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Donald Trump

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La conmutación de la sentencia de Roger Stone por parte de Donald Trump es aun peor de lo que parece

Por análisis de Chris Cillizza

(CNN) — La decisión del presidente Donald Trump a última hora del viernes de conmutar la sentencia de Roger Stone, confidente político suyo de larga data, provocó la indignación habitual de los demócratas y el silencio de los republicanos. Se trata de otra norma rota por un hombre que parece deleitarse haciendo cosas que nadie que haya tenido su mismo trabajo en el pasado consideraría hacer.

Y luego la gente, bueno, más o menos siguió adelante. Trump y su equipo comenzaron un ataque orquestado –y extralimitado– contra el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. El presidente jugó al golf y recurrió a Twitter para defender su derecho a hacerlo. Se conocieron nuevas encuestas que muestran a Trump en problemas en tres estados favorables al Partido Republicano que ahora luchan contra picos de coronavirus.

Es un patrón de Trump y su Gobierno que ya resulta familiar. El presidente hace o dice algo totalmente indignante. Todos se asustan por 24 horas. Y luego hace otra cosa escandalosa, y la indignación anterior se olvida o se deja de lado. Enjabonar, enjuagar, repetir.

Sin embargo, la conmutación de Stone no debería olvidarse o quedar reemplazada por el último escándalo de turno tan rápidamente. Porque además de representar un mal uso del poder presidencial, también tendrá un impacto a largo plazo en la manera en que los futuros presidentes consideren sus poderes de perdón y conmutación de penas.

Consideremos por qué fue condenado Stone por un jurado de pares: siete cargos, incluyendo el de mentir al Congreso sobre sus contactos con empleados de la campaña de Trump en relación a la publicación de una serie de correos robados de los servidores del Comité Nacional Demócrata por los rusos y posteriormente publicados en WikiLeaks.

Este extracto escrito por CNN sobre la acusación inicial presentada por la oficina del abogado Robert Mueller contra Stone expone muy bien la acusación:

«El 7 de octubre de 2016, después de que WikiLeaks lanzara su primer grupo de correos del entonces presidente de campaña de Clinton, John Podesta, los fiscales dicen que Stone recibió un mensaje de texto de ‘un asociado de un funcionario de alto rango de la campaña de Trump’ que decía ‘bien hecho’, indicando que la campaña de Trump estaba involucrada en la búsqueda por parte de Stone de material sobre los demócratas».

«El asociado y el empleado de la campaña de alto rango no están nombrados en la denuncia, aunque la acusación describe cómo Stone le dijo a un periodista que lo que Assange tenía en los correos electrónicos no publicados era bueno para la campaña de Trump. Stone respondió en ese momento: ‘Le diría (al empleado de alto rango de la campaña de Trump), pero no me devuelve la llamada'».

«Un correo electrónico que coincide con esa redacción publicado por The New York Times muestra que el funcionario al que Stone se refería era Steve Bannon.

«Después de las publicaciones del 7 de octubre, Stone se jactó ante los ‘altos funcionarios de la Campaña Trump’ de que había predicho correctamente los datos publicados, dicen los fiscales».

Stone insistió repetidamente de manera pública, y en testimonio frente al Congreso, que no había intentado ponerse en contacto con WikiLeaks y que no había intentado servir como intermediario entre la campaña de Trump y el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, durante la publicación de los correos electrónicos, que estaban destinados a dañar la campaña presidencial de Hillary Clinton.

Luego está el hecho de que Stone fue condenado por intentar manipular a un testigo, el presentador de radio Randy Credico, en la investigación de Mueller. Stone instó a Credico, que según él era su canal de comunicación privado con WikiLeaks, a mentir a los investigadores del Congreso. Stone también amenazó a Credico, sugiriendo que si no lo hacía se llevaría a su perra de terapia, Bianca, y enviándole mensajes de texto que decían «prepárate para morir».

Estos no son delitos menores. Seamos muy claros sobre lo que hizo Stone: le mintió al Congreso sobre sus esfuerzos para averiguar qué tenía WikiLeaks en términos de correos electrónicos pirateados que estaban diseñados para dañar a Clinton. También amenazó de muerte a alguien, a menos que esa persona mintiera al Congreso sobre la naturaleza de su rol en la canalización de información de WikiLeaks.

Como Mueller escribió en un artículo de opinión en The Washington Post durante el fin de semana:

«Un jurado determinó más tarde que (Stone) mintió repetidamente a los miembros del Congreso. Mintió sobre la identidad de su intermediario con WikiLeaks. Mintió sobre la existencia de comunicaciones escritas con su intermediario. Mintió al negar que se había comunicado con la campaña de Trump con respecto al momento de las publicaciones de WikiLeaks. De hecho, actualizó a altos integrantes de la campaña sobre WikiLeaks repetidamente. Y manipuló a un testigo, implorándole que se opusiera al Congreso».

Y ahora Stone ha sido recompensado con una conmutación de lo que sería una sentencia de prisión de 40 meses que comenzaría el martes, no porque no hiciera aquello por lo que fue declarado culpable, sino porque

a) se mantuvo leal a Trump («No hay ninguna circunstancia bajo la cual pueda dar un falso testimonio contra el presidente», dijo Stone cuando fue acusado formalmente) y

b) su condena influyó en los resentimientos profundamente arraigados de Trump de que el hecho de que Rusia se inmiscuyera en las elecciones de 2016 para ayudarle de alguna manera invalida su victoria.

«Roger Stone es una víctima del Engaño Ruso que la izquierda y sus aliados en los medios de comunicación perpetuaron durante años en un intento de socavar la Presidencia de Trump», dice la declaración oficial de la Casa Blanca sobre la conmutación de Stone. «Nunca hubo colusión entre la Campaña de Trump, o el Gobierno de Trump, y Rusia. Tal colusión nunca fue otra cosa que una fantasía de partisanos incapaces de aceptar el resultado de las elecciones de 2016», agrega.

(Punto aparte: desde las extrañas mayúsculas hasta el tono de la declaración, parece claro que Trump la escribió o jugó un papel importante en su construcción).

Stone no solo no irá a la cárcel. Parece estar listo para pasar los próximos cuatro meses en una especie de gira de victoria para Trump: un ejemplo vivo y que respira de cómo el presidente puede triunfar sobre el llamado «Estado Profundo». Esta gira de la victoria comienza el lunes por la noche con una aparición en el programa de Fox News de Sean Hannity. Stone también le dijo a Axios el domingo que planea escribir un libro «sobre todo este calvario para, de una vez por todas, acabar con el mito de la colusión rusa», y hará campaña por el presidente en otoño.

Es algo asombroso, con un mensaje subyacente profundamente problemático.

¿Qué mensaje? El senador de Utah Mitt Romney lo expresó mejor en un tuit del sábado:

«Corrupción histórica sin precedentes: un presidente estadounidense conmuta la sentencia de una persona condenada por un jurado por mentir para proteger a ese mismo presidente».