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Vaticano

OPINIÓN | Las inquietantes verdades en el nuevo informe sobre escándalos en el Vaticano

Por Paul Moses

Nota del editor: Paul Moses es profesor emérito de Periodismo en Brooklyn College y exreportero y editor de Newsday. Es un escritor colaborador en Commonweal y es autor de libros que incluyen «El santo y el sultán: Las cruzadas, el Islam y la misión de paz de Francisco de Asís» y coautor de «Días de intensa emoción: rezar con el papa Juan Pablo II en Tierra Santa». Las opiniones expresadas aquí son suyas. Leer más opinión en CNN.

(CNN) — Como católico, hace mucho tiempo y con inquietud hice las paces con saber que demasiados líderes de la Iglesia, que predicaron un mensaje cristiano que considero sagrado, pueden ser ellos mismos profundamente defectuosos, engañosos o corruptos. La publicación el martes de un informe del Vaticano lleno de los sórdidos detalles del ascenso y caída del exarzobispo de Washington, Theodore McCarrick, no desgarra mi fe sino que da esperanza de que la Santa Sede finalmente esté aprendiendo a aclarar la verdad.

Esto es así a pesar de que el informe detalla de manera convincente cómo el entonces papa y ahora San Juan Pablo II, quien murió en 2005, promovió a McCarrick a pesar de estar muy consciente de las acusaciones de que era un depredador que había manipulado y abusado sexualmente a seminaristas. McCarrick negó las acusaciones en su contra en el pasado, pero su abogado, Barry Coburn, se negó a comentar desde que las autoridades de la Iglesia lo declararon formalmente culpable, en 2019, de conducta sexual inapropiada con menores y adultos, «con el factor agravante del abuso de poder».

El informe describe cómo las autoridades de la Iglesia no tomaron medidas cuando aumentaron las acusaciones de que McCarrick, una voz influyente para la Iglesia a nivel internacional y un prodigioso recaudador de fondos, manipuló a seminaristas y adolescentes varones para que realizaran actividades sexuales no deseadas mientras se desempeñaba como sacerdote en Nueva York y luego como líder de dos diócesis de Nueva Jersey y la arquidiócesis de Washington. En enero de este año, según el Catholic News Service, McCarrick, quien tiene 90 años, se mudó de un convento de Kansas a una nueva ubicación que no se ha hecho pública.

Fue necesario un cataclismo dentro de la Iglesia para generar el informe. En agosto de 2018, dos meses después de que las autoridades eclesiásticas destituyeron públicamente a McCarrick del ministerio cuando se comprobó una acusación de abuso sexual, un exdiplomático jefe del Vaticano en Estados Unidos emitió un «testimonio» explosivo. El arzobispo Carlo Maria Viganò reunió lo que este informe revela como su conocimiento incompleto de la saga de McCarrick en un llamado extraordinario para que el papa Francisco renunciara, junto con una lista de prelados moderados a liberales que intentó implicar como asociados de McCarrick. Sus aliados anti-Francisco, en la derecha de la Iglesia católica de Estados Unidos, rápidamente se unieron para pedir una investigación.

Despojado de la retórica sobrexcitada y apocalíptica de la carta de Viganò, los hechos desnudos en ella incluso entonces apuntaban hacia la conclusión a la que el Vaticano ha llegado ahora en el nuevo informe: el papa Francisco no es el blanco adecuado para la ira católica en esta situación. «Creyendo que las acusaciones ya habían sido revisadas y rechazadas por el papa Juan Pablo II, y muy consciente de que McCarrick estuvo activo durante el papado de Benedicto XVI, el papa Francisco no vio la necesidad de alterar el enfoque que se había adoptado en años anteriores», decía el informe.

En los días del pontificado de Juan Pablo II, parecía posible que un católico no estuviera de acuerdo con algo o incluso mucho de lo que estaba haciendo un papa, pero aún lo admiraba. En mi caso, admiré a Juan Pablo lo suficiente como para ser coautor de un libro sobre su inspiradora peregrinación a Tierra Santa en 2000.

