(CNN) - De Los Ángeles a París, cada vez son más frecuentes las clases de yoga en azoteas de edificios. Pero algunas son más espectaculares que otras.

¿Qué tal hacer yoga mientras se tiene una vista panorámica de Londres en la terraza al aire libre del último piso de The Shard, un rascacielos cubierto de vidrio de 72 pisos?

En Londres, los habitantes y los viajeros pueden disfrutar de clases de yoga en las locaciones más increíbles.

“Es una oportunidad para que los que no son aficionados al yoga mantengan su rutina fitness y al mismo tiempo experimenten y sientan la ciudad”, dice la fundadora de Fat Buddha Yoga, Jessica Skye.

La marca realiza clases entre semana en diferentes lugares, como el bar Queen of Hoxton del barrio de Shoreditch, el preferido de los hipsters en Londres, o como el Campus de Google, escondido detrás de las altas torres del distrito tecnológico de Old Street.

En algunas ocasiones, incluso, los recién llegados a Londres no necesitan mirar más allá del Hotel Shangri-La, en el interior de The Shard, el edificio más alto del Reino Unido con 309 metros.

“Quería alejarme de la típica flor de loto, de las energías hippies y algo tontas del yoga”, Skye, de 28 años. “Solo quería algo que fuera un poco más irónico”.

La misma Skye, una “no-yogi”, se apasionó por el yoga tras un accidente en moto que sufrió el primer día de una travesía de dos meses por Bali, y que prácticamente la inmovilizó en tumbonas en la playa durante todo el viaje.

No se necesita ser experto en yoga para tomar las clases que se ofrecen en las terrazas de varios edificios alrededor del mundo.

No se necesita ser experto en yoga para tomar las clases que se ofrecen en las terrazas de varios edificios alrededor del mundo.

“Siempre he sido alguien que necesita moverse y salir, así que encontré las clases de yoga por puro capricho y lo intenté”.

Un vacío en el mercado

“Hay un vacío en el mercado para las personas que no son aficionadas al yoga pero también quieren conocer lugares agradables cuando viajan”, dice Skye, quien lanzó su empresa de clases de yoga tras renunciar a un trabajo en la prensa deportiva.

Landing Forty Two (Aterrizando en el 42), como sugiere el nombre, está en el piso 42 del rascacielos The Leadenhall Building. Es una de las locaciones más populares de las clases de Fat Buddha Yoga, que “se agotan en minutos”, sobre todo entre los locales que quieren tener un acceso único a las vistas panorámicas que ofrece.

“Mucha gente nunca ha estado en Landing Forty Two. No es un edificio abierto al público”, explica Skye. “Incluso con lugares como el Hotel Hoxton (uno de los hoteles más chic del este de Londres) pasa que muchas personas caminan frente a la entrada pero nunca han estado adentro”.

Esta es la vista que se puede tener de Londres cuando se hacen clases de yoga en el rascacielos de 72 pisos The Shard.

Esta es la vista que se puede tener de Londres cuando se hacen clases de yoga en el rascacielos de 72 pisos The Shard.

Con una altura de 225 metros, el Leadenhall está en el corazón del distrito más comercial de Londres y ofrece vistas sobre el sur y el oeste de la ciudad, hacia el río Támesis, y sobre los más populares puntos turísticos. Este escenario ofrece “una experiencia increíble, sobre todo en el atardecer”, asegura Skye.

“De alguna manera, te sientes lejos de la ciudad. No dejas de escuchar el murmullo de la ciudad, pero es una experiencia muy agradable”.

Cuando se lanzó la empresa, en el 2013, atraía sobre todo a jóvenes urbanos, pero a medida que las clases comenzaron a ser más atrevidas y distintas, se diversificó su público.

Lugares como The Shard y el Leadenhall también proveen calor y protegen del implacable clima de Londres.

Además, la naturaleza emergente de las clases de yoga atrae a empresarios jóvenes que “solo quieren olvidarse del trabajo por una hora”, afirma Skye.

Pero al final, resultan ser una excelente forma de ver y conocer una ciudad.

Gurú con vista

Skye no es la única que ofrece clases de yoga como experiencias en paisajes urbanos.

Para una opción al aire libre y en verano está la terraza del restaurante Madison, en el este de Londres, desde la cual se puede ver la Catedral de San Pablo cuando se hace la posición de loto.

Más allá de ser un observatorio privilegiado de la ciudad, “la gente realmente disfruta lo dinámicas que son las clases, la música funk y las corrientes de energía”, dice la instructora de yoga Sophie Dear, quien dirige las clases de verano en el Madison. “Creo que obviamente a la gente le encanta hacer yoga en un lugar tan especial, pero también hacerlo afuera, mientras respira el aire fresco de la mañana”.

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El Hotel James de Nueva York funciona como azotea de yoga durante los meses de calor. Entonces, el lujoso bar del hotel de cinco estrellas se decora con esteras para hacer yoga, desde las cuales se tienen vistas panorámicas sobre el bajo Manhattan.

También está el IRIS: Your Escape, que es la sede del festival anual de yoga más grande de Hong Kong y ofrece clases de yoga con el paisaje urbano de la ciudad como telón de fondo.

Las clases de yoga en las azotes de las grandes construcciones también se pueden tomar en Dubai, en el lujoso hotel Torres Emirates Jumeirah, donde el clima frío nunca es un problema.