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Inmigración

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OPINIÓN | El costo oculto en la salud del congelamiento de visas de Trump

Por Ushma S. Neill

Nota del editor: Ushma S. Neill es vicepresidenta de Educación y Capacitación Científica en el Centro de Cáncer Memorial Sloan Kettering en la ciudad de Nueva York, y editora general del Journal of Clinical Investigation. Síguela @ushmaneill. Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las del autor. Ver más opinión en CNN.

(CNN) — El presidente Donald Trump firmó el lunes una proclamación que congela nuevas visas para muchos trabajadores extranjeros hasta fin de año. Esto no solo resultará en una amenaza inmediata para la respuesta de Estados Unidos al covid-19, sino que podría impactar en forma masiva en la salud general de la nación.

Ya se ha escrito mucho sobre la importancia vital de los médicos y enfermeras no estadounidenses, pero un grupo de riesgo igualmente crítico pero menos discutido es el de los científicos, que a menudo forman la base de la innovación y la destreza científica de Estados Unidos.

Bajo los auspicios de proteger los empleos estadounidenses del impacto de covid-19, Trump ya había firmado un decreto que redujo un poco la inmigración en abril y cerró las embajadas estadounidenses.

En mayo se emitió una proclamación dirigida específicamente a ciudadanos chinos y negándoles las visas F y J utilizadas para asistir a programas de grado y posgrado en Estados Unidos. La nueva acción de Trump suspende la emisión de nuevas visas H-1B para trabajadores profesionales; H-2B para trabajadores temporarios no agrícolas, J-1 para intercambios culturales y L-1 para transferencias dentro de la empresa.

Inesperadamente no congela, al menos por el momento, el programa de Capacitación Práctica Opcional (OPT por sus siglas en inglés) que permite a los graduados universitarios permanecer en EE.UU. hasta 3 años después de la graduación, o las visas F utilizadas en gran medida para estudios de posgrado.

Sin embargo, las restricciones de esta última proclamación seguirán teniendo un efecto perjudicial en las instituciones biomédicas académicas, donde un número significativo de investigadores trabajan en laboratorios universitarios de EE.UU. con las visas seleccionadas: J, H y L (los datos gubernamentales más recientes muestran que en 2018, casi 135.000 estudiantes de doctorado científico, alrededor del 31% del total, y más de 20.000 investigadores posdoctorales, el 53% de todos los investigadores científicos de posgrado, estaban en Estados Unidos con visas temporales).

Los médicos y científicos se encuentran entre las profesiones más veneradas en el mundo. Si quisiera crear una imagen de un médico o científico, ¿qué imagina más allá del uniforme o de la bata blanca? Cada vez más en EE.UU., esa persona con el protector en el bolsillo originalmente proviene de Asia o Europa, y a menudo de África o América del Sur.

Donde trabajo actualmente, el Centro de Cáncer Memorial Sloan Kettering (MSK por sus siglas en inglés) en la ciudad de Nueva York, aproximadamente el 70% de los cerca de 600 aprendices posdoctorales en un momento dado están respaldados por visas, con porcentajes significativos de posdoctorados provenientes de China e India, y balanceados en gran parte por otros países asiáticos y europeos. Sé los números exactos de mi propia institución, pero no sería hiperbólico predecir que si este congelamiento de visas para inmigrantes se prolonga o expande más allá de fin de año, la mayoría de los centros académicos biomédicos podrían perder entre el 30 y el 80% de sus mano de obra científica y el 25% de sus alumnos clínicos.

El impacto sería menor en el término inmediato dado que la proclamación de Trump permite a los titulares de visas existentes permanecer en Estados Unidos, pero aún así, en MSK, a alrededor de 100 nuevos aprendices científicos y médicos este año no se les permitirá comenzar su investigación. El impacto a largo plazo es aún más aterrador, ya que muchos investigadores talentosos ni siquiera se molestan en tratar de navegar la burocracia y la ansiedad de la inmigración estadounidense. Es posible que ya hayamos perdido un lugar de primacía en el mundo científico y aún menos vengan en el futuro, eligiendo practicar en sus países de origen o donde las políticas de inmigración son menos hostiles.

Sin científicos inmigrantes, las instituciones estadounidenses serían menos productivas: habría menos avances en el tratamiento del cáncer y serían más lentos, en el desarrollo de vacunas, en la biología básica. En esencia, los laboratorios estadounidenses necesitan la innovación y las ideas que aportan estos inmigrantes calificados.

La estatura científica de este país se ha construido sobre la base de los descubrimientos de inmigrantes. El potente medicamento antiinflamatorio Remicade (ventas en EE.UU. de 2018: US$ 5.300 millones) fue desarrollado por el Dr. Jan Vilček, originario de Bratislava.

El líder científico Joan Massagué de mi propia institución de investigación del cáncer, fue un inmigrante español y uno de los primeros en comprender la señalización detrás de los procesos, como el desarrollo embrionario, el inicio del tumor y la metástasis del cáncer.

El jefe entrante del programa de investigación de Genentech, el biólogo computacional Aviv Regev, es originario de Israel.

El trabajo del neurocientífico Dr. Huda Zoghbi (Líbano) ha llevado a tratamientos para el Síndrome de Rett y la ataxia espinocerebelosa que antes no se podían tratar.

Feng Zhang, nacido en China y ahora profesor en el MIT, fue fundamental para el desarrollo de tecnologías CRISPR. El Dr. Ankit Bharat, un inmigrante de la India, fue el cirujano que realizó el trasplante de doble pulmón de un paciente de covid-19 de 20 años. Abundan los ejemplos de científicos inmigrantes y el impacto que han tenido en las ciencias biomédicas, naturales y físicas, y es notable que de todos los ganadores del Premio Nobel con base en Estados Unidos, más del 40% hayan sido inmigrantes.

Los proyectos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) no han sido suficientes para despertar el interés de los estudiantes estadounidenses. Si bien nuestro sistema educativo y colegios y universidades necesitan mejorar en la construcción del tipo de talento que necesitamos, hemos llegado a confiar en el ingenio de los inmigrantes. Sin su trabajo, corremos el riesgo del declive intelectual y económico de nuestros laboratorios científicos académicos. La proclamación de Trump dice que está tratando de mitigar el desempleo estadounidense, pero las restricciones a los científicos calificados no van a moderar el impacto de covid-19 en el desempleo generalizado, solo causarán estragos económicos en el sector técnico y de investigación.

Mientras que la plataforma “America First” de la administración actual resonó en una amplia franja del país hace cuatro años, en los años intermedios, Trump ha empujado a “America First” a convertirse en “Inmigrantes a lo Último”. Todos sufriremos si él tiene éxito.