Y, por lo tanto, es decepcionante leer en este informe cuánto sabía sobre el hombre al que hizo cardenal, un príncipe de la Iglesia facultado para desempeñar un papel fundamental en su Gobierno.

LEE: Tras informe McCarrick, el papa Francisco promete poner fin al abuso sexual en la Iglesia

A pesar de su conocimiento del supuesto comportamiento de McCarrick, Juan Pablo lo instaló como arzobispo de Washington y luego como cardenal, en 2001. Su sucesor, el papa Benedicto XVI, tomó lo que resultaron ser algunos pasos ineficaces: «Se tomó la decisión de apelar a la conciencia y el espíritu eclesial de McCarrick al indicarle que debe mantener un perfil más bajo y minimizar los viajes por el bien de la Iglesia», dice el informe, y agrega que el enfoque de la situación aprobado por Benedicto» no incluía una prohibición del ministerio público». Como resultado, las actividades de McCarrick se ocultaron a los fieles católicos.

El informe especula que Juan Pablo II pudo haber ignorado las acusaciones, que le presentó el cardenal John O’Connor, de Nueva York, debido a su experiencia en Polonia, donde las autoridades comunistas habían tratado de difamar a los sacerdotes para debilitar a la Iglesia como fuerza política. Es un comentario triste que el papa considerase que la política eclesial de alto nivel en Estados Unidos y el Vaticano podía estar potencialmente plagada de mentiras como en la Polonia comunista.

Y, sin embargo, el informe revela que las alertas de algunos denunciantes particularmente creíbles habían llegado al pontífice. Uno de ellos es el Dr. Richard Fitzgibbons, un psiquiatra de Pensilvania, de la diócesis de Metuchen, Nueva Jersey, llamado en 1996 para examinar a un sacerdote que había «autoinformado su abuso sexual de dos adolescentes varones». El médico se sintió preocupado cuando el sacerdote le dijo que había presenciado a McCarrick «participar en una conducta sexual con otro sacerdote y que él mismo había sido agredido sexualmente por McCarrick en un pequeño apartamento en la ciudad de Nueva York».

Fitzgibbons llamó a un «sacerdote-psicólogo respetado» en la arquidiócesis de Nueva York. Ambos se convencieron de que el sacerdote estaba diciendo la verdad y el segundo psicólogo se lo dijo a O’Connor. O’Connor notificó a un funcionario del Vaticano de las acusaciones, en 1999, y «fueron compartidas con el papa Juan Pablo II poco después», dice el informe.

En ese momento, el papa Juan Pablo II estaba considerando a McCarrick, entonces arzobispo de Newark, como el próximo arzobispo de Nueva York, uno de los cargos más prestigiosos de la Iglesia católica en Estados Unidos.

Mientras tanto, Fitzgibbons incluso había viajado a Roma para hablar con un funcionario del Vaticano sobre sus preocupaciones con McCarrick.

El informe cita una carta firmada de Fitzgibbons que el funcionario del Vaticano solicitó en esa reunión el 7 de marzo de 1997. Fitzgibbons escribió que el sacerdote se había ido de pesca con McCarrick. «Al final del primer día, el joven sacerdote se sorprendió cuando entró en el dormitorio y encontró al obispo McCarrick en relaciones sexuales con otro sacerdote», escribió.

«El obispo, al ver a mi paciente en el dormitorio, le preguntó si quería ser el siguiente. El sacerdote se negó. Mi paciente notó que el obispo y el otro sacerdote se administraron el sacramento de la reconciliación», es decir, una confesión, que según la ley de la Iglesia, debía mantenerse en secreto.

Fitzgibbons se enteró de otro sacerdote-paciente que relató en terapia de grupo «el trauma sexual que sufrió del obispo McCarrick», y otro paciente más lo corroboró. «Esta fue la historia más preocupante que he escuchado en más de 20 años de práctica como psiquiatra», escribió.

Este informe debería dar lugar a una mirada profunda a la cultura donde esto puede suceder, el fin de una política eclesial de resentimiento y una nueva era de transparencia. No es esperar demasiado.