Nota del editor: Esta pieza fue publicada originalmente en CNN.com luego de la devastación de Harvey y fue actualizada para reflejar los desafíos que también enfrentarían los sobrevivientes del huracán Irma.

(CNN) - La reconstrucción no es un proceso glamuroso, pero sí muy difícil. Dos huracanes masivos, Irma y Harvey, han pasado por Estados Unidos y el camino que viene para los sobrevivientes podría durar varios años, con innumerables preguntas y desafíos.

La única manera de saber realmente cómo es este viaje es escuchar las experiencias de otras personas que han salido adelante después de una catástrofe similar.

Rong Magill es un experto en vida silvestre, director de Comunicaciones y embajador de buena voluntad del Zoológico de Miami.

Él y la mayoría de los animales del zoológico sobrevivieron al huracán Andrew, en 1992.

Colette Bennett es escritora y nativa del área de Nueva Orleans y vivía en la ciudad cuando el huracán Katrina llegó en 2005.

Sus historias pueden proporcionar una hoja de ruta para aquellos que deben reconstruir sus casas después de Harvey e Irma, desde los conceptos básicos que necesitan soluciones inmediatas hasta las pruebas emocionales a largo plazo que enfrentarán las víctimas.

Las personas caminan a través de las calles inundadas en La Habana después del paso del huracán Irma.

¿Dónde voy a vivir?

Esta es la primera pregunta y la más crucial de los sobrevivientes de los huracanes: ¿volver a casa o ir a otros lugares?

Los más suertudos podrán vivir en sus propias casas. Pero la destrucción de Harvey afectó a un estimado de 100.000 hogares. Los daños por agua, moho y la contaminación pueden hacer que muchos de ellos no puedan retornar a sus hogares durante meses. Las autoridades aún no saben cuál es el impacto de Irma.

Para las decenas de miles de sobrevivientes que no pueden ir a casa aún y no pueden estar en las casas de sus amigos o familiares, los próximos meses pueden pasarlos a la deriva: en los refugios de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias, FEMA por sus siglas en inglés, en hogares temporales o en moteles.

Incluso si una casa aún está en pie y el vecindario es seguro, no hay garantía de que los sobrevivientes tengan acceso inmediato a las comodidades de su hogar. Las casas pueden estar sin servicio de agua, o con agua que no apta para beber.

Cuando el huracán Andrew llegó, la casa en Miami de Ron Migill estaba en gran parte a salvo. Pero no tuvo electricidad por casi dos semanas. Magill usó un generador para mantener en uso el refrigerador, así como un ventilador para su esposa, que tenía nueve meses de embarazo en ese caluroso verano.

“Andrew fue un gran ecualizador”, dice él. “Si vivías en una casa de 200.000 o en una de 50.000 dólares, no importó. No tenías energía eléctrica. Todo el mundo necesitaba agua, las mismas cosas, así que la gran mayoría de la gente se unió para ayudarse mutuamente”.

Andrew fue una tormenta seca: rápida y furiosa, y la mayoría de los daños fueron provocados por los intensos vientos. Pero es igual de difícil cuando la tormenta es lenta y húmeda como Katrina o Harvey.

Esta foto muestra el daño de la tormenta después del paso de Irma en la isla británica de Anguila.

¿Quiero quedarme aquí?

En los días antes de que Katrina llegara, Colette Bennett empacó una bolsa de lona y evacuó de Nueva Orleans hacia Houston con algunos amigos. Todos creyeron que se irían un par de días. Entonces sus anfitriones encendieron la televisión.

“Es mejor que vengan aquí”, dijeron ellos.

Los diques de toda la región se habían derrumbado.

“No recuerdo las imágenes sino las palabras”, dijo Bennett. “Recuerdo que ellos dijeron que el alcalde había declarado la ciudad cerrada. Ni siquiera sabían cuándo podría ser reabierta”.

“Entonces en ese momento”, dice ella “básicamente no teníamos una casa a dónde ir”.

Bennet se enteraría después de que su mamá y su abuela tuvieron que ser rescatadas por aire del hotel en el que estaban y se habían escapado de la tormenta. Les tomó meses regresar a su hogar en Chalmette, Louisiana.

Bennet eligió un camino diferente. Tenía entre 20 y 30 años y no tenía casa propia.

“FEMA nos dio 2.000 dólares a cada uno de nosotros para que reiniciáramos nuestras vidas”, dice ella. Y con 8.000 dólares reunidos, ella y tres amigos condujeron hasta California y rentaron una casa.

No volvió a Nueva Orleans en cuatro años.

Residentes de Rockport regresan a sus casas destruidas y dañadas dos días después del impacto del huracán Harvey en esta ciudad costera de Texas.

¿Cómo voy a arreglar todo lo que está dañado?

Luego de la seguridad básica y que la situación para vivir sea apropiada, es hora de empezar a recoger las piezas, literalmente.

Pocos días después de que lo peor de Harvey pasara, los residentes estaban ocupados salvando lo que pudieran y tirando el resto a la basura.

Luego de los desastres naturales, los montones de escombros son un sello inevitable.

Las cosas estaban especialmente mal luego de que los vientos de Andrew hicieran volar todo lo que estaba a la vista. “No había árboles ni rejas”, recuerda Magill.

En el aeropuerto local, dice él, “había aviones envueltos alrededor de los árboles como papel seda”.

“Es casi increíble ver esa clase de poder”, agrega.

Los residentes incluso llamaban a las montañas de basura el “monte Trashmore”.

Puede tomar semanas —incluso meses— y decenas de millones de dólares para recuperarse de todo eso.

