(CNN) - Después de expresar su preocupación por la filtración por parte de WikiLeaks de documentos que supuestamente ponen de manifiesto las técnicas de vigilancia de la CIA, el secretario de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, rápidamente mezcló su mensaje con líneas de carácter político.

Spicer conectó el último documento de WikiLeaks con los esfuerzos de vigilancia durante el gobierno de Obama, días después de que el presidente Donald Trump acusara sin pruebas al exmandatario Barack Obama de intervenir los teléfonos del entonces candidato republicano durante la campaña de 2016.

Y luego forzó su argumento diciendo que había un "doble estándar" cuando se trata del nivel de indignación provocada por diferentes filtraciones.

La Casa Blanca se quejó en repetidas ocasiones de que se dedicaba demasiada atención pública y política a la investigación sobre los contactos entre funcionarios de la campaña de Trump y presuntos agentes rusos y no la suficiente a las filtraciones de información confidencial.

"Es interesante ver cómo hay una especie de doble estándar cuando se producen las filtraciones, cuánta indignación hay", dijo.

Spicer transmitió la "preocupación" de Trump sobre las filtraciones y dijo que los estadounidenses deben estar "indignados" por la revelación de la información clasificada.

"Este es el tipo de revelación que socava nuestro país, nuestra seguridad y nuestro bienestar", dijo Spicer.

Sus comentarios llegaron cuando se enfrentó a preguntas acerca de un doble discurso por parte del presidente en la condena de esta filtración, mientras que alabó la publicación de correos electrónicos por parte de WikiLeaks relacionados con su rival Hillary Clinton durante la pasada campaña.

"¡Me encanta WikiLeaks!" Proclamó Trump mientras leía ante una multitud de simpatizantes correos electrónicos hackeados.

Spicer dijo el miércoles que hay una "enorme, enorme diferencia" entre las dos revelaciones.

Durante la campaña, Trump alabó repetidamente a WikiLeaks por la publicación de correos hackeados al presidente de la campaña de Clinton, John Podesta, varios de los cuales retratan a la candidata demócrata de forma desfavorable. La comunidad de inteligencia de Estados Unidos concluyó que esos correos electrónicos fueron hackeados y publicados por WikiLeaks por la intermediación de fuentes rusas, como parte de una campaña para herir a Clinton.

Trump también aplaudió el hackeo al Comité Nacional Demócrata y minimizó la gravedad de otros casos relacionados con las elecciones, e instó a Rusia a encontrar y liberar los 33.000 correos electrónicos supuestamente borrados del servidor de correo electrónico privado que Clinton utilizó mientras era secretaria de Estado.

La decisión de Spicer de mezclar la política con su condena de la última filtración de WikiLeaks rompió con el enfoque de sus predecesores, que se pegaron a su papel de manifestar la preocupación del gobierno sobre las mismas, sin trazar cuestiones de carácter político.

En 2010, cuando WikiLeaks publicó cables diplomáticos clasificados, Robert Gibbs dijo:

"Con la filtración de documentos robados y clasificados, WikiLeaks ha puesto en riesgo no sólo la causa de los derechos humanos, sino también la vida y el trabajo de estas personas", dijo Gibbs, sin ahondar en ningún debate político. "Condenamos en los términos más enérgicos la divulgación no autorizada de documentos clasificados y de información sensible para la seguridad nacional".