Las maestras de Connecticut encararon la muerte con heroísmo
17 diciembre 2012
10:35 AM ET

Las maestras de Connecticut encararon la muerte con heroísmo

(CNN) — Enfrentarse a un hombre armado, colocarse en el camino de las balas, perder la vida para proteger a los inocentes. Es la descripción adecuada del trabajo de un oficial de policía o soldado, ¿pero de un profesor de escuela, una maestra de escuela primaria, en eso?

Lo que los maestros y la directora de la escuela primaria Sandy Hook hicieron por los niños bajo su cuidado, son méritos por los que un soldado en una zona de guerra recibiría un Corazón púrpura.

Pero el soldado hace una elección consciente para enfrentar el peligro mortal cuando él o ella se alistan. Los héroes Sandy Hook no.

Adam Lanza no les dio esa opción, cuando abrió fuego en el pasillo entre dos aulas el viernes pasado en Newtown, Connecticut.

Mucho antes de lo sucedió, la directora Dawn Hochsprung trató de impedir los disparos -o cualquier otra calamidad- mediante la implementación de nuevas medidas de seguridad en Sandy Hook. Hizo que los maestros practicaran de manera segura el acceso aun estando cerrado.

La puerta estaba cerrada cuando el pistolero llegó. Hochsprung se reunió con una madre que estaba asombrada porque el pistolero se había metido “estando la escuela cerrada; hay que hacer ruido”, dijo más tarde.

Lanza maldijo la forma en la que entró.

Hochsprung escuchó el ruido. Ella, psicóloga de la escuela Mary Sherlach, y la subdirectora, Natalie Hammond, salieron a investigar.

Estaban actuando como la primera línea de protección y pagaron un alto precio por ello. Sólo Hammond regresó del pasillo viva, aunque no ilesa.

Junto con Hochsprung, de 47 años, y Sherlach, de 56 años, murieron otros cuatro maestros.

Victoria Soto, de 27 años, era maestra de primer grado y protegió a sus alumnos escondiéndolos; luego esperó cerca de la puerta del salón. El hombre armado irrumpió y le disparó, de acuerdo con el padre de un estudiante sobreviviente.

"Ella no dudaría para salvar a otros antes que a ella; sobre todo a sus niños", dijo su madre Donna Soto a Piers Morgan de CNN.

El cuerpo de Anne Marie Murphy fue encontrado en un salón de clases, se desplomó sobre los niños muertos en el tiroteo. La maestra de educación especial, de 52 años, aparentemente había tratado de protegerlos, dijo su padre al diario Newsday.

Las aspiraciones se vieron cortadas, eliminadas: los niños ya no aprenderán ni serán adultos.

Rachel D'Avino, de 29 años, era una terapeuta conductual, que trabajaba con niños con autismo. Su novio le iba a proponer matrimonio en la víspera de Navidad.

Lauren Rousseau, de 30 años, había soñado con ser maestra desde que era niña. Ella había sido contratada el mes pasado en Sandy Hook y cubría una licencia por maternidad, cuando Lanza la mató.

Los profesores que vivieron la matanza tendrán una tarea difícil por delante.

En los próximos días, van a enterrar a sus colegas y a 20 niños pequeños a quienes enseñaban y adoraban, mientras reconfortan a los padres y cuidan los tiernos corazones de los niños que sobrevivieron.

La maestra del jardín de niños Janet Vollmer conoce al menos a la mitad de los niños muertos.

“Diez de ellos estuvieron en mi clase el año pasado”, dijo a Anderson Cooper de CNN el domingo. “Es duro, es duro”.

Cuando los disparos sonaron, Vollmer cerró la puerta del salón de clases y cubrió las ventanas, incluyendo una en la puerta; luego, llevó a los niños a un rincón entre los libreros y una pared.

Les leyó un cuento para mantener la calma.

Alguos protestaban diciendo: “¿por qué estamos aquí por tanto tiempo?”, “bueno será un poco más”, respondió. “Cuando son cinco, haces todo lo posible por mantenerlos a salvo y mantener la calma.”

"Vamos a estar a salvo", Vollmer les dijo, "porque estamos sentados aquí y estamos todos juntos".

La maestra de primer grado Kristen Roig llevó a sus estudiantes al baño, cerró la puerta y les dijo que no dijeran ni pío.

Tenían impaciencia, ansia, quería salir y ver lo que estaba sucediendo. No, les dijo nada. Ella tenía miedo de que todos murieran.

"Si ellos comenzaban a llorar, me gustaría decirles: 'Esto va a estar bien'. Yo quería que fuera lo último que escucharan", dijo, "no son disparos en el pasillo".

La policía tiró la puerta para sacarlos a todos. Se le dio instrucciones para que los niños en edad escolar fueran tomados de las manos y cerraran los ojos.

"A las 5 no es tan fácil cerrar los ojos y caminar", dijo Vollmer. "Así que tuve que mirar hacia la pared. Todos tenían que ser valientes".

El presidente Barack Obama elogió a los maestros de Newtown en un discurso a la nación la noche del domingo.

"Ellos respondieron como todos lo esperamos en circunstancias tan terribles: con valentía y con amor, dando su vida para proteger a los niños a su cuidado", dijo.

"Sabemos que hay otros maestros que se atrincheraron en el interior de los salones de clases, se mantuvieron a través de todo esto, y calmaron a sus estudiantes diciendo 'Esperen a que los chicos buenos, vengan. Muéstrame tu sonrisa'".

Ahora Newtown tendrá que armarse de valor para reconstruirse, para levantar a los hermanos de los ángeles caídos, para hacer frente a otro día sin un hijo amado.

La primaria Sandy Hook probablemente se trasladará a otro edificio, lejos de la escena de la sangre derramada y los agujeros de bala. Los maestros y los niños volverán a la escuela, para preparar las clases, hacer los deberes, tomar exámenes y calificarlos.

"Tenemos que conseguir que los niños regresen a la escuela", dijo Vollmer.

Vollmer, sus colegas y los niños todos han visto y oído demasiado. Incluso los soldados experimentan un trauma permanente después de ver a un niño morir, por no hablar de 20 a la vez.

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