En Port Arthur, Texas, las inundaciones provocadas por Harvey se tragaron las casas y los carros.

¿Cómo voy a pagar por todo esto?

Los sobrevivientes de Harvey e Irma se preguntarán sin duda alguna, una y otra vez, “¿quién va a pagar por esto?”

Uno de los primeros consejos que los expertos financieros les dan a los sobrevivientes de desastres naturales es contactar a las compañías aseguradoras y preparar los reclamos en cuanto sea posible.

Los seguros de propietarios, los seguros contra inundaciones y las reclamaciones de FEMA, todas estas necesitan documentación. Incluso si los documentos importantes se perdieron en las inundaciones, llamar a las compañías aseguradoras y darles información relevante puede poner al menos manos a la obra.

La casa de la familia de Bennett en Chamette estaba por debajo del nivel del mar. Después de la tormenta estaba totalmente sumergida. La casa tuvo que ser demolida.

“(FEMA) le dio a mi abuela el dinero para reconstruir”, dice Bennett. “Ella no la usó y la puso en una cuenta de ahorros. Luego de cinco años, FEMA la llamó y le preguntó cuánto le quedaba. Cuando ella les dijo que tenía todo el dinero, FEMA le dio más dinero y le dijo ‘por favor constrúyala’. Ahora tiene una casa nueva”.

Un ornamento de césped sobresale en una calle inundada por el paso del huracán Harvey, en Houston.

¿A dónde irán a la escuela mis hijos?

Eventualmente las expectativas de la vida diaria empezarán a llamar. Las personas tienen que ir a trabajar, los niños deben ir al colegio… ¿pero a dónde?

Los sobrevivientes pueden verse sin trabajo —ya sea temporal o definitivamente— y forzados a usar sus ahorros destinados a otros gastos, como la educación de sus hijos.

Los estudiantes afectados por Harvey se reportaron a clases esta semana, pero muchos estaban en salones temporales pues la mayoría de las 300 escuelas del Distrito Escolar Independiente de Houston permanecen inaccesibles. Las escuelas en Miami están cerradas indefinidamente.

Después de Katrina, un estimado de 372.000 estudiantes, desde el jardín de niños hasta secundaria, tuvieron que ser reubicados.

Las personas caminan frente a un edificio cuyo techo fue desprendido por los fuertes vientos de Irma en Miami.

¿Cuándo reconstruiré?

La reconstrucción es mucho más que reparar las casas y apuntalar vecindarios. Las partes rutinarias de la vida de repente se vuelven rompecabezas logísticos. Por ejemplo, ¿cómo se movilizarán los sobrevivientes si sus vehículos están dañados? En Houston, el 94% de los residentes tenía un vehículo y la ciudad es reconocida por sus intensos desplazamientos.

La matemática no es bonita y resolverla es sólo un obstáculo más en el camino hacia la normalidad. Las semanas pueden volverse años antes de que todo vuelva a su lugar.

Después de Andrew, el Zoológico de Miami dañado por la tormenta, su personal y los animales se volvieron sensaciones mediáticas. Las personas enviaron cientos de miles de dólares en donaciones. Con ello llegaron camiones y aviones privados con comida, hielo y suministros que Magill y su personal eventualmente compartieron con otros sobrevivientes que tenían necesidades.

A pesar —y tal vez un poco por— el apoyo abrumador, el zoológico sintió mucha presión para reabrir lo más pronto posible.

“Todo el mundo estaba pendiente de la recuperación y la reconstrucción”, dijo Magill. Pero aún así cuando el zoológico reabrió, apenas cuatro meses después de que Andrew golpeara, "era un despojo de lo que alguna vez fue".

Años después, el zoológico regresó y posiblemente sobrepasó su propia gloria. Pero se volvió un ejemplo perfecto de cómo, a pesar de un copioso apoyo, donaciones, deseos y oraciones, la reconstrucción no se puede precipitar.

Desplazados por el huracán Harvey en Texas.

¿Alguna vez las cosas serán iguales que antes?

Mientras las cosas vuelven a la normalidad, los sobrevivientes de Irma y Harvey se pueden preguntar por qué no se siente normal otra vez.

Pregúntale a cualquiera cuya vida haya sido tocada por un desastre semejante y te dirán que “normal” no es exactamente la palabra correcta.

“Nada vuelve a nunca a la normalidad”, dice Magill.

Aunque él y su esposa aún viven en la misma casa en la que se refugiaron de los vendavales de Andrew, ahora tienen ventanas reforzadas y un stock saludable de productos de emergencia. Mantiene un teléfono de línea fija y le llevó a su madre un generador de energía para tener seguridad extra.

No es miedo, dice Magill. Así no es como la gente del sur de la Florida, Nueva Orleans o Houston, hacen las cosas. Es más bien una mayor sensación de preparación, de saber que lo peor es realmente posible.

Y las ciudades siguen con heridas permanentes.

Cuando Bennett se mudó de nuevo a Nueva Orleans, cuatro años después de Katrina, estaba en shock.

“La calle en la que crecí era difícil de reconocer porque los grandes árboles cayeron y las casas fueron tumbadas por bulldozers o estaban en desorden. Todos los centros comerciales, los grandes edificios habían desaparecido. Muchas personas no regresaron”, agregó.

Doce años después de la tormenta, Bennet dice que mientras su madre encontró esperanza en su proceso de duelo, su abuela aún sufre estrés postraumático y ansiedad y le ha costado recuperarse de ello.

Pero para Magill, la recuperación es posible.

“Creíamos que no había manera de recuperarnos de ese huracán”, dijo él. “Pero te sorprenderías de lo que puedes hacer cuando tienes que enfrentarlo y hacerlo”.