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Religión

OPINIÓN | Sacerdote: Sr. presidente, no necesitamos abrir iglesias para practicar nuestra fe

Por Edward L. Beck

Nota del editor: El padre Edward L. Beck, CP, es un sacerdote católico y comentarista de religión de CNN. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Ver más opiniones en CNNe.com/opinion.

(CNN) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el viernes que considera que las casas de culto y sus servicios religiosos son esenciales. No discutiré ese punto. Aunque obviamente no es esencial para todos, algunos lo consideran así. Es justo.

Luego continuó: «Los gobernadores deben hacer lo correcto y permitir que estos lugares de fe esenciales muy importantes se abran ahora mismo, este fin de semana. Si no lo hacen, invalidaré a los gobernadores».

Pero, ¿quién dice que las organizaciones religiosas no han prestado servicios «esenciales» sin esta «bendición» presidencial? Soy un sacerdote católico en la comunidad Pasionista que sirve, en este momento, en Nueva York. Durante esta pandemia, enterré a los muertos en los cementerios, con pocos miembros de la familia presentes. He rezado con personas a través de FaceTime y Zoom. Incluso escuché una confesión en el estacionamiento de un supermercado.

Los sacerdotes con quienes vivo han bendecido a los enfermos y moribundos en hospitales y hogares de ancianos. También hemos celebrado misas virtuales y servicios de oración para innumerables fieles.

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Las iglesias en mi área han estado abiertas para la oración individual, los servicios de bendición y las estaciones de la cruz, y se fomenta el distanciamiento social. Los sacerdotes incluso han desfilado en procesiones en vecindarios con el Santísimo Sacramento para llevar elementos del servicio de la iglesia a los fieles. Del mismo modo, rabinos e imanes a quienes conozco han estado haciendo lo mismo con sus respectivas congregaciones religiosas. Eso es todo «servicio religioso».

Lo que la mayoría no hemos hecho es ponernos en peligro a nosotros mismos y a nuestros feligreses al reunirnos en grandes grupos para la misa u otros servicios religiosos «como de costumbre». Eso habría sido, y seguiría siendo en este momento de contagio, irresponsable y pecaminoso. También violaría el derecho a la vida de muchos. Sí, la acción responsable con respecto a las organizaciones religiosas durante esta pandemia es un tema del derecho a la vida. Este es un derecho que también debe aplicarse a quienes viven después del nacimiento.

En su rueda de prensa el viernes en la Casa Blanca, la secretaria de Prensa, Kayleigh McEnany, sugirió que decirles a las iglesias que no vuelvan a abrir es una violación de nuestros derechos de la Primera Enmienda.

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No veo la lógica allí. Nadie prohíbe el libre ejercicio de la religión. Aunque estamos en las fauces de una pandemia, en la que un coronavirus muy peligroso puede transmitirse, entre otras cosas, por la proximidad física, las personas pueden y continúan con la adoración, aunque en circunstancias temporalmente alteradas y de formas novedosas. Utilizar el argumento de «libertad de religión» para exigir carta blanca a la apertura de lugares religiosos es ofrecer un argumento falaz que potencialmente puede conducir a daños físicos y, en el peor de los casos, a la muerte.

Todos queremos poder abrir iglesias y lugares de culto por completo para que aquellos que desean reunirse nuevamente en comunión física puedan hacerlo. Sin embargo, esto debe hacerse de forma progresiva y con sumo cuidado. Los médicos y expertos en salud deberían ser nuestras guías principales aquí, y los líderes religiosos deberían seguir su guía con estricta y humilde adhesión.

El presidente Trump quiere que los gobernadores «permitan que se abran iglesias y lugares de culto ahora mismo». Eso sería insensato y peligroso. La mayoría de las iglesias y lugares de culto aún no está lista para implementar por completo las pautas más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., que solo aplican como recomendaciones. Algunas congregaciones, particularmente en áreas con altas tasas de infección, no están dispuestas a arriesgarse a reabrir incluso con las nuevas pautas.

Eventualmente todos estaremos listos.

Pero tomemos el tiempo que necesitemos para hacerlo bien. Cuando nosotros, los cristianos, extendamos nuevamente las manos para la comunión, confiemos en que el cuerpo de Cristo nutrirá nuestros cuerpos y no los infectará. Nuestros cuerpos, y nuestras vidas, pueden depender de ello.