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Guatemala

La Guatemala de Sandra Torres

Por Roberto Izurieta

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España y ha sido asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta es analista de temas políticos en CNN en Español. Tanto Roberto Izurieta como Sandra Torres trabajaron en la campaña de Álvaro Colom

(CNN) — No trabajo para Sandra Torres, pero creo conocerla muy bien. La primera vez que la vi -probablemente ella no lo recuerda (nos pasa a veces a todos)- fue hace más de 15 años. La conocí en una pequeña casa del centro de Guatemala, donde antes estaba su empresa maquiladora. Sandra Torres era la gerente de la primera campaña de Álvaro Colom. En esa elección ganó Oscar Berger. Me impresionó mucho: claramente una mujer inteligente y con mucha personalidad. Cuatro años después, Álvaro Colom me contactó directamente y Sandra, si bien no era la gerente de la campaña, como esposa y mujer de bases políticas, tenía mucha influencia. Sandra Torres siempre respetó mi profesionalismo e independencia de pensamiento.


En el gobierno de Álvaro Colom, Sandra Torres lideraba los programas sociales como primera dama. No solo eso: tuvo la visión, acompañada de muy buenos profesionales, de unificar casi todos los programas sociales, coordinarlos y pensó, hacerlos más eficientes. En esos años, de lo poco que se conocía del apoyo social, terminaba ligándose a una suerte de clientelismo. No había mucho más.

Luego vino la crisis del asesinato/suicidio de Rodrigo Rosenberg. Cuando la gente de la ciudad de Guatemala (sobre todo de sectores medios y altos) salían a la calle a pedir la renuncia de Álvaro Colom; Sandra Torres quería y sabía que podría sacar mucha gente más a lascalles y demostrar su superioridad política a sus contrincantes. Álvaro Colom, sabía que el caso debería resolverse en las cortes, y sobre todo pidiendo la ayuda de la CICIG, cosa que hizo inmediatamente y resolvió la crisis política del momento.

En esos días de revuelo, salió la homilía del Cardenal (conservador) Rodolfo Quezada. En esa homilía, que presté atención con mucho detenimiento, dijo algo que hasta ahora retumba en mi memoria: “el único delito de Álvaro Colom es haber hecho visibles a los invisibles”. Hasta hoy en día, el cardenal Quezada tiene razón.

Esa es la mayor realidad de mi experiencia, habiendo visitado Guatemala más que ningún otro país de América Latina. Los niveles de marginación (económicos, sociales, raciales y de oportunidades) son inaceptables, pero mucho más grave aún es esa desconexión entre esa Guatemala de la ciudad, y la pobre rural/indígena. Hoy, esa misma división, se refleja en la votación de esta semana.

Hace tan solo un mes, cualquiera podía predecir que el próximo presidente de Guatemala sería una mujer. Las favoritas eran Sandra Torres, Zury Ríos y Thelma Aldana. Poco después las 2 últimas fueron descalificadas (justa o injustamente, lo dejo para la historia, aunque tengo la mía propia) y hasta dos semanas antes de la elección, también se temía que podrían descalificar a Sandra Torres.

Hoy, el próximo presidente podría ser Sandra Torres o Alejandro Giammattei, eso lo dejo para aquellos a quienes gustan de hacer apuestas. El rol de un analista no es adivinar el futuro: las personas que leen las cartas tienen las mismas probabilidades de acertar (y si ya son solo dos candidatos finalistas, las posibilidades que cada uno gane son simplemente 50/50) y sin duda, la predicción de lector de cartas sale mucho más barato que la de un consultor.

Lo de fondo es que cada elección (como ésta que solo nos dice parte, porque falta la segunda vuelta de agosto), es lo que nos dice sobre el país. Y sin duda, el cardenal Quezada tenía razón: es una Guatemala dividida por la pobreza al punto, que esta se ha vuelto invisible para aquellos que deben buscar de construir una Guatemala más inclusiva, más justa, solidaria, segura y con progreso.

Nunca he creído en cantos de sirenas. Ni la corrupción, ni la pobreza, ni la inseguridad, se soluciona de la noche a la mañana, ni por decisión de un iluminado. El financiamiento de las campañas electorales requiere una reflexión de fondo en América Latina y he escrito (atrevidamente) al respecto. Pero como no creo en el populismo, tampoco creo en la judicialización de la política. Son otros cantos de sirena.

Ratifico mi opinión que, en América Latina, ningún juez debería ser candidato, sino muchos años después de ejercer su profesión: sobre todo si ha juzgado casos que tienen graves implicaciones políticas. Nadie podría imaginar que en EE.UU. Robert Mueller estuviese trabajando en su propio proyecto político. Pero en América Latina esos ejemplos sobran y son una muestra de la poca dependencia y profesionalismo del Poder Judicial.

Y en un caso similar de conflicto de intereses tenemos lo que pasó con James Comey, quien violó esa regla y lo dije ese mismo día: fue la mejor ayuda para que Donald Trump ganara la presidencia de EE.UU. Ya sabemos las consecuencias.

También ratifico que la pobreza se soluciona con crecimiento, con empleo, con educación, con salud, con infraestructura. Y como también, lo he escrito con capacidad de gestión. Por eso, si bien voto por el cambio, me gusta también la experiencia: porque el gobernar la requiere y mucho. Considero que esa mezcla de cambio, renovación y experiencia es lo que hace un mejor gobierno. Pero en el caso de Guatemala, debe comenzar por hacer visibles a los invisibles.