Buenos Aires (CNNMoney) - Es el mayor escándalo global de corrupción de la historia moderna. Su red de sobornos se extendió por cuatro continentes, salpicó a presidentes e involucró a 12 países.

También provocó la mayor multa jamás emitida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos: 3.500 millones de dólares.

En el centro de este escándalo está una empresa que pocos en Estados Unidos conocen: Odebrecht.

Con sede en Brasil, Odebrecht es la mayor constructora de América Latina. Distribuyó casi 800 millones de dólares en sobornos a individuos entre 2001 y 2016. Algunos de esos sobornos se filtraron a través de Estados Unidos.

Los investigadores están determinando si los sobornos se extendieron a contratos de construcción para los Juegos Olímpicos de Río-2016 y la Copa Mundial de Fútbol del 2014.

Algunos expresidentes latinoamericanos enfrentan posibles penas de prisión por supuestamente estar involucrados en los sobornos y el paradero de uno de ellos, incluso, en este momento es desconocido.

Este mes, un juez de Estados Unidos determinará si Odebrecht debe pagar una multa récord anunciada en diciembre, que podría ascender a 4.500 millones de dólares.

Odebrecht, que se declaró culpable, dice que no puede pagar esa cantidad.

La mayoría de sus sobornos fueron pagados para obtener contratos de gobiernos para construir carreteras, puentes, represas y autopistas.

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Los funcionarios de Odebrecht enviaron dinero en efectivo a todo el mundo, de una cuenta bancaria fraudulenta a otra, en dirección a bolsillos de políticos de una docena de países, entre ellos México, Venezuela, Colombia, Argentina, Perú y Mozambique.

Los sobornos a veces pasaban por hasta cuatro cuentas bancarias fantasma antes de llegar al destino final, según el acuerdo del culpabilidad de la firma con funcionarios de Estados Unidos.

La multa —coordinada por Estados Unidos, Brasil y Suiza— es solo el inicio de los problemas financieros de Odebrecht. Varios países latinoamericanos están abriendo sus propios casos y podrían emitir más multas.

“Este caso es la investigación más importante y trascendental de crímenes de corrupción en la historia de la región”, dijo a CNNMoney Sergio Rodríguez, fiscal federal argentino que investiga a Odebrecht.

Los primeros signos de soborno surgieron hace tres años en una investigación brasileña llamada Operación Lava Jato, que llevó a la detención de un ejecutivo de Petrobras, la petrolera estatal brasileña.

Petrobras también desempeñó un papel destacado en el mercado de sobornos.

La investigación de corrupción a través de Petrobras y Odebrecht ha llevado a prisión a los políticos y empresarios más prominentes de Brasil. Y el escándalo es una razón central por la cual Brasil está en su peor recesión en la historia.

El ejecutivo de Petrobras también dio nombres en un acuerdo de declaración de culpabilidad. Los investigadores descubrieron luego que Odebrecht replicó su modelo de soborno en la mayor parte de América Latina y África.

El caso continúa retumbando globalmente.

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En marzo pasado, el presidente de Colombia Juan Manuel Santos admitió que su campaña de reelección en el 2014 aceptó una donación de Odebrecht. Santos dijo que no tenía conocimiento de su origen y pidió una investigación. Odebrecht recibió contratos de obras públicas del gobierno colombiano.

En febrero, la policía peruana allanó la casa del expresidente Alejandro Toledo por presuntamente aceptar un soborno de Odebrecht. Toledo negó los cargos a través de Twitter, pero ha desaparecido; se cree que está en Estados Unidos, y podría enfrentar una pena de prisión.

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, enfrenta la posibilidad de ir a la cárcel por presuntamente aceptar que Odebrecht pagara el alojamiento de su familia durante unas vacaciones. Su sucesora, la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, fue destituida el año pasado por otros cargos, aunque el escándalo de corrupción masivo pesó sobre su salida del cargo.

La semana pasada, el expresidente de la Cámara de Representantes de Brasil, Eduardo Cunha, fue condenado a 15 años de prisión por tres cargos, entre ellos sobornos de lavado de dinero que involucraron a Petrobras, Odebrecht y a políticos.

El actual presidente de Brasil, Michel Temer, perdió a cinco de sus funcionarios desde que asumió el poder, en mayo del 2016. Muchos de ellos renunciaron después de que surgieron las acusaciones de soborno relacionadas con Odebrecht.

El expresidente ejecutivo de la empresa, Marcelo Odebrecht, fue condenado a 19 años de prisión hace un año.

En Argentina, el fiscal federal Rodríguez está comenzando a investigar 35 millones de dólares en sobornos de Odebrecht a los intermediarios que supuestamente dieron el dinero a los líderes del gobierno argentino. Dice que no sabe cuántas personas están involucradas o cuánto tiempo tomará el caso.

Y aquí no termina la historia. Se esperan más cargos en toda América Latina.

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La constructora brasileña Odebrecht fue acusada de pagar millones de dólares en sobornos a cambio contratos de construcción en al menos 12 países, según un informe del Departamento de Justicia de Estados Unidos. (Crédito: YASUYOSHI CHIBA/AFP/Getty Images)

Para obtener menores penas de prisión, los funcionarios de Odebrecht lograron acuerdos por declararse culpables y dar nombres y detalles sobre la magnitud del esquema de sobornos, durante testimonios a puerta cerrada.

Gran parte de sus testimonios aún están sellados, pero las filtraciones han revelado pistas sobre lo que está por venir.

Se cree que muchos más líderes de gobierno de todo el continente estarán en problemas cuando el testimonio completo se haga público, en unos meses.

“Potencialmente, los tentáculos llegan más profundo en el gobierno brasileño”, dice Kathleen Hamann, abogada de la firma Pierce Atwood y exfuncionaria del Departamento de Justicia de Estados Unidos, especializada en prácticas corruptas en América Latina. “El impacto interno es potencialmente muy grave”.

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Ningún líder parece estar inmune a la investigación en América Latina, una región que durante mucho tiempo ha tenido una alta tolerancia a la corrupción.

La diferencia esta vez radica en dos cosas:

1. El alcance y tamaño sin precedentes del caso

2. Una ley clave aprobada en algunas naciones latinoamericanas llamada “responsabilidad corporativa”.

La responsabilidad corporativa significa que es más fácil para los investigadores hallar culpable a una empresa en lugar de a sus empleados individuales. Eso aumenta la voluntad de una empresa de cooperar y seguir las reglas, porque los accionistas de la compañía quieren asegurarse de no perder su dinero.

Sin embargo, los fiscales se enfrentan a un problema difícil: podrían arriesgar los empleos de miles de trabajadores si Odebrecht se declara en bancarrota debido a una avalancha de multas, dicen los expertos.

No son solo sus propios empleados. La compañía hace negocios con muchas otras empresas en Latinoamérica que dependen de los negocios de Odebrecht.

Con las economías de muchos países luchando por crecer, especialmente Brasil, con un desempleo récord, el deseo de los fiscales de proteger a los trabajadores podría permitir que Odebrecht sobreviva.

“Nadie quiere que Odebretch se quiebre... el gobierno quiere preservar puestos de trabajo”, dice Alexandre García, director asociado de Fitch Ratings en Brasil. ¿Sobrevivirá? “Bueno, sí, pero la supervivencia no significa que no saldrá de esto más pequeña”.