(CNNMoney) - Los temores de una guerra comercial están latentes ya que se espera que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, imponga aranceles al acero y al aluminio al final de esta semana.

Estas preocupaciones podrían enfriarse o despertarse durante las reuniones del G20 en Argentina, un país famoso por sus propios aranceles y barreras comerciales.

Después de décadas de proteccionismo, el gobierno de Argentina que ahora es amigable con las empresas, ha tratado de despojarse de ese legado y darle la bienvenida al libre comercio y alejarse de las mismas políticas que el gobierno de Estados Unidos está promoviendo.

“Estados Unidos es la nueva Argentina en el G20. Es el indeseable que irrumpe en el consenso sobre cuestiones centrales, comercio y cambio climático entre ellos”, dice Benjamin Gedan, exdirector de América del Sur en el Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca bajo la administración del presidente Barack Obama. Gedan actualmente dirige The Argentina Project, un centro de investigación en Washington.

Los ministros de Finanzas y los bancos centrales se runieron esta semana en Argentina, el segundo país más grande de Sudamérica, en lo que representó la última gran oportunidad para los países de buscar una exención antes de que los aranceles entren en efecto a final de esta semana.

Sin referirse a Trump, el comunicado conjunto de los ministros de finanzas y de directores de bancos centrales en el G20 defendieron el comercio internacional y la inversión como un motor importante para el “crecimiento crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo”.

El ministro de Hacienda de Argentina, Nicolás Dujovne, resaltó “la importancia del comercio internacional como un factor fundamental para el crecimiento de la innovación y la creación de empleos”, mientras que el presidente del Banco Central de Argentina, Federico Sturzenegger , dijo que “el comercio es bueno para todos los países y debemos profundizarlo de una manera que sea una situación ganar ganar para todos”.

Trump impondrá un arancel del 25% en el acero y de un 10% en el aluminio. También se espera que imponga más impuestos sobre China este mes por el supuesto robo a la propiedad intelectual de Estados Unidos, como software, patentes, entre otros. Los funcionarios del gobierno dicen que los temores de una guerra comercial son exagerados y que todo estará bien.

Pero la Unión Europea, China y Brasil han dado indicios o han dicho explícitamente que tomarán represalias imponiendo sus propios aranceles a bienes de Estados Unidos si no reciben exenciones. México y Canadá son los únicos países que explícitamente recibirán exenciones y Trump incluso los condicionó al progreso de las negociaciones del TLCAN. Trump tuiteó que Australia también podría recibir esas exenciones.

La historia de aranceles y barreras comerciales de Argentina sirve como una advertencia, aunque extrema, sobre los peligros del proteccionismo. El país sufrió una inflación de dos dígitos, una alta tasa de desempleo e industrias no competitivas controladas por un poderoso sindicato de trabajadores que usualmente dictaba las políticas y leyes.

Expertos dicen que esa confluencia de fuerzas —y la falsa sensación de comodidad que les dan los aranceles a las industrias— significa que las compañías argentinas no estén listas para la competencia extranjera.

“Si tienes un mercado protegido y no tienes competencia, ¿cuáles tu incentivo para modernizarte?, dice Alberto Ramos, jefe de investigación de América Latina de Goldman Sachs. “Vamos por el camino correcto, pero va a ser un largo viaje”.

Macri ha hecho algún progreso con sus políticas. Ha eliminado algunos aranceles y está tratando de negociar un acuerdo comercial con la Unión Europea y con el bloque de comercio sudamericano. Además está albergando el G20, que ha sido tradicional una celebración del libre comercio.

Pero Macri no puede eliminar todos los aranceles de la noche a la mañana sin arriesgar los trabajos de manufactura en Argentina, que estarían en riesgo si una inundación de importaciones más baratas —y de más alta calidad— llegan al país.

Los economistas dicen que, en realidad, Estados Unidos aún está mucho más abierto para negociar que Argentina, incluso después de que los aranceles al acero y al aluminio entren en efecto. Las historias de comercio de los países no se pueden comparar directamente.

Los aranceles en Argentina hacen que los iPhones cuesten cerca de 2.000 dólares

Guardando las diferencias, los argentinos sienten el dolor de los aranceles en la caja registradora. Y la preocupación más grande en Estados Unidos, al menos entre los empresarios y legisladores, es que se aumenten los precios debido a los aranceles.

Por ejemplo, Argentina es uno de los lugares más caros del mundo para comprar un iPhone, según los precios de Apple y los vendedores certificados de sus productos.

Un iPhone X de 64 GB se vende por unos 40.000 pesos argentinos (1.963 dólares) en Claro, uno de los vendedores de Apple en el país. Justo al lado está Chile, un país procomercio, donde el mismo teléfono en Claro se vende por 1.143 dólares, un 42% menos que en Argentina. En Estados Unidos se vende en 999 dólares.

El resultado: los argentinos usualmente van a Chile o viajan 8.000 kilómetros a Estados Unidos para comprar iPhones u otros bienes electrónicos.

De hecho, el que los argentinos puedan comprar iPhones en las tiendas es algo nuevo. Las tiendas dejaron de venderlos luego de que el gobierno anterior pusiera un arancel de 35% a los teléfonos importados en 2011. Claro y otras compañías volvieron a comprar iPhones solo el año pasado. Macri eliminó los aranceles del 35% sobre algunos bienes electrónicos, como computadores y tabletas, pero los teléfonos aún tienen ese impuesto.

Las compañías esperan que los aranceles sobre teléfonos celulares sean eliminadas eventualmente.

El anterior gobierno de Argentina, liderado por Cristina Fernández de Kirchner, tuvo una táctica similar a la que Trump está usando hoy en día.

Kirchner les dijo a los fabricantes de teléfonos que si querían venderlos en el país, tenían que fabricarlos allí. Apple no se acogió a la demanda. Blackberry abrió una planta en Tierra del Fuego, una ciudad más cerca a la Antártica que a Buenos Aires. (Kirchner, ahora senadora, tiene su base de electores central en el sur de Argentina).

Macri, el actual presidente, dice que los aranceles han herido gravemente a Argentina.

“El proteccionismo, el aislacionismo, los últimos 30 años, lo único que han logrado es consolidar la pobreza”, le dijo Macri a CNN en una entrevista en abril.