(CNN) - Intentemos desenredar esto.

Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (suníes, aliados de Estados Unidos y monarquías conservadoras) lideran una campaña para aislar a su vecino Qatar (suní, aliado de Estados Unidos y monarquía conservadora). ¿La razón? Que Qatar, dicen, “apoya varios grupos terroristas y sectarios con el objetivo de desestabilizar la región”.

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Al mismo tiempo, solo para complicar las cosas aún más, el presidente de Estados Unidos Donald Trump parece echar su suerte con Arabia Saudita al haber tuiteado que espera que el aislamiento de Qatar pueda apresurar “el inicio del fin del horror del terrorismo”.

Esto lo tuiteó aún sabiendo que Qatar alberga una gran base aérea de Estados Unidos como sede de la lucha aérea contra ISIS.

Y luego ISIS dijo estar detrás de los ataques terroristas que mataron 12 personas en Teherán. Y la Guardia Revolucionaria de Irán culpó a los saudíes.

Nada de esto parece tener sentido. Pero todos estos eventos pueden ser vistos a través del prisma de un problema mucho más grande: la superioridad regional, la guerra contra el terrorismo y la desconfianza sectaria entre los seguidores suníes y chiitas del islam. Y los principales beligerantes: Irán y Arabia Saudita.

Un emirato volátil

A juzgar por las apariencias, para Riad y sus amigos poner a un compañero del Consejo de Cooperación del Golfo bajo asedio es extraño si su enemigo real es Irán. Pero la rabia saudí, compartida por Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Egipto, está dirigida a la política exterior volátil e independiente de Qatar, que incluye relaciones cordiales con la república islámica al otro lado del golfo.

Qatar no está completamente solo. Turquía ha tomado rápidamente una decisión de apoyar el despliegue de tropas a Qatar. Todo esto como parte de un acuerdo bilateral pero ampliamente interpretado como una muestra de apoyo.

¿Por qué Qatar quiere seguir llevándose bien con Irán? En parte por el gas. Los dos países comparten un gran campo junto al Golfo Pérsico. Kuwait, que está ahora tratando de mediar en la pelea arábica, también comparte recursos petroleros con Irán.

Los saudíes y sus aliados en los emiratos también ven a Qatar como promiscuo: ha coqueteado con Israel, abrazado a la Hermandad Musulmana y le ofreció refugio al grupo radical palestino Hamás, todo eso usando el alcance panárabe de la cadena de noticias al Jazeera para transmitir su perspectiva.

Ciertamente hay más en juego que la idiosincracia de la dinastía al-Thani en Qatar.

Para los saudíes y los egipcios —e irónicamente incluso para los israelíes— la Hermandad Musulmana está intrínsecamente vinculada con Hamás, e incluso con al Qaeda. Y ellos ven elementos radicales en Irán al mantener vivos a esos grupos militares suníes —en una cínica ganga faustiana— a pesar de que Irán es chiita.

Las autoridades saudíes recuerdan amargamente cómo Irán le proporcionó refugio a altas figuras de al Qaeda luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre, incluso aunque el grupo terrorista lanzara ataques en el reino.

Un exmiembro de al Qaeda, que fue cercano a varias personalidades del grupo antes de los ataques del 11S, le dijo a CNN que muchos musulmanes creen que ellos están en la mitad de un conflicto generacional por el alma del islam.

Es un fantasma que ha perseguido a los regímenes árabes durante décadas, desde el derrocamiento del Shah de Irán en 1980. El expresidente de Egipto, Hosni Mubarak, habló hace una década de “la mano de Teherán que se mueve con facilidad en toda la región, desde el golfo hasta Marruecos”, según cables diplomáticos de ese momento.

Esta confrontación se ha profundizado aún más con la guerra civil Siria. El ascenso de ISIS y el rol prominente de Irán —tanto en Iraq como en Siria— ha redibujado el balance de poder en el Medio Oriente. Un alto militar de Jordania, el general Mahmoud Freihat, dijo recientemente que Irán estaba tratando de esculpir un “cinturón de tierra” entre su territorio y el Líbano, justo en medio de Iraq y Siria, en parte motivado por un temor real de ISIS.

