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Puerto Rico

Las mujeres de Puerto Rico saben muy bien por qué Rosselló debía renunciar

Por Sandra Guzmán

Nota del editor: Sandra Guzmán (@mssandraguzman) es una periodista nacida en Puerto Rico, ganadora del premio Emmy y autora del libro sobre el empoderamiento de las mujeres, The New Latina’s Bible. Es productora y entrevistadora principal del documental, “Toni Morrison: The Pieces I Am”, un filme biográfico sobre Toni Morrison, la legendaria escritora Afro Americana ganadora del Premio Nobel, que se estrena en cines en todo EE.UU. Las opiniones expresadas aquí son propias de la autora.

(CNN) — Las mujeres puertorriqueñas nos lo advirtieron. Nos vienen alertando desde hace años que hay una crisis de violencia contra las mujeres en la isla. Después del huracán María, la crisis se volvió una emergencia. Las organizaciones sin fines de lucro que brindan servicios a las sobrevivientes de violencia doméstica reportaron un aumento en las solicitudes de ayuda.

A pesar del clamor de las mujeres, poco y nada se hizo en los niveles más altos del gobierno. Ahora, los mensajes filtrados del gobernador Ricardo Rosselló (casi 900 páginas en total, publicadas por el Centro de Periodismo Investigativo de Puerto Rico) muestran al gobernador de esta isla en la que las mujeres viven en crisis, refiriéndose a ellas como “putas” y fomentando la violencia contra las funcionarias públicas elegidas. Este es el punto de inflexión para muchos Boricuas, pero especialmente para las mujeres.

Ahora, las mujeres dicen entender por qué fueron ignorados sus reclamos: por la cultura machista de Rosselló y de sus amiguitos. Dos hombres del gabinete de Rosselló que también participaron en los chats renunciaron a raíz del escándalo, pero el gobernador, que se disculpó por algunos de sus comentarios diciendo que eran una forma de desahogo después de un duro día de trabajo, dijo que se quedará hasta el 2 de agosto.

Las mujeres de la isla están furiosas. Todos deberíamos estarlo. Se ha permitido que la crisis siga aumentando con graves consecuencias–la vida de las mujeres y los niños. Rosselló debía renunciar.

Según un informe de la organización Ayuda Legal Puerto Rico (American Civil Liberties Union ACLU (por sus siglas en inglés), Puerto Rico tiene la tasa más alta per cápita del mundo de mujeres mayores de 14 años asesinadas por sus parejas, un número que la organización describe como inquietante y en aumento. Los investigadores descubrieron que las agencias gubernamentales no siguen los protocolos, ni responden, registran o investigan los delitos de violación y abuso sexual. Y de los 20.000 casos de violencia doméstica denunciados anualmente a la policía, el informe de la ACLU halló, según la información ofrecida por una oficina gubernamental, que solo 500, una fracción pequeña, terminan en una condena.

Las han ignorado

“Justo ayer asesinaron a otras dos mujeres, y una de ellas, de 18 años, estaba encinta”, me dijo Vilma González por teléfono el miércoles. González, madre de una hija de 24 años, se dirigía a la marcha en San Juan para sumarse a cientos de miles de ciudadanos que exigían la renuncia del gobernador. Es la directora ejecutiva de Paz Para la Mujer, una organización que desde hace 30 años ayuda a las víctimas de violencia doméstica, y lleva 17 años trabajando para la organización.

“Él y su gobierno no toman en serio a las mujeres. Creen que somos todas putas. Debe renunciar”, dijo González.

Los mensajes privados del gobernador fueron homofóbicos y groseros: se burló de las personas obesas, humilló por su pobreza a un vecino cuya casita de madera fue destruida por el huracán. Se burló también de los muertos. Y Rosselló mostró su inquietante misoginia. En un intercambio, el principal funcionario fiscal de Rosselló dice que está “salivando para dispararle” a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, y la respuesta de Rosselló es: “Me estarías haciendo un gran favor”. En otro, Rosselló llama a la exvocera del Concejo Municipal de Nueva York, Melissa Mark-Viverito, una puta a la que deberían golpear. Las palabras reflejan el pensamiento de un ser humano y también a la cultura de un gobierno. Los mensajes privados de Rosselló con un grupo de sus empleados machos demuestran cuán profundamente lo personal es político en lo que algunos (yo incluida) llamamos la colonia más antigua de Estados Unidos.

