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Honduras

La hambruna se vive entre hamacas en «El Burillo», una comunidad de la zona sur de Honduras

Por Elvin Sandoval

(CNN Español) — “Vivimos hambre y el covid-19 nos tiene sin ingresos”. Esta es la realidad de las 80 familias que integran la comunidad de El Burillo —en el municipio de Alianza, departamento de Valle, en la zona sur de Honduras—, cuya única fuente de trabajo es la elaboración de hamacas.

Magalia Carías, un ama de casa que se dedica también a la confección de hamacas, asegura que en su hogar están comiendo “salteado” y de manera racionada.

“Comemos dos tiempos al día, y medidos, porque si nos pasamos, no tenemos para otro día, cuando se puede, porque cuando no hay comemos la tortilla con sal”, detalla.

La señora de 42 años que, al momento de llegar a su casa, termina de lavar la ropa de su esposo y de sus dos hijos y se traslada a su patio, donde también se ubica su lugar de trabajo. Es allí donde elabora hamacas por las que le pagan 40 lempiras —el equivalente a un US$ 1,60— por una pieza de descanso ya terminada, que le toma —dice— cinco días de trabajo.

Pero debido al nuevo coronavirus, las hamacas no pueden venderse, asegura Carías, porque no hay turistas y la frontera entre Honduras y El Salvador —que era el país donde también tenían mercado— está cerrada.

La situación en esta comunidad es tan dura que a los infantes los alimentan con té de arroz, se lamenta Inés Hernández, de 47 años.

Dice que viven en “una gran hambruna” y hay días en que el desayuno y el almuerzo son una sola comida porque recién vuelven a comer en la cena.

“Mire, hay días que nos dedicamos…, el desayuno lo usamos como comer almuerzo a veces un día, a veces dos días, y a veces cuando no hay nos quedamos en cero, entonces nosotros compramos las libritas de maíz y hacemos nosotros un sancocha el maíz y hacemos un té y lo echamos un poquito de azúcar y allí nos tomamos un poquito de atolito”, revela.

Antes de la pandemia, Hernández compraba las hamacas a los artesanos para luego venderlas en otros lugares. Sin embargo, a raíz de la emergencia sanitaria tuvo que destinar sus ahorros al sustento del hogar durante los seis meses que se ha extendido la restricción de movilización en Honduras, por lo que ya no tiene dinero ni para comer, asegura.

“Mire la hora que es, y nosotros no hemos ni desayunado, ni mi esposa ni mis hijos”, confiesa Hernández.

El aporte del Programa Mundial de Alimentos a El Burillo

Estas familias de El Burillo son parte de los hondureños que viven en el denominado corredor seco que cada año es afectado por la sequía.

Para paliar un poco el hambre de estos hondureños, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) —organismo que el viernes 9 de octubre ganó el Premio Nobel de la Paz— entrega en la comunidad raciones de comidas.

Según Héctor Cruz, representante del PMA, los alimentos se entregarán —durante los próximos tres meses— cada 30 días. La entrega consiste en comestibles que contienen los nutrientes necesarios para fortalecer la salud, sobre todo la de los niños de la comunidad.

Los pobladores de El Burillo tienen cifradas sus esperanzas en la siembra de maíz, cuya cosecha se prevé para el próximo mes de diciembre, y de la cual venderán una parte para agenciarse recursos económicos que les permitan sobrevivir los primeros tres meses del año 2021.