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Enfermedades

La singular decisión de Olivia Newton-John

Por Peggy Drexler

Nota del editor: Peggy Drexler es psicóloga investigadora y autora de “Our Fathers, Ourselves: Daughters, Fathers, and the Changing American Family” y “Raising Boys Without Men”. Actualmente trabaja en otro libro sobre cómo las mujeres están condicionadas a competir entre ellas y qué hacer al respecto. Las opiniones expresadas en esta columna son propias de la autora.

(CNN) — Esta semana, Olivia Newton-John reveló la desgarradora noticia de que su cáncer ha regresado por tercera vez. Newton-John tiene cáncer de seno en etapa 4. También reveló en una entrevista con “60 Minutes Australia” que no quiere escuchar de sus médicos cuánto tiempo creen que le queda de vida.

Muchos podrían cuestionar su decisión. Otros, por el contrario, podrían simpatizar. Además de enfrentar la muerte de un niño, aceptar el tiempo en el que la muerte inminente llegará es posiblemente una de las experiencias humanas más incomprensibles. No hay forma correcta o incorrecta de hacerlo. Y, sin embargo, como cualquier opción, desde la perspectiva de un psicólogo, existen costos y beneficios de mantenerse a sí mismo y a los seres queridos en la incertidumbre del pronóstico.

La lógica de Newton-John, como ella explicó en “60 Minutes” Australia, es: “Si alguien te dice que tienes seis meses de vida, muy posiblemente eso es lo que tendrás porque lo vas a creer. Entonces, para mí, psicológicamente, es mejor no tener idea alguna de lo que esperan o de cuánto tiempo vivió la última persona que tuvo lo que has vivido, así que no, no concuerdo”.

Ella no está sola en su decisión de no querer saber. Un estudio del 2016 publicado en el Journal of Clinical Oncology encontró que solo el 5% de los pacientes con menos de seis meses de vida tenían un “conocimiento exacto” de cuánto tiempo les quedaba, y el 38% no tenía memoria de que su médico les diera una estimación de su expectativa de vida. Esta falta de claridad en una población tan grande de pacientes ocurre por una variedad de razones. A menudo, el simple trauma de un diagnóstico terminal hace que los pacientes olviden. Algunos médicos no les dicen a sus pacientes porque creen que será demasiado traumático. Y algunos médicos participan en lo que los investigadores llaman “colusión necesaria”, o en otras palabras, un acuerdo implícito de no hablar de muerte con pacientes que no quieren saber.

Al mismo tiempo, si bien es cierto que los humanos son criaturas increíblemente resistentes que sobreviven a todo tipo de contratiempos físicos, muchos investigadores y médicos expresan su preocupación, pues el optimismo excesivo, como lo llaman, o un ferviente deseo de protegerse de la inminencia de la muerte puede dar lugar a traumas indebidos para los pacientes y sus familias en los últimos meses y semanas de sus vidas. Pueden optar por tratamientos extenuantes y dolorosos cuando no hay una esperanza real de recuperarse, o pasar un mes traumatizante en la unidad de cuidados intensivos cuando ya han pasado la edad en la que sus cuerpos son capaces de recuperarse, y estarían más felices en un hospicio o en casa junto a sus familias.

Vale la pena tener en cuenta todo esto para aquellos que podrían inspirarse en la valiente perspectiva de Newton-John. Ella no es un ejemplo típico. A sus 70 años, Newton-John ha vivido una vida más plena y exitosa de lo que muchos de nosotros podríamos soñar, y lo sobrelleva gracias a un esposo y una hija que la quieren demasiado. En muchos sentidos, su aceptación de lo desconocido es una señal de que está satisfecha y agradecida con lo que sabe de sí misma y de su vida tal como la ha vivido. Como ella misma dijo: “Soy tan afortunada de haber pasado por esto tres veces y todavía estoy aquí. Estoy viviendo con eso. Cada día es un regalo ahora, particularmente ahora”.