(CNN Español) – Agresivos, obscenos, irrespetuosos, abusivos e intimidantes: así se pueden describir muchos de los piropos que las mujeres oyen en la calle cuando van caminando. Una práctica común en los países latinoamericanos, pero que no deja de ser incómoda para quien la recibe e incluso se considera acoso callejero. Para hacerle frente a esta situación, en Timbío (Cauca), un pueblo de Colombia, decidieron decirle ‘no más’ a los piropos “soeces” y “groseros”, según explicó a CNN en Español su propio alcalde, Libardo Vásquez. Y con decreto de por medio.

“Se tomó la determinación de prohibir los piropos soeces, groseros, los que ofenden a las damas. Obviamente, la otra clase de piropos galantes no tienen nada que ver con la decisión”, añadió el mandatario. El decreto, que fue firmado el pasado 25 de noviembre durante el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, busca ser más pedagógico y de prevención que sancionatorio.

En seis lugares del municipio de Timbío se ubicaron señales que invitan a reflexionar sobre los piropos subidos de tono. “Un galán no acosa a las mujeres en la calle, sino que hace de Timbío un espacio seguro para ellas”, se lee en uno de los letreros. “Hemos colocado los mensajes en los sitios estratégicos donde las mujeres nos dijeron que se sentían más acosadas, como una especie de señalización, para concientizar a los hombres de que cuando vayan a tirarle un piropo a una dama sea de una manera agradable y no ofensiva”, señaló el alcalde.

Así, el decreto dispone acciones para “reflexionar acerca de la aceptación y repetición del lenguaje cotidiano que reproduce la desigualdad y de ciertas prácticas que por repetidas, han normalizado y trivializado las violencias contra las mujeres, presentándolas como galantería, humor o derecho de los hombres”. Por eso, prosigue el documento, se dispone implementar el uso de un lenguaje “ de equidad y respeto hacia todas las mujeres y niñas del municipio”.

Sin embargo, la polémica no se ha hecho esperar. Muchos han considerado el decreto como algo extremo y, según Libardo Vásquez, otros alcaldes le han hecho el chiste de que en Timbío ya no se podrá “ir a enamorar”. Pero el mandatario insiste en que se trata “de prevención contra el maltrato a la mujer" porque “el piropo abusivo es acoso callejero y hay que evitar eso”. Incluso, señaló que la práctica está arraigada, pero que las mujeres de Timbío dijeron no más y se implementó la medida. Justamente, “lo que tú llamas piropo es acoso callejero” es el nombre de la iniciativa.

Además, a partir de diciembre se impartirán una serie de capacitaciones libres sobre prevención de violencias de género y enfoque diferencial para consolidar la medida y que no se quede en el tema únicamente de la “prohibición”. Según consta en el decreto, la idea es hacer de Timbío “el primer municipio de Colombia libre de acoso callejero contra las mujeres”.

¿Qué tan efectiva puede ser la medida?

Para Catalina Ruiz-Navarro, experta en temas de género, columnista y codirectora de proyecto feminista (e)stereotipas –que usa la estética pop, el humor y los múltiples espacios que abren las tecnologías digitales para comunicar las ideas feministas–, las medidas para reducir el acoso callejero deben ser culturales y no penales. “Es imposible coger y meter a la cárcel a todos los tipos que te dicen o que te gritan cosas que tu no quieres que te griten”, explicó a CNN en Español. Además, porque considera que eso sería poner en un problema al lenguaje.

Sobre la campaña que adelantan en Timbío, aseguró que le “gusta la idea de decirles a los hombres que hagan un espacio seguro para las mujeres”. Ruiz-Navarro consideró que muchas iniciativas de este tipo han fallado porque se dirigen a los agresores en primera instancia, entonces “es clave” arrancar por otro enfoque como en el caso del municipio. Sin embargo, recordó que la calle no es el único lugar donde las mujeres se sienten atemorizadas: no es sólo el acoso callejero, ahí es donde menos grave es, también está el acoso en las escuelas, en las casas, la violencia doméstica”.

Incluso, Ruiz-Navarro fue más allá y reveló que la campaña de Mi Primer Acoso, una gran tendencia en redes sociales en la que muchas mujeres latinoamericanas compartieron el pasado abril cómo se sintieron vulneradas o acosadas por primera vez, “nos mostró que todas las mujeres latinoamericanas hemos sido acosadas y ese acoso comienza a los 5, 7 u 8 años”.

La diferencia entre un elogio y una agresión

Para empezar habría que diferenciar qué es acoso y que no. Catalina Ruiz-Navarro explicó que “la diferencia entre un piropo o cumplido y el acoso callejero es que el cumplido tiene como objetivo que la persona que lo reciba se sienta bien con ella misma”. Es decir, se puede halagar a alguien por lo que hace, lo que le gusta, “es algo que yo sé que te va a hacer sentir bien si te lo digo. Pero cuando un tipo me grita por la calle ‘¡qué tetas!’ a mí no me está haciendo sentir bien, me está haciendo sentir intimidada”, señaló.

Y agregó que aquí también entra el tema de las “ formas de acoso que no tienen ninguna connotación sexual directa pero que uno sabe que sí”, como “si me gritan ‘angelito caído del cielo’”.

¿Qué ha pasado en otros lugares?

En Bélgica, los piropos están prohibidos por ley (bajo la Ley para la lucha contra la discriminación entre hombres y mujeres) y tienen sanción. En 2014, el Senado de este país aprobó el proyecto que incluye penas de hasta un año de cárcel y multas de entre 50 y 1.000 euros por comentarios sexistas en el espacio público.

En México, durante mayo pasado, un grupo de cuatro mujeres buscó impedir el acoso sexual en las calles enfrentando a sus acosadores y registrándolo en video. 'Las Morras', el colectivo que lidera esta iniciativa, aseguró que su intención es abordar los problemas sociales que enfrentan las mujeres jóvenes en la sociedad alzando la voz. Dos de ellas salieron a caminar por las calles de la capital y grabaron su recorrido para demostrar que el acoso sexual es persistente.

Además, hay una línea muy delgada también con el acoso sexual. Por ejemplo, en el estado de Nueva York, en Estados Unidos, una persona lo comete cuando “él o ella acosa intencional y repetidamente a otra persona al seguirla en o alrededor de un lugar público, al asumir una conducta repetitiva o al cometer repetidamente actos que provocan a una persona un temor racional a sufrir daño físico”, dice la ley.

En California, por otra parte, “no se considera que un ‘piropo’ sea un delito. Si existe una amenaza real o contacto inapropiado, desde luego hay más opciones para actuar”, aseguró a CNN la teniente Karen Stubkjaer del Departamento del Sheriff de San Diego en un correo electrónico.