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Política

Bien por Hong Kong; bien por Puerto Rico. ¿Qué pasa en Venezuela?

Por Roberto Izurieta

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España y ha sido asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta es analista de temas políticos en CNN en Español. Las opiniones en esta columna son del autor. 

(CNN Español) — Es esperanzador lo que acaba de suceder en Hong Kong. Luego de 13 semanas de protestas, más de 1.100 arrestados, el gobierno de turno ha revertido la decisión de aplicar un polémico proyecto de ley de extradición a China. Hong Kong no pudo retirar el proyecto sin haber contado de antemano con el beneplácito de Beijing, y esta es una de las primeras señales que vemos venir de China y de su disposición a respetar la disidencia a cambio de evitar un conflicto (y afectar un territorio que es fuente de riqueza y empuje).

Hace algunas semanas pasó algo parecido en Puerto Rico. Fueron varios días de protestas pacíficas. Los mensajes del gobernador en un chat con algunos de los miembros de su equipo fueron divulgados y provocaron el descontento en una isla que ha pasado no solo por el huracán María sino por más de una década de crisis económica, resultado de un manejo irresponsable de las finanzas públicas y de denuncias de corrupción. Nos recuerda mucho a los años de los Kirchner en Argentina.

Estos mensajes reflejaban, graficaban y confirmaban una serie de actitudes de su gobernador, Ricardo Rosselló, que eran absolutamente inaceptables. Siempre divido lo que es personal y lo que es público; pero discriminar, insultar y hasta amenazar son hechos públicos y –claramente– Rosselló no podía seguir representando a sus ciudadanos; sobre todo en años de crisis en que los ciudadanos piden prudencia, austeridad, de formas y de fondo, así como solidaridad y acompañamiento de sus líderes. Al igual que Pedro Pablo Kuczynski en Perú, él debió haber renunciado antes, evitando más traumas y que los asuntos del Estado continuaran su curso.

Venezuela es otra historia que nadie entiende. Luego de muchísimas más manifestaciones protestas (años), millones de ciudadanos en las calles protestando con alarmante frecuencia, miles de muertos, torturados, desaparecidos, arrestados, heridos y sin duda, con una población que no carece de trabajo, seguridad, cuidado de salud y futuro… Maduro y sus secuaces siguen en el poder.

Son tiempos de huracanes y quizás esto sea como una de esas pocas casas que se quedan en pie. Nadie sabe si la casa es habitable hasta que es inspeccionada por profesionales independientes. En general, quedan debilitados sus pilares y estructura, por lo que no deben ser habilitadas. Así probablemente está el Gobierno de Maduro; pero como está fuera de la ley y de las normas civilizadas, seguirán habitando la casa de Miraflores hasta que se caiga en mil pedazos o sean desalojados por la seguridad de todos.

Nuestro rol como ciudadanos es alentar y celebrar victorias de la democracia como lo sucedido en Hong Kong y Puerto Rico. Además, seguir denunciando los abusos y los actos criminales de aquellos que los cometan. Venezuela siempre estará en nuestro corazón, en nuestros pensamientos y en nuestra denuncias, se lo debemos como nación amiga y para dar fuerza y ánimo a sus ciudadanos, a los que salieron y los que se quedaron. Para todos aquellos que luchan todos los días, para que más temprano que tarde, Venezuela vea triunfar, como sucedió en Hong Kong y Puerto Rico, la fuerza de la libertad.