El Everest es la montaña más alta del mundo, con un una altura de 8.847 sobre el nivel del mar. El bajo oxígeno en esa altitud empuja la resistencia del ser humano a sus límites. En la imagen aparece el montañista sherpa Pemba Dorje y otros sherpas en el Everest, 2009.

(CNN)– El Monte Everest es la prueba máxima para los aventureros que tratan de poner a prueba sus límites, pero en lo que respecta a escalar este monumento natural, un grupo de personas se destacan... los sherpas.

El pueblo sherpa es un grupo étnico de Nepal que ha vivido en las alturas del Himalaya durante generaciones. Desde hace tiempo han servido como guías y maleteros, cuya experiencia local ha sido invaluable para los extranjeros que intentan escalar en la zona.

Pero aunque ellos son admirados por la facilidad con la que abordan los retos físicos de escalar algunos de los picos más altos del mundo, las razones biológicas detrás de la destreza para escalar montañas han permanecido desconocidas... hasta ahora.

Denny Levett es socia fundadora de Xtreme Everest y asesora en atención médica en University Southampton, Inglaterra. En 2013, formó parte de Xtreme Everest 2, una expedición científica a la cima del Everest que exploró la biología detrás de la resistencia humana a una gran altitud.

Aún recuerda las hazañas de un sherpa en particular que formó parte de la expedición.

"Descendió 2.000 metros desde la cima en solo dos horas, cuando nuestro equipo tardó una buena parte del día", dijo Levett. "Incluso se detuvo para tomar una taza de té en el camino".

Desafíos por la gran altitud

Sobrevivir a un viaje al Everest se reduce a superar uno de los problemas fundamentales: la atmósfera de una gran altitud. Los niveles de oxígeno en su cumbre son tercio de los que se encuentran al nivel del mar y según Levett, menos del 6% de los seres humanos son capaces de escalar sin oxígeno suplementario.

El mal de altura puede afectar en una altura tan baja como un par de miles de metros, y el cuerpo humano debe adaptarse a medida que se alcanzan mayores alturas.

"Si subes directamente a los 3.500 metros, a la mañana siguiente te sentirás como si tuvieras gripe o resaca", dijo Levett.

Esto no aplica para los sherpa.

Luego de siglos de vivir a una gran altitud, la población de los sherpa en el Himalaya ha evolucionado para dominar la capacidad de sobrevivir en esta atmósfera. "Verás que esto no los afecta en absoluto", dijo Levett.

En 2013, Levett y sus colegas salieron con 180 voluntarios —116 de ubicaciones de las tierras bajas y 64 sherpa— en dirección al campamento base del Everest. Antes y durante del ascenso de 5.300 metros, los voluntarios fueron expuestos a un rango de pruebas físicas y biológicas para identificar las diferencias en su fisiología.

Hacer uso del oxígeno

El mes pasado, cuando presentó sus hallazgos en el World Extreme Medicine Expo en Londres, Levett identificó diferencias en las partes de las células humanas que respiran para generar energía, conocidas como mitocondrias. Las mitocondrias de los sherpas eran mucho más eficientes en el uso del oxígeno.

"Son como un auto que ahorra combustible", dijo Levett. "Obtienes más energía por menos oxígeno".

Además, el equipo estudió los vasos sanguíneos debajo de la lengua y en otros puntos del cuerpo para controlar la circulación sanguínea dentro de los órganos, conocidos como la microcirculación. Esta forma de circulación sanguínea se produce en los vasos sanguíneos más pequeños y determina de qué manera el oxígeno llega a los músculos, tejidos y órganos, así que se enfoca en qué tan bien funciona tu cuerpo en realidad.

A una gran altitud, se encontró que el flujo de sangre dentro de estos pequeños vasos sanguíneos se hacía más lento en los voluntarios que no eran sherpa, pero permaneció normal en los sherpas.

"Esta mayor velocidad con la que la sangre puede fluir te permite brindar más oxígeno a los tejidos más rápidamente", explicó Chris Imray, profesor de cirugía de trasplante renal y vascular en University Hospital Coventry y Warwickshire, Reino Unido, quien acompañó a Levett en una expedición al Everest en 2007.

Levett dijo que es la primera vez que las diferencias fisiológicas han sido identificadas para explicar las aparentes habilidades sobrehumanas de los sherpas a grandes altitudes.

Otros estudios han examinado las diferencias genéticas, y eso es lo que el equipo de Levett investigará después.

De montañas a cabeceras

El objetivo de la investigación era descubrir nuevas formas de ayudar a las personas a sobrevivir en situaciones donde el oxígeno es limitado... en cualquier ambiente, incluso un hospital. El descenso en los niveles de oxígeno a grandes altitudes es similar al descenso en los niveles experimentados por los pacientes con enfermedades críticas. "Esta información puede ser usada para ayudar a los pacientes", dijo Levett.

Al identificar las diferencias genéticas y fisiológicas para mejorar la supervivencia, los investigadores esperan desarrollar nuevos tratamientos o terapias para los pacientes que padecen de una enfermedad severa.

"La investigación extrema puede ser utilizada para beneficiar el cuidado diario", añadió Imray, cuya investigación se enfoca en el aumento de la sangre en el cerebro a grandes altitudes —ocasionadas por un bajo nivel de oxígeno— lo cual puede ocasionar hinchazón mientras la sangre no logra salir tan rápido como entra.

"Entender esto puede ser utilizado para ayudarnos a manejar las heridas en la cabeza, ya que algunas de las técnicas relevantes a cierta altitud podrían ser relevantes en un paciente que tiene una herida en la cabeza", dijo Imray.

Podría ser el caso que la sorprendente fisiología de los sherpas tenga beneficios para la humanidad mucho más allá de las pendientes del Everest.