Dos hombres diametralmente opuestos: Donald Trump y el papa Francisco. (Crédito: Saul Loeb/Alberto Pizzoli/AFP/Getty Images).

(CNN) – Nadie quiere enredarse con el papa... ni siquiera Donald Trump.

Una de las batallas más inverosímiles que alguna vez ha sacudido una campaña presidencial se produjo el jueves cuando el papa Francisco dijo que Trump "no es cristiano" si quiere construir un muro a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.

Trump, como era de esperarse, atacó de vuelta al afirmar que los comentarios del pontífice eran "vergonzosos".

Pero para el mismo jueves por la noche, el favorito del Partido Republicano hizo algo inusual: le bajó la intensidad de una pelea.

"No me gusta pelear con el papa", dijo Trump en el Foro Presidencial Republicano en Carolina del Sur, organizado por CNN. "Me gusta su personalidad; me gusta lo que representa".

Trump dijo que el papa era una "persona maravillosa" y dijo que la prensa era la responsable del drama de ese día.

"No creo que esta sea una pelea", dijo Trump. "Creo que él dijo algo mucho más suave de lo que fue reportado originalmente por la prensa".

Trump añadió que se reuniría con el papa "cuando él quiera".

Para ser alguien que ha construido una poderosa campaña en torno a confrontaciones con todos, desde la presentadora de Fox News Megyn Kelly hasta su oponente en el Partido Republicano Jeb Bush, el cambio de tono de Trump fue sorprendente.

¿A qué se debe el cambio?

La respuesta obvia es que él no quiere alejara los votantes católicos, quienes componen aproximadamente el 20% del electorado estadounidense y probablemente no quieren ver a políticos pontificando acerca de su papa. Los católicos no solo consideran al papa como el vicario de Cristo, sino también como el sucesor de San Pedro, quien como es bien sabido tiene las llaves del cielo.

Sin embargo, al igual que la mayoría de los papas a lo largo de la historia, Francisco también es un líder político.

Él dirige un estado soberano —El Vaticano— y se reúne regularmente con los poderes mundiales.

Cuando el papa hizo sus comentarios acerca de la posición de Trump sobre la inmigración ilegal, Francisco regresaba de México, donde se reunió con líderes del gobierno, entre ellos el presidente Enrique Peña Nieto.

Y la iglesia Católica Romana, especialmente a través de sus obispos, asume posiciones de política en cuanto a un amplio rango de temas, desde el aborto hasta combatir el virus del zika.

En ese sentido, los comentarios del papa sobre la propuesta de Trump de deportar inmigrantes indocumentados y construir un enorme muro entre Estados Unidos y México no fueron terriblemente sorprendentes.

Los rivales de Trump en la asamblea ciudadana se mantuvieron alejados del revuelo.

Cuando le preguntaron por la controversia en la asamblea ciudadana, el gobernador de Ohio, John Kasich, simplemente dijo que él estaba "a favor del papa".

"Este hombre ha traído más sentido de esperanza y ha hablado más de las cosas que se deben hacer que lo que no se debe hacer", dijo Kasich en referencia al papa. "Él ha sido tan humilde..."

Bush, quien es un católico devoto, no criticó los comentarios del papa. Sin embargo, dijo que personalmente, "no cuestionaría el cristianismo de las personas".

"Creo que esa es una relación que ellos tienen con su Señor y Salvador y consigo mismos. Así que simplemente no creo que sea apropiado cuestionar la fe de Donald Trump", dijo Bush en la asamblea ciudadana. "Él sabe cuál es su fe".