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Paz en Colombia

La familia que no se dejó dividir por el plebiscito

Por Laila Abu Shihab, CNN

Tíos que ya no les hablan a sus sobrinos. Hijos que han peleado con sus madres. Amigos del alma que no se ven desde hace semanas.

Se ha hablado mucho de los efectos políticos, jurídicos y económicos del plebiscito realizado en Colombia el domingo pasado, en el que se invitaba a refrendar o rechazar los acuerdos de paz alcanzados entre las FARC y el Gobierno y que terminó con una muy apretada victoria del no con el 50.21% de los votos, algo que ninguna firma encuestadora predijo y que sorprendió a los mismos promotores de la opción que finalmente obtuvo el triunfo.

Pero se ha hablado poco de las consecuencias sociales que ha tenido, dada la innegable polarización del país. El 63% de los colombianos no se acercaron a votar el domingo, el 19% votó por el no y el 18% restante votó por el sí. Y esa división se ha reflejado con fuerza en los últimos días a través de las redes sociales, que por cuenta del proceso de paz con la guerrilla más antigua de América Latina se han llenado de insultos entre hermanos, entre padres e hijos, entre esposos, entre amigos.

En ese contexto, parecería difícil encontrar una familia en la que conviven dos posiciones políticas opuestas y se debate abiertamente, en un ambiente de respeto. Pero existen. La familia Garzón es una de ellas.

El padre, Angelino Garzón (69 años), es un reconocido líder sindical y político de izquierda y fue uno de los mayores promotores del sí. Y una de sus hijas, Ángela Sofía Garzón (39 años), pertenece al Centro Democrático -el principal partido de oposición en Colombia, liderado por el ex presidente Álvaro Uribe- y por eso apoyó abiertamente el no.

Entre otros cargos, él fue Gobernador del departamento del Valle del Cauca (occidente del país), donde nació, Ministro de Trabajo y el primer vicepresidente de Juan Manuel Santos entre el 2010 y el 2014. Ella, filósofa, se vinculó a la política desde muy joven y militó en el Partido Liberal antes de llegar al Centro Democrático, partido por el que llegó al Concejo de Bogotá, en enero de este año.

Para el exvicepresidente, los acuerdos logrados en La Habana son la mejor manera de avanzar en la reconciliación de Colombia y en la construcción de un país moderno y no violento. Además, cree que estas negociaciones, que se prolongaron por casi cuatro años, han sido las más serias que se hayan llevado a cabo para terminar un conflicto que ya suma más de 50 años y para desarmar a su actor más relevante: la guerrilla de las FARC. “Siempre será mejor tener a exguerrilleros hablando que a guerrilleros disparando”, asegura.

Para la concejal por Bogotá, los acuerdos tenían varios problemas de forma -como el hecho de que para lograr la refrendación se haya reducido el umbral de participación al 13% del censo electoral- y de fondo, sobre todo en lo relativo a los temas de justicia, en los que se planteaba una amplia amnistía para los guerrilleros. “Queremos paz, pero no la queremos así”, dice. 

Él hizo campaña por el Sí asistiendo a diversos foros y dictando conferencias en su tierra natal y ella, desde Bogotá, fue la encargada de pedirle al alcalde Enrique Peñalosa que no usara recursos públicos en la campaña del sí y organizó decenas de reuniones con líderes políticos de la ciudad para promover el voto negativo en el plebiscito.

“Quisiera que hubiera más familias que fueran como la mía. Sé que en el ambiente actual de polarización abundan las ofensas y las agresiones, pero mi familia es un ejemplo de respeto de posiciones muy distintas. Yo nunca peleo con mi papá por cuestiones políticas, siempre hablamos con tranquilidad del tema”, le explicó Ángela Garzón a CNN.

Se podría pensar que para lograrlo los miembros de esa familia evitan las discusiones sobre política en casa, vetan esos temas. Pero este no es el caso. “Él fue el primero en conocer mi decisión cuando decidí entrar al Centro Democrático y siempre le dije abiertamente lo que pensaba sobre los acuerdos de paz con las FARC y el plebiscito, le mostré mis críticas. Él siempre me escucha y respeta que piense distinto”, agrega Ángela.

Para ella eso es posible porque fue educada con mucha libertad e independencia. “A mí me enseñaron que el diálogo es la solución a todos los conflictos, por eso siempre hubo conversaciones muy ricas e interesantes en el seno de mi familia, en las que cabían todas las opiniones y tendencias. A mí me enseñaron a pensar por mí misma, a argumentar todo”, dice.

Una educación heredada, si se quiere, porque la madre de Angelino Garzón era una ferviente conservadora que siempre respetó que su hijo fuera comunista, aunque no lo compartiera.

Según el exvicepresidente, la clave está en no tratar de convencer al otro. Está en escucharlo y comprender que tiene derecho a pensar distinto. “Desde que mis hijas eran niñas y yo era militante del Partido Comunista, jamás pretendí que siguieran mis ideas y pensaran como yo. Siempre respeté su derecho a opinar políticamente”, le dijo a CNN desde Cali, donde vive actualmente.

 

“Siempre hemos respetado la unidad en la diferencia, no es la primera vez que tengo diferencias con Ángela. En ese sentido se repite mi historia con mi madre, ella siempre respetó que yo fuera comunista, aunque no estuviera de acuerdo con eso. Tan buena era nuestra relación que yo quería más a mi mamá que a los dirigentes del Partido Comunista. Y pasa lo mismo con mi hija, la quiero y admiro mucho y la apoyo en su labor como concejal de Bogotá, aunque sea en un partido cuyas ideas políticas no van conmigo”, afirma.

Lo importante, recalca, son los valores con los cuales trabaje. “Ángela tiene antes que nada a un papá que está para ella en cualquier momento, no a un activista político. Y al revés. Ojalá esto sirviera de ejemplo para más familias y en ese sentido para la sociedad, porque el respeto por la diferencia nace de ahí, de la familia", dice.

Aunque hoy Ángela vive en Bogotá y Angelino en Cali, ellos hablan por teléfono todos los días. Y lo primero que hizo ella al conocer los resultados del plebiscito, el domingo pasado, fue llamar a su padre. Ángela estaba en el municipio de Rionegro, acompañando al senador y expresidente Álvaro Uribe, líder del Centro Democrático y de la oposición al Gobierno de Santos y a los acuerdos logrados en La Habana.

“Voté en Bogotá y viajé luego a Antioquia. Mi relación con mi papá es muy cercana y nuestro diálogo tan fluido que apenas supe los resultados lo llamé y Uribe me dijo que también quería hablar con él. Mi padre estaba muy sorprendido, no esperaba que el sí perdiera, pero tiene claro que ahora lo clave es tender puentes, trabajar juntos. Todos queremos que el acuerdo de paz pueda ser una realidad, pero que le sirva a Colombia, porque yo creo que tal como estaba firmado era peor para el país”, explica ella.

Los resultados tomaron por sorpresa al exvicepresidente pero, como él mismo dice, “el 3 de octubre la vida continuó y nuestra relación siguió intacta”.

Para ambos, la paz del país no se logra firmando un acuerdo en La Habana sino en el día a día, en la forma en que tratamos a nuestros familiares, vecinos y amigos. “Uno no puede pedir paz si insulta al otro porque piensa distinto. Hay que desarmar la palabra”, sentencia Ángela.

 

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