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Familia

OPINIÓN | Las fiestas de revelación de género son destructivas de arriba abajo

Por Allison Hope

Nota del editor: Allison Hope es una escritora cuyo trabajo ha sido presentado por The New York Times, The Washington Post, CNN, Slate y otros lugares. Las opiniones expresadas aquí son del autor. Leer más opinión en CNNe.com/opinion.

(CNN) — Si no fuera ya una mala idea organizar una fiesta sin las medidas de seguridad adecuadas durante una pandemia, una que desencadena un incendio forestal masivo es solo un glaseado con arsénico en el pastel venenoso. Una familia de California detonó un «dispositivo pirotécnico generador de humo», provocando un incendio que está arrasando el Bosque Nacional de San Bernardino. El incendio ha quemado cientos de hectáreas, destruido innumerables ejemplares de vida silvestre y potencialmente puede causar mucha más devastación a medida que el fuego incontrolado continúa ardiendo.

Incluso Jenna Karvunidis, la bloguera ampliamente acreditada por haber popularizado las fiestas de revelación de género, ha tenido suficiente, y escribió en Facebook esta semana: «Deja de tener estas fiestas estúpidas. Por el amor de Dios, deja de quemar cosas para contarle a todos sobre el pene de tu hijo. A nadie le importa más que a ti».

En un momento de tristeza, aquí hay otra parte muy triste de esto: el desastroso incendio en California está lejos de ser la única tragedia que ha acompañado a la tendencia relativamente nueva y perpetuamente dañina de celebrar tales fiestas.

Hemos visto una y otra vez por qué esta práctica es inútil en el mejor de los casos y peligrosa en el peor. Una fiesta de revelación de género en Arizona en 2017, en la que el futuro padre disparó una sustancia explosiva a un objetivo, inició un incendio forestal que destruyó 19.000 hectáreas. Fue acusado y se le ordenó pagar unos US$ 8 millones por daños. Y ahí va el fondo universitario del niño (y posiblemente su hogar y muchas cosas más).

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Una fiesta de revelación de género en Iowa el año pasado básicamente involucró la detonación de una bomba casera que mató a una futura abuela. Luego fue el tipo que en 2018 usó su cocodrilo mascota para anunciar el género de su hijo colocando una sandía llena de gelatina azul en la boca de la criatura, causando un revuelo peligroso y preguntas sobre el abuso animal.

Incluso cuando las fiestas de revelación de género no causan este tipo de daño directo, estos ejemplos de muerte y destrucción siguen siendo una metáfora adecuada sobre los efectos perjudiciales de su mensaje cultural más profundo. Una exhibición pirotécnica de color rosa o azul refleja un júbilo tóxico al encajonar a nuestros bebés en categorías binarias de género que pueden no reflejar quiénes son. Al colocar un código de color en nuestros pequeños (y pegarlo en todo internet) antes de que ingresen al canal de parto, estamos eliminando por completo su sentido de agencia para desarrollar sus propias identidades de género y controlar esa identidad en línea. Estamos borrando por completo el espectro de la diversidad social y biológica cuando se trata de género.

Aquellos que no encajan en las categorías binarias de género, ya sean transgénero, no binarios o que simplemente no encajan en los estereotipos (soy un ejemplo perfecto de alguien con genitales femeninos que no se siente particularmente femenina y que detesta el color rosa, cualquier cosa con volantes, y quien nunca se sentirá bien si se le llama «señora»), ya se enfrenta a una batalla cuesta arriba cuando se trata de navegar por el mundo y encontrar aceptación y un trato justo. Las personas transgénero son particularmente vulnerables a la discriminación y la violencia, y los rituales como las fiestas de revelación de género solo refuerzan un sistema de inequidad que margina a la comunidad trans.

Hacer hincapié en la importancia de la asignación de género en las primeras etapas de nuestras vidas nos lleva a la afirmación de que todos son hombres o mujeres y que la identidad está fijada incluso antes de que nazcas y es inalterable a partir de ese momento. En verdad, tanto el sexo como el género son complejos. Somos la suma total de una matriz de órganos internos y externos, cromosomas, hormonas y composición craneal. El resultado neto es un espectro mucho más matizado, diverso y maleable que las limitadas dos categorías de género en las que englobamos a todos.

Quizás el patrón creciente de catástrofes que rodean las fiestas de revelación de género es una señal del universo de que los padres y las familias no deben cargar a nuestros hijos por nacer con etiquetas de género binarias antes de que hayan tenido la oportunidad de respirar de verdad.

Aún así, si esto de “podría ser una señal» no le funciona, recuerde a Karvunidis. No solo le está diciendo a la gente que deje de hacer estas fiestas ahora, se arrepiente de haberlo hecho ella misma y se ha comparado con el «tipo que inventó la pólvora». Karvunidis, quien se hizo famosa por invitar a amigos y familiares a presentar un pastel rosa, ha declarado que ella «no sabía lo que sabemos ahora⁠, que asignar un enfoque al género al nacer deja fuera gran parte de su potencial y talentos que no tienen nada que ver con lo que tienen entre las piernas».

Celebrar un nacimiento inminente puede ser una bendición y un gozo. ¿Por qué no organizar una fiesta de revelación de «mi bebé está sano en el útero?», o un «¡Estoy tan emocionada de estar embarazada que me gustaría comer pastel y celebrar mi fiesta mis más cercanos y queridos!», o un «Estoy pidiendo sin vergüenza obsequios a todos de nuevo a pesar de que ya te llamé para mi fiesta de compromiso, despedida de soltera, mi boda, ¡y lo haré nuevamente para mi fiesta de bienvenida al bebé!»? No hay ninguna razón viable por la que deba centrarse únicamente en los genitales de su hijo por nacer y compartir esa noticia con el mundo a través de colores asignados estereotipadamente que se muestran a través de confeti, pasteles sorpresa o en el peor de los casos: fuegos artificiales o pirotecnia.

Dejemos nuestros gametos, nuestros fetos, nuestros bebés en crecimiento en paz. Dejemos que desarrollen sus características sexuales secundarias antes de que intentemos etiquetarlos. Demonios, aquí hay una idea novedosa: Dejemos que nuestros hijos entren en el mundo físico y los conozcan un poco antes de que marquemos casillas, señalemos con el dedo y ordenemos pasteles codificados por colores y les digamos quiénes son. Seríamos un mundo más rico por eso. Además, evitaríamos algunos incendios forestales.