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Cono sur

La reconfiguración de la política latinoamericana

Por Daniel Zovatto

Nota del editor: Daniel Zovatto es director regional para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional, Non Resident Senior Fellow de la Brookings Institution y miembro del Consejo Asesor del programa para América Latina del Woodrow Wilson International Center for Scholars (ambos de Estados Unidos). Asimismo, es miembro del Consejo Editorial de la Revista Foreign Affairs en Español, analista y conferencista internacional. Es autor de 40 libros (como autor, coautor, editor, coordinador o compilador) y de más de 100 artículos sobre elecciones, derechos humanos, democracia y gobernabilidad en América Latina. En 2014 EsGlobal de España lo incluyó en su lista de los 50 intelectuales Iberoamericanos más influyentes. Es colaborador frecuente de diversos periódicos latinoamericanos al igual que de CNN en Español. Síguelo en Twitter en @zovatto55

(CNN Español) — El ciclo electoral latinoamericano entra este mes de octubre en su etapa final, con una maratón electoral de tres elecciones presidenciales. Comienza Bolivia el 20, seguida por Argentina y Uruguay el 27. A finales de este año, 14 de los 21 países de la región habrán elegido a sus mandatarios en un período de tan sólo 36 meses (2017-2019).

Estos comicios tienen lugar en un contexto regional que se caracteriza, en lo político, por un alto nivel de incertidumbre, volatilidad, polarización y tendencias populistas; en lo económico, por un crecimiento mediocre (0.6% promedio regional según el FMI); en lo social crecientemente crispado (con reducción de pobreza y desigualdad estancadas); y complejo en materia de gobernabilidad. La actual crisis institucional que vive Perú es un último ejemplo de ello. A todo ello debemos sumarle los elevados niveles de corrupción, inseguridad ciudadana e impunidad, consecuencia entre otros factores de la generalizada debilidad del estado de derecho. Como vemos, la región no da tiempo para el aburrimiento.

Agenda electoral de 2019

La agenda electoral 2019 es intensa. La componen seis elecciones presidenciales: tres lecciones en Centroamérica que ya tuvieron lugar durante el primer semestre —El Salvador, Panamá y Guatemala— y otras tres en América del Sur durante el mes de octubre.

El 20 de octubre, el presidente Evo Morales (Movimiento al Socialismo) buscará su cuarto mandato consecutivo. La derrota que sufrió en el referéndum del 21 de febrero de 2016 le había cerrado la posibilidad de buscar una nueva postulación. Sin embargo, el mandatario forzó la interpretación de la Constitución, y con la ayuda del Tribunal Constitucional y del Tribunal Electoral (ambos bajo su influencia) logró que lo habilitaran para buscar un nuevo mandato. Las últimas encuestas lo colocan al frente de la intención de voto, pero sin ganar, de momento, en primera vuelta. El sondeo publicado por el periódico Página Siete, otorga una ventaja de siete puntos a Morales sobre el expresidente Carlos Mesa, principal candidato opositor, líder del movimiento Comunidad Ciudadana (33% a 26% respectivamente), y coloca en tercer lugar a Oscar Ortíz (Bolivia Dice No) con el 9%. Hay que tener presente que, en el caso boliviano, habrá necesidad de ir a un balotaje si el ganador de la primera vuelta no logra el 50 por ciento más uno de los votos, o bien si no logra el 40 por ciento de los votos con una diferencia de 10 puntos porcentuales sobre el segundo.

Como podemos observar, la elección está abierta. Tras 13 años de gobierno de Morales, la oposición tiene posibilidades de llegar al poder (pese a no haber tenido la capacidad de unirse), siempre y cuando logre conquistar el voto de los indecisos, quienes por su alto número (15%) son los que determinarán el resultado final.

En Argentina, las elecciones del 27 de octubre tendrán lugar en un contexto de profunda crisis económica y social, combinada con una alta volatilidad e incertidumbre política. Los sorpresivos y contundentes resultados de las PASO (Primarias abiertas simultaneas y obligatorias), celebradas el pasado 11 de agosto, provocaron un verdadero terremoto político. La amplia victoria del binomio opositor de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner (Frente de Todos) sobre la fórmula de Mauricio Macri y Miguel Angel Picheto (Juntos por el Cambio), por 16 puntos (47,7% a 31,7% de votos válidos), debilitaron políticamente al presidente y dejaron a Fernández como el claro favorito para ganar las elecciones del próximo 27 de octubre.

