(CNNMoney) - China está devorando los grandes negocios de semillas para satisfacer su creciente apetito por las empresas de alimentos.

Hace dos semanas, la compañía estatal ChemChina concluyó su compra por 44.000 millones de dólares al gigante suizo de pesticidas y semillas Syngenta. Esta es la adquisición extranjera más grande que ha hecho China en toda su historia.

Este martes, la multinacional química Dow Chemical anunció que un fondo para agricultura –respaldado por el gobierno chino– pagará 1.100 millones de dólares por obtener sus semillas de maíz brasileño y su investigación empresarial.

Las firmas chinas gastaron 91.000 millones de dólares durante la última década comprando cerca de 300 compañías en los sectores de agricultura, químicos y alimentos, según la plataforma de mercados financieros Dealogic.

Pero ¿ a qué se debe esta masiva ola de gastos?

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China está obteniendo un control cada vez mayor sobre la producción de maíz en Brasil.

Seguridad alimentaria

Los expertos aseguran que las compras obedecen a un plan de China para mejorar su capacidad  a la hora de suministrarle alimentos a su población, que ya está cerca de alcanzar los 1.400 millones de personas.

A medida que han mejorado las condiciones de vida de los ciudadanos y las personas exigen más productos de carne, el país necesita contar con una oferta creciente de alimento animal.

Pero China también enfrenta desafíos muy grandes: una mano de obra agrícola que envejece, la contaminación, el cambio climático y los altos niveles de agotamiento del suelo, según explicó Rob Bailey, experto en seguridad alimentaria del Instituto Chatham House.

Las granjas del país también sufren bajas rentabilidades debido a prácticas agrícolas obsoletas, indicó Brett Stuart, director ejecutivo y cofundador de Global AgriTrends.

Las últimas compras de semillas muestran que China quiere adquirir el conocimiento científico necesario para mejorar los rendimientos de sus cosechas domésticas, argumentó Stuart.

“Están tratando de adquirir conocimiento”, apuntó. “Creo que estos movimientos solo prueban que están tratando de hacer todo lo que pueden por lograr una autosuficiencia alimentaria... No hay suficiente comercio de comida en el mundo para salvarlos si fracasan”, insistió.

Todos los países tratan de protegerse contra la escasez de alimentos.

Pero el tema es especialmente delicado en China, que sufrió severos desabastecimientos de alimentos durante la política de ‘El Gran Salto Adelante’ de Mao Zedong, que comenzó a finales de los años 50.

Los historiadores señalan que decenas de millones de personas murieron por no comer durante esa hambruna, que sigue siendo un tema tabú en China.

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Interés nacional

Las compras chinas responden a un interés nacional, pero también hay preocupaciones sobre cómo los países y las compañías podrían responder ante una crisis alimentaria moderna.

“Los países se preocuparán cada vez más por asegurarse de seguir teniendo acceso a suministros de alimentos, en caso de que haya una gran escasez”, advirtió Bailey.

Muchas de las empresas chinas que están comprando negocios de alimentos están respaldadas por el gobierno. Dado el panorama de una carencia de alimentos existiría el riesgo de que las compañías, en lugar de cumplir con los contratos de trabajo, “se enfoquen en devolverle la comida al mercado interno”, dijo Bailey.

Las preocupaciones de seguridad nacional se plantearon en 2013, cuando la corporación china Shuanghui International compró la empresa estadounidense de productos de cerdo Smithfield Foods y la producción de cerdo en este último país no sufrió ninguna alteración dramática ni los suministros de Estados Unidos se desviaron a China, según Stuart.

“A medida que China siga adquiriendo más y más activos agrícolas afuera de China, entonces eso se puede convertir en una preocupación”, añadió.

China no es el único país que está trabajando en fortalecer su capacidad agrícola. Países como Arabia Saudita y Japón también han ido comprando negocios relacionados con la cadena mundial de abastecimiento de alimentos, pero sus medidas no tienen un perfil tan alto como las de China, aseguró Bailey.