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Coronavirus

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OPINIÓN | Necesitamos un plan de distribución de vacunas ahora mismo

Por Julie Morita

Nota del editor: La Dra. Julie Morita, pediatra, es vicepresidenta ejecutiva de la Fundación Robert Wood Johnson, en Princeton, Nueva Jersey. Anteriormente fue directora médica, funcionaria médica en jefe y luego comisionada del Departamento de Salud Pública de Chicago durante casi dos décadas. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen exclusivamente a la autora. Leer más opinión en CNNE.com/opinion

(CNN) –– Con cada día que pasa, más titulares parecen promocionar la promesa de una vacuna que puede proclamar el fin de la pandemia de coronavirus.

Mientras los investigadores compiten por desarrollar una vacuna, los funcionarios de salud pública en Estados Unidos ––y, ciertamente en Chicago, donde pasé dos décadas en el Departamento de Salud Pública de la ciudad–– están comenzando a trazar sus propios planes de distribución de vacunas.

Se ha anunciado un mosaico de estas iniciativas de distribución de vacuna. Pero los departamentos de salud estatales y locales no pueden desarrollar sus planes de forma aislada, y la distribución óptima y equitativa de las vacunas requerirá una respuesta coordinada liderada por una agencia federal con experiencia y sistemas establecidos para construirla. Aunque la distribución de vacunas se describe como una «empresa conjunta» entre el Departamento de Defensa y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), esta última es la agencia con más experiencia y el único sistema existente para administrar la distribución de vacunas en grandes brotes.

El Gobierno federal debe permitir que los CDC asuman el liderazgo en la coordinación para la planificación de la vacuna contra el covid-19 en el país. Los CDC pueden apoyar la participación y la educación de la comunidad, actualizar los sistemas existentes de pedido y seguimiento de vacunas y trazar la distribución efectiva y equitativa de una vacuna. Sin su liderazgo orquestando tal esfuerzo, los estados y comunidades se verán obligados a valerse por sí mismos, compitiendo por vacunas y suministros y, en algunos casos, posiblemente descuidando a quienes tienen más probabilidades de infectarse y morir en las comunidades negras.

Sin una acción rápida y sin fondos federales, las desigualdades existentes en salud se manifestarán nuevamente en la distribución y aceptación de una posible vacuna. Los negros y los latinos se han visto muy afectados por el covid-19, con contagios y muertes que superan con creces su proporción en la población. Esta disparidad persistirá si no abordamos la desconfianza del público hacia las vacunas ni desarrollamos e implementamos cuidadosamente un plan de distribución con la urgencia que requiere.

Lo que aprendí como directora médica en Chicago durante la pandemia de H1N1, en 2009, es que el tiempo no está de nuestro lado. En la salud pública, como en la política, es necesario construir un «juego de base»: años de búsqueda de datos e investigación permiten a los funcionarios de salud pública conectarse con personas reales en todos los vecindarios y códigos postales para generar confianza. Esto implica pasar tiempo con todos, desde líderes religiosos hasta organizadores comunitarios y propietarios de negocios locales. Estas relaciones pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte, especialmente en las comunidades negras plagadas por la desconfianza frente las vacunas, en los proveedores de atención médica y en los sistemas de salud debido a una larga historia de racismo médico en este país.

5 cosas: vacunas en EE.UU. necesitan latinos y negros 2:13

Durante la pandemia de H1N1 en 2009 ––y todas las emergencias de salud pública importantes desde entonces––, mis colegas y yo nos unimos a reuniones informativas habituales para los medios de comunicación y también a seminarios web para proveedores de atención médica, dirigidos por funcionarios confiables de los CDC que proporcionaron actualizaciones, orientación y mensajes claros y consistentes. Los CDC deben hacer lo mismo esta vez y ser transparentes sobre la Operación Warp Speed y el plan de distribución federal para generar confianza en el programa de vacunación contra el covid-19.

Experimenté las dudas hacia las vacunas entre las comunidades negras y latinas de primera mano en 2009. Aunque la tasa de hospitalizaciones de negros y latinos de Chicago fue de 2,7 a 3,4 veces mayor que entre los blancos en la ciudad, la demanda de vacunas contra la gripe H1N1 fue relativamente baja en el Kennedy King College, que se encuentra en una comunidad predominantemente negra y latina en el lado sur. En contraste, la demanda excedió la oferta de vacunas en Truman College, ubicado en una comunidad predominantemente blanca, en la parte norte. Nos adentramos en los vecindarios de Chicago para combatir esas disparidades, comprometiéndonos con un trabajo en terreno que parecía casi tan vital como la vacuna en sí misma.

Sin embargo, tan importante como es este trabajo local, la distribución equitativa de vacunas no es posible sin una coordinación constante con los CDC. El sólido sistema operado por los departamentos de salud estatales y locales y supervisado por los CDC es capaz de aumentar para distribuir la vacuna contra el covid-19 de manera rápida y equitativa a los proveedores de atención médica, garantizar un manejo, almacenamiento y administración seguros de la vacuna, rastrear los suministros de vacunas y ajustar distribución en consecuencia. Este sistema, que ya se utiliza para distribuir millones de vacunas contra otras enfermedades en todos los estados y territorios, asegura una comunicación clara y coherente sobre el valor, la seguridad y la eficacia de las nuevas vacunas, información fundamental para generar confianza pública.

Aunque el Departamento de Defensa tiene experiencia en logística, la Casa Blanca necesita otorgar a los CDC la autoridad para liderar este esfuerzo de distribución, junto con las autoridades estatales y locales. Además, el Congreso debe financiar completamente estos esfuerzos. Los líderes gubernamentales estatales y locales deben acelerar su planificación ahora, al participar en las comunidades y con los vacunadores e identificando los sitios de vacunación. Los proveedores de atención médica deben hablar con los pacientes sobre la vacuna y luego pensar en las barreras que podrían interponerse entre sus pacientes y una vacuna. Y, finalmente, el público debe exigir que fuentes creíbles informen las decisiones y acciones de salud pública.

No es demasiado tarde. Desde 2009, los CDC y las agencias de salud pública estatales y locales han mejorado el sistema de vacunas del país, incluido el cultivo de relaciones profundas en nuestras comunidades. Las protestas por la justicia racial han abierto nuevas puertas para impulsar aún más los esfuerzos de participación comunitaria. Si la planificación comienza ahora, y me refiero ahora, las comunidades más afectadas por el covid-19 pueden participar en el fortalecimiento del sistema de vacunas, asegurando que todos, independientemente de su raza, ubicación o riqueza, tengan una oportunidad justa y equitativa de recibir una vacuna segura y eficaz.