Nota del editor: Roberto Vargas Arreola es psicoanalista, docente y editor de psic.mx. Lo puedes seguir en Twitter como @robertovarar. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) - No solo hay inmuebles y edificios colapsados, también el tráfico está colapsado, la ayuda de la sociedad civil por momentos colapsa y… ¿por qué no? también colapsan los estados emocionales de las personas que vivimos el terremoto en México. ¿En qué consiste el apoyo psicológico que se está brindando? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Cuáles son sus alcances?

La palabra colapso tiene dos significados: por un lado, paralización o disminución importante del ritmo de una actividad; por el otro, destrucción o ruina de un sistema o estructura. En todos los sentidos, el centro del país colapsó a raíz del sismo del pasado 19 de septiembre.

La ayuda no se hizo a esperar, podría pensarse incluso en una ayuda enloquecida, maniaca, desbordada, furiosa, anhelante, con esperanza. Muchos cuerpos queriendo contribuir en el rescate de las personas atrapadas entre los escombros, muchas manos apoyando de manera directa o indirecta en la causa de rescatar vidas.

La incertidumbre, la inseguridad, el miedo y la ansiedad han aquejado a los ciudadanos de los lugares afectados y en ocasiones estas emociones han sido la razón para seguir ayudando de los voluntarios que, de una u otra manera, se han unido a la causa de los rescatistas, algunos sin descanso, tal vez para no pensar, para negar el dolor que experimentan y hacer lo que está en sus posibilidades.

En Ciudad de México se vive una atmósfera de caos, las redes sociales están saturadas de información sobre cómo apoyar. Se estima que paulatinamente decaerá este ritmo acelerado y poco a poco veremos las secuelas reales que ha dejado el terremoto y donde se requerirá que la ayuda continúe.

LEE: Las secuelas psicológicas de los desastres naturales

En otras palabras, el estado maniaco de ayudar de forma desbordada decaerá y veremos, sin recurrir a la negación, la pérdida que todos, de alguna manera y en diferentes niveles, estamos viviendo. Tal vez pérdida de la seguridad, de la tranquilidad, de la estabilidad, sin dejar de mencionar pérdidas de vidas humanas y materiales.

Muchas instituciones, centros, universidades, clínicas de salud mental y de formación psicológica nos hemos sumado al apoyo para las personas afectadas. Nos hemos sumado a la ola de esfuerzos haciendo brigadas de atención psicológica gratuita a través de nuestros teléfonos, de nuestros centros de atención y de la intervención en las zonas de desastre.

Rescatistas buscan sobrevivientes en un edificio en la Ciudad de México. (RONALDO SCHEMIDT/AFP/Getty Images)

Lo que hemos aprendido en estos días es que el apoyo psicológico a veces no es inmediato. Si bien hemos intervenido en situaciones de crisis con familiares de personas desaparecidas, consideramos que existen muchas personas que, dado que están ayudando a rescatar vidas, no han podido organizar sus estados emocionales y pueden tener crisis de ansiedad, angustia o depresión en los próximos días, tal vez semanas, meses o años.

El tratamiento que se efectúa en casos de desastre es un tratamiento breve, focalizado y puntual; es decir, con objetivos claros y encaminados a restablecer a la persona que se encuentra en crisis para que pueda adaptarse a la realidad que enfrenta, utilizando todos sus recursos emocionales, cognitivos y sociales.

Trabaja en el tiempo presente de la persona, es un enfoque sistemático y directivo, en donde puede haber seguimientos telefónicos, tareas interconsultas y terapias grupales por la cantidad de personas afectadas.

En la organización a la que pertenezco hemos ofrecido apoyo psicológico gratuito a través de nuestras líneas telefónicas y en nuestro centro de atención ubicado en la colonia del Valle; en particular, impulsamos un taller para niños y niñas de 4 a 14 años con el fin de favorecer la expresión emocional derivada del sismo a través actividades lúdicas y artísticas.

LEE: Después del terremoto, a México lo invade la solidaridad

Voluntarios y equipos de rescate buscan a niños atrapados dentro del colegio Enrique Rebsamen en Ciudad de México.

Por otro lado, también impulsamos grupos para jóvenes y adultos que tienen el mismo fin, utilizando como principal herramienta la escucha y la palabra. En mi opinión, falta un poco de silencio, que por razones obvias aún no llega, para dimensionar el alcance de la afectación emocional que ha generado el terremoto.

Los psicólogos, a pesar de que pertenecemos a diferentes formaciones, estamos organizándonos para brindar apoyo psicológico gratuito, oportuno y de calidad para las personas que lo necesiten. Del mismo modo, sugiero que los que nos dedicamos a brindar esta ayuda, busquemos espacios de contención para evitar el desgaste emocional y efectuar con profesionalismo nuestra intervención.

Para finalizar, quisiera decir que los esfuerzos hechos hasta el momento en términos del apoyo psicológico son esfuerzos loables y necesarios. Invito a mis colegas psicólogos para que no desistamos en la causa y nos organicemos de mejor manera día tras día y así podamos organizar lo que, a nivel emocional, está desorganizado, o haciendo referencia al inicio del texto, colapsado.