Según la Oficina de la Procuradora de las Mujeres del gobernador de Puerto Rico, el número de mujeres asesinadas por una pareja íntima casi se duplicó: de 14 en 2017 a 26 en 2018. Y las mujeres lo vieron venir.

“Le advertimos al gobierno que iba a haber un aumento en la violencia después del huracán. Después de un evento catastrófico, sabemos cuáles son las tendencias. Pero nuestras advertencias han caído en saco roto”, dijo González.

Paz para la mujer y Seguimiento de Casos, una organización dirigida por un grupo de trabajadores sociales retirados, está monitoreando los asesinatos, porque las activistas no confían en las cifras oficiales. Revisan las crónicas y reúnen los números suministrados por las activistas de toda la isla. Desde el comienzo de 2019, 19 mujeres han sido asesinadas, nueve de ellas por una pareja íntima, incluida una niña de 13 años cuyo novio de 19 le roció gasolina y le prendió fuego.

Colectiva Feminista en Construcción es uno de los principales grupos que han llamado la atención sobre la violencia de género en la isla. Ha organizado plantones y manifestaciones en diferentes partes de Puerto Rico y frente a la Fortaleza, la mansión del gobernador. Durante tres días, en noviembre de 2018, las mujeres sostuvieron carteles con estadísticas sombrías. Golpearon tambores. Cantaron. Hicieron vigilias. Gritaron. Siguen protestando.

“Las mujeres viven una crisis abominable todos los días”, dijo enfurecida Vanessa Contreras, una de las líderes de Colectiva Feminista que ha protestado activamente y exigiendo la acción de Rosselló.

“Rosselló no salió a preguntar por qué estamos tan preocupadas, por qué estamos tan furiosas”, dijo González, quien se unió a las manifestaciones de Colectiva Feminista.

Quienes defienden a las mujeres como González y Colectiva Feminista dicen que las palabras de Rosselló son un recordatorio ofensivo de una realidad oscura que enfrentan demasiadas mujeres.

“El lenguaje que el gobernador expresó en la intimidad con sus amigos es el mismo que escuchamos de los agresores”, dijo González. “Estoy tan furiosa. No podemos permitir que se normalice esta violencia”.

González y Contreras dijeron que ellas y miles más que abogan en nombre de las mujeres continuarían protestando todos los días hasta que Rosselló renunciara. Pero no se detendrán allí. Mantendrán la presión sobre su reemplazo hasta que el gobierno declare un estado de emergencia sobre la epidemia de violencia contra las mujeres. También piden la cancelación de miles de millones de dólares de deuda. Quieren que la Junta de Supervisión y Administración Financiera de Puerto Rico, conocida en la isla como la Junta (el organismo del Congreso que supervisa la deuda y que ha implementado medidas de austeridad, incluido el cierre de escuelas y recortes en los servicios básicos), deje de imponer más recortes dolorosos, algunos de los cuales están dirigidos a programas que ayudan a las mujeres.

Reclamar un estado de emergencia, dicen las defensoras de las mujeres, traerá seriedad al tema de la violencia de género y dirigirá los fondos gubernamentales a los programas de ayuda. Quieren que el problema de la violencia se maneje de manera integral, derribando una cultura de machismo en todas partes, de las escuelas a las agencias gubernamentales y a las fuerzas policiales.

Las puertorriqueñas han soportado una violencia deshumanizadora por mucho tiempo. A mediados del siglo XX, por ejemplo, centenares de mujeres de la isla fueron esterilizadas contra su voluntad y la píldora anticonceptiva se probó con mujeres de un proyecto de viviendas públicas en Puerto Rico. Fueron los primeros seres humanos en las pruebas del narcótico, OxyContin. Según una investigación de Los Angeles Times sobre la crisis de los opioides, en 1989 un grupo de mujeres Boricuas que se recuperaban de cirugía abdominal y ginecológica, recibieron, sin conocimiento, opioides para probar la eficacia del narcótico, los mismos fármacos que han causado una epidemia devastadora en todo EE.UU.

“¡Basta ya!”, dijo González mientras terminábamos nuestra conversación. “Ya no seremos asesinadas, maltratadas, abusadas sexualmente, sometidas a experimentos, golpeadas y violadas”.