Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Mi sobrina adolescente queda a punto del infarto cada vez que su abuela esgrime, como el Amadís de Gaula su espada, una varillita que le permite hacer selfies.

La señora despliega su varilla en la calle 8 de Miami y en los Campos Elíseos con la misma ilusión. Se toma tanto trabajo en conseguir un buen encuadre que uno recuerda a los fotógrafos de la agencia Magnun.

Aunque con cuarenta años de diferencia, yo siento casi lo mismo que mi sobrina. Es más, cuando intento el selfie sin varilla alguna, que es la modalidad más discreta del autorretrato en la era digital, siempre me da algo que se parece a la vergüenza.

Algo me pasa con el selfie. No sé qué es. Pero no me gusta mucho.

Sin embargo, que Juan Arias, el corresponsal en Brasil del diario español El País, y el hombre a quien le debo lo mejor que he leído sobre el cristianismo, defienda la moda del selfie, me hace pensar si no estaré errado.

Arias sostiene que tal vez los niños del futuro no volverán a escribir con las manos. Pero ‘’los de hoy saben ya fotografiar con el celular a los dos años’’. Y agrega que el selfie es una cosa democrática a la que se han apuntado todos, desde el camarero hasta el primer ministro. Y que lo que comenzó como un ataquito narcisista  dio paso a la socialización de la fotografía.

Juan Arias, hombre sabio que es, se pregunta si ‘’¿nos ayudan los selfis a tomar conciencia en una sociedad de anónimos, de que somos, de que valemos algo, aunque solo sea a través de la sombra de alguien más importante que nosotros?”.

Pues yo creo que no. El egoísta no se redime por un selfie —si pudiera— con la Madre Teresa. Ni el tonto habría lucido menos tonto si se hubiera fotografiado con Einstein.

Admito que, saliendo en la tele, acaso no sea yo el más indicado para dar cátedra sobre el pudor y la sobriedad, pero ¿no les parece que si nos pavoneáramos menos, aunque fuera un poquito menos, luciríamos mejor… al menos en los selfies?

Cuando intento el selfie sin varilla alguna, que es la modalidad más discreta del autorretrato en la era digital, siempre me da algo que se parece a la vergüenza.

Camilo Egaña