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Francia

El alcance de las pérdidas arquitectónicas del incendio de la Catedral de Notre Dame en París

Por Jeremy Melvin

Nota del editor: Jeremy Melvin es experto en hitoria de la arquitectura, periodista y autor publicado. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen únicamente al autor.

(CNN) — Es conmovedor que la gran catedral de Notre Dame de París esté recibiendo probablemente mayor atención ahora —mientras su destino está en juego— que en cualquier otro momento en sus 850 años de historia. Rara vez la destrucción de una obra histórica de arquitectura ha generado tanta conmoción pública.

En 2018, el infierno que se ocasionó en el Museo Nacional de Brasil en Río de Janeiro destruyó muchos artefactos culturales y sacudió el sentido de su propia historia del país, pero el interés internacional en el desastre disminuyó rápidamente. Quizás la comparación más cercana al incendio del lunes sea la quema de las Casas del Parlamento británico en 1834, que destruyó simultáneamente un símbolo nacional y algunos de los mejores ejemplos de arte medieval inglés.

Pero la pérdida para la arquitectura que representa la destrucción de Notre Dame, aunque solo sea parcial, es posiblemente más trágica.

Construida sobre las ruinas de iglesias anteriores, el proyecto se inició bajo Maurice de Sully, obispo de París, en el año 1160. La construcción continuó durante muchas décadas, pero la mayor parte del trabajo se completó entre 1163 y 1250.

Una fotografía de Notre Dame en París tomada por Edouard-Denis Baldus alrededor de 1865. (SSPL/Getty Images)

Comparada con el antiguo Palacio de Westminster, es de lejos mucho más coherente como una obra de arquitectura. Aunque innumerables albañiles y artesanos contribuyeron a la construcción de la catedral, cada detalle se refiere a un concepto de diseño único.

Dicho esto, había un margen considerable para la expresión individual a través de las numerosas tallas ornamentales de la estructura. Su variedad provoca niveles de interés casi insondables, al tiempo que ofrece una visión invaluable de la forma en que la gente pensaba, sentía y trabajaba durante un período crucial en la historia europea. Esta alegría y riqueza de expresión han sido reconocidas como una de las grandes características de la arquitectura gótica.

Gárgolas ubicadas sobre la torre norte de la Catedral de Notre Dame en París (Crédito: Alain LECOCQ/Sygma/Sygma via Getty Images). 

Sin embargo, Notre Dame no es el primer ejemplo de arquitectura gótica. Ese título corresponde, si se refiere a cualquier edificio, a la Basílica de Saint-Denis en el límite de París. Su abad del siglo XII, Suger, dirigió el proyecto, reuniendo por primera vez muchos de los rasgos característicos del estilo: grandes ventanales, tensiones verticales y esbeltos arcos puntudos. El trabajo de Suger inspiró a otros eclesiásticos y arquitectos a superar sus logros, lo que resultó en la construcción de una serie de grandes catedrales góticas en el norte de Francia durante los próximos 50 a 100 años, en ciudades como Chartres, Rouen, Amiens y Reims.

Notre Dame es parte de este grupo de estructuras. Juntas aportaron nuevos niveles de refinamiento al estilo, innovación estructural y expresión artística a través de la abrumadora altura de sus espacios, la variedad de ornamentos y los efectos mágicos de los vitrales sobre la luz.

A medida que estas catedrales aportaban un nuevo potencial creativo a la arquitectura, Francia ganó gradualmente la ventaja en las luchas similares a “Juego de tronos” que caracterizaron la política medieval europea. Después de recobrar Normandía en 1204, el reino de Francia nuevamente controló las tierras que una vez gobernaron sus primos ingleses. Las grandes catedrales que se alzaban en sus ciudades parecían confirmar su afirmación de ser “los reyes más católicos”.

El primer aniversario de la muerte del general Charles de Gaulle en la catedral de Notre Dame en París el 9 de noviembre de 1971. (Crédito: Jean-Claude Deutsch/Paris Match/Getty Images). 

Armado con un nuevo potencial expresivo, estos edificios podrían transmitir mensajes poderosos sobre figuras bíblicas como Cristo, los santos y profetas, así como reyes locales, señores y figuras religiosas. Sin embargo, Notre Dame también arraigó sus influencias en el mundo corpóreo, con su ornamentación que trajo nuevos niveles de naturalismo a la tradición gótica.

La estructura, el adorno y los efectos arquitectónicos de la luz y la sombra, que surgen de lo que ahora reconocemos como estilo gótico, han incorporado a Notre Dame en la historia política francesa. ¿Por qué si no Napoleón buscó refugio allí en 1804? ¿Por qué, si no, Charles de Gaulle habría liderado allí las celebraciones de la victoria después de la liberación de París en 1944, incluso cuando los francotiradores aún acechaban en los alrededores?

Esta fotografía tomada el 26 de junio de 2018 muestra feligreses llegando a una misa en la Catedral de Notre Dame en París. (Crédito: Ludovic Marin/AFP/Getty Images)

La novela de 1831 de Victor Hugo “Notre Dame de Paris” (conocida en español como “El jorobado de Notre-Dame”) reavivó el interés en la catedral. En un capítulo crucial, aunque poco recordado, titulado “Ceci tuerá cela” (“Esto la matará”), argumenta que “esto”, la imprenta, “la matará”, a la catedral. Es un lamento que refleja la marcha aparentemente inexorable de la historia intelectual, aunque dentro de una década el gran arquitecto, teórico y restaurador Eugène Viollet-le-Duc estaba ocupado renovando Notre Dame. Fue su versión de la aguja original del siglo XIII que se derrumbó y dejó sin aliento a los espectadores la noche del lunes.

  • Mira: Notre Dame sobrevivió la Revolución francesa y dos guerras mundiales antes del devastador incendio

Irónicamente, este incendio parece haber comenzado durante otra fase de renovación. En el momento de redactar este reporte, los informes habían confirmado que la torre y el techo de roble habían sido destruidos, pero la fachada y las torres icónicas de la catedral se salvaron. Cualquier restauración ciertamente requerirá una intervención política, y dado el poderoso símbolo nacional y político de Notre Dame, no es de extrañar que Macron haya manifestado su voluntad de hacerlo.