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Coronavirus

Coronavirus

Historias en tiempos del coronavirus

Por Thomas Lake

Nota del editor: En una serie de ensayos llamados The Distance (La Distancia), Thomas Lake cuenta las historias de estadounidenses durante la pandemia. Esta historia se basa en extensas entrevistas telefónicas con la familia O’Donnell.

(CNN) — Comenzamos en Nueva York, unos meses después de la catástrofe. No es el virus actual, sino el ataque terrorista de 2001. Un hombre entra a un bar cerca de la Zona Cero y ve a una mujer en la mesa de billar, alineando un tiro.

Al hoyo va la bola 8. Ella domina la mesa mientras los hombres de Wall Street quieren jugar. Ellos ponen sus monedas en la mesa, esperando su turno, y ella los vence, uno por uno.

Patty es una clásica neoyorquina. De coraza dura y corazón blando. Una mujer que rescata pájaros heridos. Es camarera en Houlihan’s en el distrito financiero, parte de un pequeño equipo que entró para limpiar y volver a abrir el restaurante después de la caída de las torres. Alguien encontró parte de un pulgar en la azotea. El aire estaba lleno de polvo tóxico.

Phil trabaja 12 horas al día, los siete días de la semana, arreglando las líneas para Verizon. Está sucio y exhausto, pero sabe cómo llegar al bar de la esquina.

Él mira a Patty, pone sus monedas y espera su turno.

ESCENA DOS

Hospital Mount Sinai, San Valentín 2017.

Patty y Phil han estado casados 13 años, pero ahora están separados. Ella duerme con una de sus sudaderas en la silla plegable de la habitación de hospital de su hijo.

Aengus tiene 10. En las últimas semanas, Patty lo ha visto ponerse cada vez más enfermo. Comenzó con una infección sinusal que condujo a antibióticos, que aparentemente causaron un efecto secundario raro y severo. Aengus se puso amarillo.

Ahora necesita cirugía para salvar su vida. Patty, la reina de la mesa de billar, está agotada por repetidos traumas. Estrelló su motocicleta. Fue atropellada por una patrulla mientras cruzaba la calle. Y ahora esto. Ella lo mantiene fuerte, espera a que él se duerma. Luego va al baño y llora.

En otra parte del hospital, un cirujano abre a Phil desde el ombligo hasta el pecho. Le corta el hígado a Phil en dos, eliminando el 60%. El hígado es unTorres Ge11 de se órgano extraño y maravilloso. Se regenerará. Phil se recuperará. Los trabajadores del hospital llevan parte del hígado a su nuevo receptor: un niño de 10 años que necesita un trasplante. Su hijo.

De ahora en adelante, en el hogar O’Donnell el 14 de febrero se conoce como Día de la Cirugía. El día que Phil salvó la vida de Aengus.

ESCENA TRES

Hell’s Kitchen, Manhattan, Día de San Patricio 2020.

Sin desfile, sin pelo verde, sin pan de soda irlandés. La vida se cancela, pero la vida sigue, excepto que ahora arriesgas todo para caminar al supermercado.

Aengus irá. Gristedes está al otro lado de la calle. Un mandado de 15 minutos. Aengus lleva la tarjeta de crédito de Patty.

Patty no ha salido de su apartamento en el sótano en cinco días. El jueves pasado se le hizo una prueba de coronavirus y aún no sabe el resultado. Miles de estadounidenses están en la misma situación, o peor, sin ninguna prueba. Ha estado tosiendo, con un dolor de cabeza inusual y algunas dificultades para respirar. Todo lo que puede hacer es pensar y esperar.

¿Cómo impactaría el covid-19 a los O’Donnells? Su hija de 15 años probablemente estaría bien, pero el resto podría estar en problemas. Patty tuvo asma cuando era niña y respiró el polvo después del 11 de septiembre. Phil también lo hizo, y hace aproximadamente un año desarrolló una tos persistente. También está Aengus, ahora de 13 años, que toma medicamentos inmunosupresores para evitar que su cuerpo rechace el transplante parcial de hígado de Phil.

Quince minutos. No es gran cosa, excepto que ella siempre tiene miedo cuando él se aleja. Patty sufre de depresión, ansiedad, pesadillas, y tiene  lesiones crónicas por los accidentes. Constantemente está tratando de rescatar algo o a alguien, por eso tienen tantas mascotas. Un perro, un gato, un hámster y dos conejos, entre otros animales. Encontró un pájaro carpintero herido por una puerta giratoria y lo llevó al Wild Bird Fund para que recibiera tratamiento. Patty, salvadora de los heridos y quebrantados, todavía está descubriendo cómo salvarse.

Las cosas están tensas entre ella y Phil, que está trabajando ahora, conectando cables para Verizon. Él piensa que todo este asunto del virus es exagerado. La verdad es que le gustan las calles tranquilas. Nadie toca la bocina. Él dice que es como un sábado temprano por la mañana pero a media tarde.

Aengus sale a la calle y respira el aire fresco. Las palabras de su madre lo siguen. No te toques la cara. Le gustan las novelas gráficas japonesas y jugar con su Xbox. No le importa que el baile de octavo grado haya sido cancelado porque sonaba aburrido.

En Gristedes, los estantes están más vacíos de lo habitual. Ya no hay carne. Pero todavía tienen hielo, soda de lima limón y Nesquik de fresa. Trae sus compras al cajero y firma el nombre de su madre.

Dentro del departamento, Patty espera. Las noticias en televisión parecen empeorar cada vez más. Llegó tarde al trabajo la mañana del 11 de septiembre, y tal vez eso le salvó la vida. Ella recuerda un sándwich: queso, lechuga, tomate, el pedido habitual de una cliente en Houlihan’s, una mujer vegetariana que nunca regresó. Patty todavía puede ver las caras de los clientes habituales que simplemente desaparecieron. Ahora escucha la puerta exterior, la palanca que le dice que alguien viene a casa.

«Llámenme», solía decirles a Aengus y a su hermana todas las mañanas, cuando la escuela todavía era una cosa. A veces el interior es más aterrador que el exterior. Es propensa a los ataques de pánico, como muchos de nosotros en estos días.

Todavía estamos temprano en esta crisis, sin saber qué y a quién perderemos. ¿A qué persona ya has visto por última vez? Llama a alguien ahora y dile que lo amas. Patty O’Donnell espera y espera. Aquí está AAtaqueengus, con el mercado, abriendo la puerta.