¿2011, un año sin sucesos importantes?

Por Felipe Fernández-Armesto, especial para CNN

(CNN) — Antes de 2011, los sucesos se desarrollaban tan rápido que cada mañana, nos parecía despertar en circunstancias irreconociblemente transformadas respecto a la noche anterior. Sin embargo, este año rompió el molde. No pasó nada: ciertamente, nada digno de ser registrado por un historiador como yo.

Puedes imaginar el dilema de los escritores de almanaques que se preparan a escribir la víspera de Año Nuevo, luchando por hacer lucir memorable a este año. Pondrán en los titulares la muerte de Osama bin Laden, pero él era un personaje acabado que había dejado de influir en la historia y cuya muerte no puede hacer una diferencia en nuestro mundo, excepto por la adición de un elemento más a la lista de la ya tediosa lista de quejosos antiestadounidenses.

Los periódicos colocarán imágenes de la Primavera Árabe, que destronó a Fulano en favor de Mengano. Montajes de fotos recicladas revivirán la vergüenza de una costosa boda en Londres, en la que un príncipe de pobres logros desempeñó un pequeño papel en un espectáculo dominado por las celebridades basura.

La muerte de Kim Jong Il recibirá poca cobertura, en parte porque pocas buenas fotos estarán disponibles, y en parte porque realmente no importa. Las conversaciones de Durban sobre el cambio climático apenas merecen una mención: confirmaron no sólo que el cambio ambiental está fuera del control humano, también que nadie está dispuesto a hacer un esfuerzo real y urgente para intentar hacer algo al respecto.

El "retiro" de Estados Unidos de Iraq puede conseguir algunos merecidos aplauso, pero ha llegado demasiado tarde para hacer una gran diferencia en las desgracias a largo plazo de una guerra que fue peor que un crimen, porque también fue un error.

Los expertos volverán a emitir pronunciamientos sobre la grave crisis de la deuda europea, pero ya empieza a parecer que yo tenía razón cuando estalló la crisis, en predecir en los medios de comunicación británicos y españoles que el euro saldría apenas rasguñado, y la Unión Europea, en todo caso, fortalecida marginalmente.

Los políticos han suministrado una ópera cómica de la vida real para dar vida al registro generalmente gris y sin sentido. Silvio Berlusconi agregó bumpa-bumpa al léxico del mundo. Nicolas Sarkozy nos entretuvo con su imitación del paso y la paciencia de un gallo galo. Jacques Chirac ideó excusas divertidas para evitar la prisión.

Las posturas de los políticos llegaron a nuevos niveles de autoburla, cuando Hugo Chávez, un ruidoso charlatán, cuyos gestos siempre parecen tener el impacto de un pastel de crema débilmente arrojado, llamó al presidente Obama un payaso. El punto muerto del Congreso estadounidense sólo hizo un daño moderado a Estados Unidos, pero convirtió al país en un hazmerreír mundial.

Las tontas gracias de los candidatos presidenciales republicanos trajeron sonrisas a los rostros de las víctimas de la recesión en Estados Unidos. Rick Perry no podía recordar cuáles departamentos quería abolir. Herman Cain reveló profundidades inesperadas en la vida sexual de un repartidor de pizza.

Incluso Ron Paul y Newt Gingrich fueron divertidos, en una manera desesperada, a medida que los votantes republicanos se volvían hacia los gemelos no elegibles, en repulsión hacia todas las otras opciones. Sin embargo, el desfile de candidatos pareció mostrar la pobreza de la democracia y la superficialidad de la moral de los votantes. Los miembros de la audiencia en los debates hablaban sobre la sangre de los condenados a muerte y los pacientes no asegurados de los hospitales. Las legislaturas estatales cortejaban los votos de los odiosos y resentidos victimizando a los inmigrantes pobres y a sus hijos inocentes.

2011 debería haber sido un gran año. La legislación podría haber abierto las bóvedas de los bancos y revertir la recesión. Pero no sucedió mucho. El castigo a los hombres culpables de la crisis económica mundial, podría haber creado un ejemplo, pero los peces gordos se han seguido hinchando.

La acción podría haber destripado la corrupción del sistema político de Estados Unidos, pero las elecciones de 2012 serán como todas las demás, compradas por millones de dólares, abandonadas por millones de votantes. Irán podría haberse reunido con la civilización, pero, en cambio, la enajenación irracional de los iraníes ha continuado.

Iniciativas imaginativas podrían haber ayudado a revertir el choque de civilizaciones, pero la violencia entre comunidades se ha seguido acumulando. Yo disfruto de los años inmemorables: Hacen más fácil para mí actualizar mi libro de texto sobre la historia del mundo. Me absuelven del trabajo adicional. Sin embargo, en la balanza de 2011, las oportunidades perdidas son malas para todos nosotros.

La falta de eventos en el año, por lo menos, nos enseña dos verdades. En primer lugar, el sistema político mundial es inflexible. La inercia del gobierno de Estados Unidos, con un punto muerto en la toma de decisiones y casi todos los programas congelados —igualmente prometedores y amenazantes— parece representativa de un mundo desconcertado por la pusilanimidad en la escala de sus problemas, mientras que la debilidad de la respuesta de la Unión Europea a la crisis financiera ha mostrado la misma clase de congelamiento, en un sistema demasiado obstruido con la complejidad para funcionar.

En segundo lugar, 2011, al igual que otros años sin complicaciones, ha confirmado las características ya dominantes de la historia de nuestros días: el estancamiento económico intratable, el letargo moral e intelectual, la cultura vulgar, la degradación ambiental. Podemos felicitarnos, ya que nos acercamos a 2012, simplemente escapando de la infame y vieja maldición china: No vivimos en tiempos interesantes.

Nota del editor: Felipe Fernández-Armesto es profesor William P. Reynolds de Historia en la Universidad de Notre Dame y autor de muchos libros, incluyendo 1492: The Year the World Began y The World: A History.

(Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente de Felipe Fernández-Armesto).