Justo la semana pasada, una milicia proiraní se apoderó de una ciudad iraní (Baaj) que estaba bajo el poder de ISIS, mientras que sus camaradas al otro lado de la frontera de Iraq con Siria trataron de atacar una base de Estados Unidos, que apoyaba a rebeldes sunitas moderados.

La horrible guerra y la catástrofe humanitaria en Yemen es otro ejemplo de este gran problema. En este país, donde alguna vez la identidad sectaria era menos importante que la izquierda y la derecha, su minoría chiita —los Houthis— se aferró al poder en una parte del país bajo bombardeos de EAU y de Arabia Saudita, mientras que al Qaeda prosperaba en otra. Los saudíes, predeciblemente, acusaron a Irán de armar a los Houthis; e Irán, predeciblemente, negó las acusaciones.

¿Por qué ahora?

¿Por qué esta animosidad de larga data irrumpió justo ahora? Primero, según algunos reportes, Arabia Saudita se enfureció por un acuerdo de rescate complicado que Qatar hizo en abril para asegurar la liberación de cerca de 30 prominentes ciudadanos qataríes detenidos en Iraq.

Los términos de ese trato no se conocen, pero se cree que tanto Irán como los grupos jihadistas en Siria se vieron beneficiados por el acuerdo.

El primer ministro de Iraq Haider al-Abadi dijo que maletas cargadas con cientos de millones de dólares fueron incautadas de un avión privado de Qatar en Bagdad. El ministro de exteriores de Qatar insistió que su gobierno “no negoció con grupos armados por fuera de la autoridad del Estado iraquí”; Riad dice que no le cree.

Luego llegó el supuesto infame ataque de la agencia de noticias qatarí el 23 de mayo, y la plantación de un reporte citando al Emir diciendo que “no hay sabiduría en albergar hostilidad hacia Irán”. Los medios saudíes y de EAU hicieron el reporte.

Pero parte de la respuesta puede estar a un hemisferio de distancia, justo en Washington. A los saudíes no les gustaba o no confiaban en el gobierno de Obama, especialmente luego de que tirara por la borda a su gran aliado, Hosni Mubarak en 2011 e hiciera un acuerdo nuclear con Irán en 2015. Había un sentimiento de que a medida que Estados Unidos se movía hacia la independencia energética, le importaría menos el Golfo.

Entonces la generación más joven de decisores de Riad establecieron una política exterior mucho más asertiva, que incluía poner a Qatar en su lugar.

Para algunos analistas, la reciente visita del presidente Trump a Arabia Saudita solo estimuló aún más esta audacia contra Qatar e Irán.

“Su abierta acogida a las facciones de línea más dura en el reino enviaron una señal a Teherán de que sin importar sus políticas, Estados Unidos no respondería a los cambios en Irán”, como por ejemplo la reelección del presidente Hassan Rouhani, dijeron Dina Esfandiary y Ariana M. Tabatabai en la revista Foreing Affairs.

Mientras estuvo en Riad, Trump dijo en una reunión de líderes de Estado árabes que Irán era la fuente principal de inestabilidad en la región, proporcionando a los grupos terroristas "un puerto seguro, respaldo financiero y la posición social necesaria para el reclutamiento".

Lo que nos trae al ataque terrorista de este miércoles en Teherán. Para ISIS, que reclamó la responsabilidad en un comunicado y en un video, es un golpe simbólico al corazón del la oscuridad “Safavid” (un término despectivo para los iraníes).

Por su parte, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán dijo que el ataque fue “perpetrado poco después de la reunión del presidente de Estados Unidos con el jefe de uno de los estados regionales reaccionarios que siempre han apoyado terroristas ‘Takfiri’”, es decir, Arabia Saudita.

Y así se sigue agregando más combustible a un pozo de fuego.