidor público fuera reducido a hacer declaraciones engañosas para proteger a su presidente es un reflejo del estado peligroso de nuestros asuntos políticos.

Por supuesto, se ha vuelto rutinario que el equipo del presidente refute alegatos, aun cuando no puedan brindar ninguna evidencia en concreto ni un conjunto de hechos en sentido contrario.

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Tomen la respuesta categórica de la secretaria de Prensa, Sarah Sanders, a una nueva demanda que alega que Trump besó a la fuerza a Alva Johnson, una ex asistente de campaña. Dados los comentarios del presidente en la infame grabación de “Access Hollywood” y los numerosos alegatos de acoso sexual que ya hay en su contra (él desmiente todos), una persona razonable procedería con cautela. Sanders dijo simplemente, “esto nunca ocurrió” y que esa afirmación podía ser refutada por varios testigos. Sin embargo, ella no nombró a esos testigos, lo que nos deja preguntándonos quiénes son y si alguna vez se darían a conocer.

Igual que Pompeo, Sanders exhibió el verdadero estilo de Trump, en el que argumentó audazmente por algo que ella no puede saber con certeza si es verdad, y en el proceso ella misma redujo su credibilidad. Esto no es nada nuevo para Sanders, cuyo mandato le ha ganado amplia crítica, incluyendo un titular reciente en el diario The Guardian en el que se refieren a ella como la “mentirosa en jefe.” Pero aún así, la audacia de su respuesta sugiere que camino a 2020, el equipo de Trump hará un gran esfuerzo para mantener al presidente en su cargo.

Como facilitadora del presidente, Sanders parece haber sido atraída hacia el modelo de aquel – pero no es igual a él. En sus distorsiones, Trump es automático, tiene un amplio rango y está perfectamente cómodo con explotar a casi cualquiera al servicio de una declaración útil.

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La declaración acerca de todos esos empleos supuestamente creados por su hija brinda un buen ejemplo. Si bien el verano pasado Ivanka Trump fue designada copresidenta del Consejo Nacional para el Trabajador Estadounidense – que pide a empresas estadounidenses que se comprometan a contratar trabajadores estadounidenses – no es cierto que ella haya creado realmente millones de empleos nuevos a raíz de ese esfuerzo. Como mucho, ella ha garantizado promesas de hacer eso de parte de empresas líderes. Que su padre le atribuya la creación de empleos a su hija, y que invite a que haya más escrutinio de una tema delicado, no es solo engañoso — es cruel.

Ivanka Trump probablemente está impávida. Ella ha vivido con la propensión de su padre por la distracción durante toda su vida. Sin embargo, Estados Unidos se está acostumbrando recién al método de Trump. Durante siglos, el país ha sido liderado por hombres que, a pesar de sus tendencias políticas, se adhirieron en general a los hechos. Esto significó que les dábamos el beneficio de la duda, y desde que Trump asumió el mismo alto cargo, sentimos el deseo de dárselo también.

Al haberse negado en cada oportunidad a convertirse en un presidente del mundo real, las personas serias –el ex asesor económico, Gary Cohn; el exsecretario de Defensa, James Mattis; el exsecretario de Estado, Rex Tillerson– han huido de su gobierno, dejando atrás solamente a los facilitadores de Trump.

Trump y aquellos que lo rodean, al distorsionar constantemente la verdad, hacen que sea fácil elegir en 2020. Quédense junto a Trump y sus mentiras, o rechácenlo en favor de alguien que crea que los hechos deben primar.