Todas las encuestas proyectan una amplia diferencia (entre 15 y 20%) a favor de Fernández y evidencian que a Macri le resultará muy difícil revertir esta tendencia y evitar un triunfo opositor en primera vuelta. Pero aún no se ha dicho la última palabra. Habrá que esperar hasta el domingo 27 de octubre para saber si el voto bronca (consecuencia del mediocre gobierno de Macri) prevalecerá sobre el voto del miedo (frente a un eventual regreso del kirchnerismo), o si será a la inversa. Tampoco está definido si habrá necesidad o no de ir a un balotaje, previsto para el 24 de noviembre. En Argentina la segunda vuelta tendrá lugar si el ganador de la primera vuelta no obtiene más del 45 por ciento de la votación (los votos en blanco no se cuentan) o bien si obtiene el 40 por ciento de los votos y una diferencia porcentual inferior al 10 por ciento con respecto al segundo.

Con estas reglas de juego, el objetivo del oficialismo es tratar de evitar un triunfo de Fernández en la primera vuelta para luego, en el balotaje, intentar derrotarlo con una amplia coalición antikirchnerista. En este mar de incertidumbre, la única certeza es que la economía y la gobernabilidad serán los principales desafíos del nuevo presidente, ya que quien resulte electo deberá hacer frente a una muy compleja y grave situación económica, social y política.

El mismo 27 de octubre, los uruguayos celebrarán las elecciones generales más inciertas y competitivas desde 1989. El Frente Amplio acusa un importante nivel de desgaste tras tres períodos consecutivos de gobierno (15 años), una economía en problemas y no contar con ninguna de sus tres figuras principales para disputar la presidencia: el expresidente Pepe Mujica, el exministro Danilo Astori y el actual mandatario Tabaré Vásquez. Las internas celebradas el pasado 30 de junio definieron los candidatos de los tres principales partidos: Daniel Martínez (Frente Amplio), Luis Alberto Lacalle Pou (Partido Blanco) y Ernesto Talvi (Partido Colorado). De momento, Martínez lidera todas las encuestas para la primera vuelta con una intención de voto de entre el 33 y el 40%, seguido por Lacalle Pou con 26%, Talvi 13% y el general Guido Manini Rios (candidato del partido de derecha conservadora Cabildo Abierto con 10%).

Las mismas encuestas anticipan que habrá necesidad de ir a un balotaje el próximo 24 de noviembre, y que, en esta segunda vuelta, Lacalle Pou tendría buenas posibilidades de vencer a Martínez. En Uruguay hay necesidad de ir a un balotaje si el candidato ganador no logra alcanzar el 50 por ciento más uno de la votación en primera vuelta. La única certeza a esta altura es que el nuevo Congreso será más plural ya que ingresarán un mayor número de partidos políticos y, por lo tanto, que muy probablemente ninguna organización obtenga mayoría en ambas cámaras del Congreso.

Balance: Los resultados de los tres procesos presidenciales sudamericanos aún pendientes serán determinantes para terminar de definir las tendencias de la reconfiguración política de nuestra región.

Me pregunto: ¿una derrota de Macri, de tener lugar, estaría anticipando el retorno de gobiernos de izquierda o centroizquierda y el fin del ciclo político de derecha y centroderecha y de políticas promercado que el mismo Macri inauguró con su triunfo en 2015 en varios países de Sudamérica? No necesariamente desde mi punto de vista.

Lo que sí estamos viendo, sobre todo en América del Sur, es un mayor nivel de volatilidad y voto castigo a los oficialismos y, por consiguiente, la sustitución de los ciclos largos de gobierno de las décadas pasadas, por ciclos más cortos debido al fuerte y rápido desgaste que afecta actualmente a los mandatarios al tener estos que gobernar en contextos crecientemente complejos y difíciles.

Pero este cuadro adverso no afecta únicamente a los gobiernos de centroderecha o derecha; afecta también a los gobiernos de izquierda o centroizquierda que gobiernan actualmente en Uruguay, Ecuador, Bolivia y, especialmente, en Venezuela.

Resumiendo: 2019 constituye un año en el que los nuevos mandatarios deberán concentrar su energía en recuperar la confianza ciudadana, aprender a gobernar en un contexto de alta incertidumbre y volatilidad, y producir resultados rápidamente para dar respuesta a las altas expectativas y demandas ciudadanas. Caso contrario, como ya observamos en varios países de la región, la frustración ciudadana podría gatillar una acelerada pérdida de apoyo popular y un aumento del divorcio entre políticos y ciudadanía en un contexto regional caracterizado por un crecimiento económico mediocre, creciente malestar social, desafección con la política, fatiga democrática, alta polarización y tendencias populistas.