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Venezuela

¿Fracasó el 30 de abril?

Por David Bittan

Nota del editor: David Bittan Obadia, es abogado escritor, analista de temas políticos e internacionales, columnista del diario el Universal de Venezuela y colaborador de otros medios de comunicación. Ha participado en el Congreso Judío Mundial y es ex presidente de la comunidad Judía de Venezuela.

(CNN) — Los venezolanos entendemos cada vez menos lo que estamos viviendo. Lo interesante es escuchar el “feedback” de la calle. Verdaderamente ya nada me impresiona. Alguien cercano me preguntó si lo del 30 de abril fue para mudar a Leopoldo López al Country Club ¿Será?

Cómo hacerse el sordo ante lo que dice Mr. Trump y su equipo, quienes aseguran con tanta seriedad que todo estaba listo para un cambio y que algunos se arrepintieron.

Los venezolanos subimos nuestras expectativas por los tantos buenos deseos de quienes conocen nuestra desgracia, pero dice un refrán popular en el caribe que “las buenas intenciones no preñan”.

La realidad es que el 1 de mayo amanecimos con el mismo gobierno, para una mayoría usurpador, para otros, pocos, no.

Venezuela está en un estado de inviabilidad, de catástrofe y de calamidad. El sistema colapsó. Los que ostentan el poder no tienen en sus manos la solución, pero hay que negociarles una salida. Los factores exógenos -entre ellos, Rusia- tienen la última palabra. A los chinos y los caribeños se los acomoda con dinero. Ahora ya está claro que dependemos de otros para conseguir nuestro futuro.

Ver tanta miseria, desgracia, injusticia y la imagen de una tanqueta atropellando personas, a gente disparando a población civil desarmada, necesariamente debe llamar a la reflexión de quienes se aferran al poder y piensan que lo de la Corte Penal Internacional no es con ellos.

No se le puede pedir más a un pueblo desnutrido. Les toca a los países democráticos actuar con firmeza y a Estados Unidos no descuidar un área desde de donde se pone en peligro su propia seguridad.

Este proceso tiene más chance de caer en un lado tenebroso que estancarse. Puede haber un momento en el que ya sea tarde para lo que todos anhelamos: negociación y cambio, sin violencia.