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Política

3 teorías sobre por qué las mentiras de Donald Trump no parecen desconcertarlo (ni a sus partidarios)

Por análisis de Chris Cillizza

(CNN) — El martes, durante una reunión con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo algo que no era cierto. Sobre su propio padre.

“Mi padre es alemán, era alemán”, dijo Trump. “Nacido en un lugar maravilloso en Alemania, así que tengo un buen sentimiento por Alemania”.

Fred Trump, por supuesto, nació en la ciudad de Nueva York. (Su padre, el abuelo del presidente, nació en Alemania.) Es un hecho fácil de verificar, pero esta es al menos la tercera vez que Trump afirma que su padre nació en Alemania cuando, bueno, no fue así.

¿Por qué lo hace? Porque los hechos siempre han sido algo que se caduca para Trump. A lo largo de su vida, los ha torcido para que se ajusten a la narrativa que está contando sobre sí mismo. Para la mayoría de las personas, hacer algo incorrecto, especialmente en un entorno público, es desconcertante y vergonzoso. Trump no tiene ese gen. Los hechos son lo que sea que él quiera que sean. Y pueden cambiar, dependiendo de sus propias circunstancias. Él cuenta una historia de su vida en la que siempre es el héroe, siempre es el ganador, y luego repite esa historia una y otra vez. No le importa si los hechos objetivos se interponen en el camino.

Eso es preocupante, pero no terriblemente difícil de entender. Lo que es más difícil de comprender es por qué el imponente registro de distorsiones y falsedades de Trump parece tener un efecto nulo sobre a). su disposición a seguir mintiendo o b). cómo las personas lo perciben. Esas dos ideas están interrelacionadas, por supuesto: él miente porque siente que puede hacerlo sin sanción, y tengo algunas teorías sobre la aparente total falta de preocupación de muchas personas frente a un presidente que ha dicho más de 9.000 cosas falsas o engañosas en sus primeros 802 días en el cargo.

1. Ya se sabía: No es como que Donald Trump haya comenzado a torcer (y romper) la verdad cuando fue elegido presidente. Pasó gran parte de la campaña de 2016 haciendo casi exactamente lo que ha hecho como presidente: exagerando, distorsionando y, a veces, mintiendo abiertamente. ¡Y eso fue lo que consiguieron los votantes! Solo 33% dijo que era “honesto y confiable”, según una encuesta independiente en 2016. Pero incluso en ese momento, a algunos de ellos no les importó. Casi dos tercios de los votantes (64%) dijeron que Trump no era honesto ni confiable, pero de ese grupo, ¡uno de cada cinco votó por Trump de todos modos!

La realidad es que muchos votantes, especialmente aquellos que votaron por Trump, nunca pensaron que era un hombre honesto. Sabían que estaba mintiendo sobre varias cosas, desde el tamaño de su riqueza hasta sus supuestos campeonatos de golf o hasta temas más importantes como su conducta con las mujeres. A ellos no les importó. O, más exactamente, les importaban más otras cosas.

2. Todos los políticos mienten: Una y otra vez durante la campaña de 2016, cuando se enfrentan al historial de declaraciones falsas de Trump, los votantes les dirían a los reporteros una versión de esto: “Claro, Trump miente. ¡Pero todos los políticos mienten! ¡Al menos es honesto al respecto!” Sí, eso tiene muy poco sentido, especialmente porque Trump no fue honesto acerca de todas las veces que no dijo la verdad; se negó a reconocerlas en absoluto.

Pero lo que los votantes estaban diciendo, incluso si lo estaban diciendo de una manera un tanto enrevesada, era que Trump era tan diferente, tan extrañamente transparente acerca de su disposición a decir y hacer cualquier cosa para ganar, que medianamente creían que era genuino. Incluso así supieran que, bajo ningún estándar tradicional, era honesto. Y eso importó porque lo diferenciaba de la forma en que la gente veía a todos los demás políticos: mentirosos, pero tan pulidos en la mentira que nadie nunca supo. Siempre tratando de quitarte la lana de los ojos, sirviéndote la comida que sacaron de la basura y diciendo que era de un restaurante de cinco estrellas. Las mentiras de Trump eran tan exageradas que, de alguna manera, de manera risible, la gente las encontró (y las sigue encontrando) atractivas desde una perspectiva de blanquear los ojos y decir “¿escuchaste lo que dijo?”.

3. Mucha gente no confía en los medios: Trump no creó la desconfianza en los medios. En 2016, sólo 32% de los encuestados le dijeron a Gallup que pensaban que los medios informaron las noticias “de manera completa, precisa y justa”. (Esa cifra, a finales de 2018, había aumentado de nuevo a 45%). Lo que hizo Trump fue usar como arma la desconfianza constante en formas que nunca antes habíamos visto. Las “noticias falsas” se han vuelto ubicuas en la cultura, como una el final irónico de un chiste para algunos, pero sin embargo omnipresentes.

El ascenso de Fox News, y su casi monopolio sobre la mentalidad conservadora en el país, se ha unido al ascenso de Trump y han creado un modelo político y económico mediante el cual se convence a la gente de que los medios no sólo son injustos, sino que además han monetizado no decir la verdad para su propia ganancia.

Donde estamos en este país es que si alguien en CNN dice que el cielo es azul, una gran parte de los partidarios de Trump gritarán “noticias falsas” mientras se chocan la mano. Se deleitan con la idea de que los principales medios de comunicación están totalmente obsesionados con Trump, y que padecen un caso grave de TDS (“Síndrome de Trastorno de Trump”, por sus siglas en inglés). Ni siquiera se involucran con los hechos porque esos “hechos” provienen de un mensajero (los medios de comunicación) que creen que desprecia su forma de vida y sus creencias y harán cualquier cosa, incluso mentir sobre la verdad, para lograr algún conjunto de objetivos liberales utópicos.

Pero la razón más simple por la que Trump miente (y sigue mintiendo) es porque puede. Porque no enfrenta un castigo real por sus fabricaciones casi constantes (¡22 al día!) y en algunos círculos es recompensado por pegarle a los odiados medios y clases políticas. ¿Es todo eso no solo deprimente sino también preocupante cuando se trata del futuro de nuestra democracia? Por supuesto que sí.