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Fuera de cámara

Fuera de Cámara

Recuperar la magia perdida con cinco grandes películas

Por Miguel Ángel Antoñanzas

Nota: Este artículo anticipa algunos desenlaces de las películas mencionadas.

(CNN Español) — Sentado en la butaca del cine miro la escena más épica de «1917». Uno de los soldados protagonistas salta al campo de batalla, mientras enormes explosiones van derribando uno a uno los cuerpos de algunos de sus camaradas. Siento que recupero la magia del arte del cine. No es que la hubiera perdido, la había olvidado. Uno tiende a olvidar hasta lo que disfruta, en este caso por comodidad, quizás porque pasan los años y no quedan muchas razones para arrastrar el cuerpo al cine.

Universal Pictures

El lado oscuro del sofá

Quizás prefiero cobijarme en la comodidad de un sofá y en el poder que da un mando a distancia y una buena conexión de internet. En estos últimos años, las pantallas de televisión han crecido y mucho: 45, 50, 60 pulgadas. Con una pantalla así y un buen sistema de audio es fácil reproducir la magia del cine en el salón de casa.

Si a eso añadimos el menú de las crecientes plataformas de «streaming» o en directo, la oferta puede ser superior a la que ofrecen los cines de hoy plagados de superhéroes digitales, uno puede encerrarse y disfrutarlas en su televisor.

Netflix

Si la película es larga como «The Irishman» o «El irlandés», de Martin Scorsese en Netflix, incluso se puede dividir la sesión de tres horas en tres capítulos para ver cómodamente y sin correr el riesgo de quedarse dormido en mitad de la película.

Sí, admito que Scorsese no la concibió así y que su intención fue que la visionaramos de un solo tiro, pero a diferencia de las salas, en casa se puede parar la película sin quemar el proyector y luego retomar el visionado.

Sin embargo, películas como «1917», «Joker» o «Once Upon a Time in Hollywood» son las que nos devuelven a los orígenes de compartir la experiencia audiovisual en un espacio más abierto y con público. Y es que el cine se creó así, como un espectáculo casi circense donde la gente se asustaba con la aproximación de un tren de vapor o se reía con una manguera juguetona.

Parte del objetivo de espectáculo está en «1917», que además de ser una película es también una experiencia audiovisual. Al usar el plano secuencia sin fin, uno experimenta una sensación de estar al lado de los actores, ser el tercer hombre en una arriesgada misión de dos mensajeros que intentan alertar a sus camaradas de guerra de una emboscada que podría acabar con 1.600 vidas.

Más allá de la butaca

Esto se repite en el final de «Joker,» cuando el Guasón se encarama a un automóvil y se alza como el nuevo líder de una revolución social de payasos contra el poder, sea el poder del famoso y rico Bruce Wayne o del gobierno municipal que les recorta los beneficios sociales. Es entonces cuando a uno le dan ganas de dejar la butaca y entrar en la pantalla.

Es esa pantalla que parpadea a golpes de luz del proyector, la que nos enreda en una experiencia colectiva.

Es en esa pantalla la que este año me ha iluminado con algunas de los films elegidos por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para competir por el Oscar más preciado, el de la mejor película.

«Parásitos», un cuento muy poco familiar

Neon

De las nueve seleccionadas en enero por la Academia de Hollywood para competir por el Oscar a la mejor película de 2019 destacan sin duda las cuatro mencionadas anteriormente además de la excelente «Parásitos» del director surcoreano Bong Joon Ho.

La película rompe con el tradicional esquema argumental de Hollywood donde el espectador puede adelantarse a los acontecimientos y adivinar el final. En esta historia de dos familias unidas por la inutilidad y un servicio doméstico muy interesado, el director nos sorprende continuamente con giros inesperados que suben de intensidad en una comedia sin payasos o un drama sin villanos, como la describe Bong.

En esa línea delgada, el director juega con unos actores en pleno estado de gracia, capaces de convertirse en parásitos y parasitados, en gente humilde o inescrupulosa y en gente rica y estúpida.

«Once Upon a Time In Hollywood», a la novena no va la vencida

Sony Pictures

En el caso de la novena película del directo Quentin Tarantino, decepción por un final que repite una fórmula ya usada en la excelente «Inglourious Basterds». Tarantino construye un convincente andamio narrativo para dejarlo caer al final. Lo hace al abrir la línea argumental especulativa de «y si». Ese «y si» alternativo conlleva un final de orgía, de violencia, a menudo gratuita, que no solo no concluye la trama argumental de la película, sino que se la roba.

No obstante, hay momentos memorables como los estallidos de rabia en el camerino del personaje de Leonardo Di Caprio que revelan sus inseguridades y debilidades, o la divertida pelea entre el personaje de Brad Pitt con el de Bruce Lee.

Está claro que Tarantino proyecta en la pantalla mucho del argumentario e imaginería del cine que vio de joven cuando trabajaba en un videoclub. De allí esa mezcla de géneros de muchas películas en una.

«Joker», el verso suelto de DC Comics

Warnes Bros. Pictures

Termino con la cruel, pero excelente broma que nos gasta el «Joker» de Todd Phillips, un excelente ejemplo de cómo se pueden revisitar géneros y darles un giro.

Intrigante, dura, cruel, inteligente, espectacular, son algunos de los calificativos que pueden darse a esta película que solo un actor como Joaquin Phoenix podía interpretar.

En este caso, es uno de los viajes a los infiernos de un villano de cómic contado de una manera detallada, desprecio a desprecio, insulto a insulto, golpe a golpe, que finalmente hace que Arthur Fleck estalle. Son muchos los forjadores de su odio, desde una madre egocéntrica que no lo protegió cuando debía, su estrella favorita de la televisión que se burla de él hasta un sistema de salud precario que lo abandona.

Entre todos logran hacer de un cómico fracasado un payaso asesino.

En suma, son cinco películas que me han hecho regresar a las salas donde se proyectan, que merecen la pena verlas desde la butaca del cine, pero si no puede ser, pues entonces pruebe desde su sofá. La magia quizás será más pequeña, menos espectacular, pero todavía estará allí.