(Crédito: RAUL ARBOLEDA/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - La Corte Suprema de EE.UU. legaliza el matrimonio homosexual en todo el país. Poco después de conocer la sentencia, cientos de personas que se agolpaban frente a la escalinata del Tribunal Supremo, han empezado a cantar el himno nacional y  Obama escribía  en Twitter: "El amor gana".

El magistrado Anthony Kennedy, cuyo voto ha sido decisivo, ha dicho que los demandantes- cuatro casos planteados por doce parejas gais y lesbianas-, plantaron batalla por el respeto que sienten ante el matrimonio. Por tanto, "su deseo no es que les condenen a vivir excluidos de una de las instituciones más antiguas de la civilización’’.

Aunque el juez conservador Antonin Scalia, habla de ‘golpe de Estado judicial’, la mayoría de los estadounidenses, según las últimas encuestas, apoya esa votación de 5 a 4 de los  nueve jueces vitalicios del Tribunal Supremo, designados por el presidente y ratificados por el Senado.

Lo que ha ocurrido este viernes en este país es solo comparable a lo que ocurrió en 1954, cuando la Corte Suprema proscribió la segregación racial en las escuelas; o cuando en 1967 sentenció que prohibir el matrimonio interracial era inconstitucional. También se le podría comparar con la sentencia del máximo tribunal de 1973, que reconoció el derecho al aborto en todo el país.

Tan pronto saltó la noticia, las acciones de la joyería Tiffany se dispararon y The Wall Street Journal calculó que la economía recibiría un estímulo de 1.000 millones de dólares por las bodas, las lunas de miel y un largo etcétera que desencadena la decisión.

Pero más allá de ese lado tan prosaico, habría que celebrar el alivio de los que esperaban porque otros decidieran qué hacer con su cariño y además, celebrar la medio sonrisa, clandestina y huidiza, de los que viven en la sombra porque no se atreven a significarse.

Y recordar a los que han muerto, víctimas de la violencia y el desprecio.

Es la victoria del arcoíris, que siempre sale de la tormenta.

Más allá de ese lado tan prosaico, habría que celebrar el alivio de los que esperaban porque otros decidieran qué hacer con su cariño

Camilo Egaña