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Salud

Incontinencia: 5 mitos sobre la "urgencia de ir al baño"

Por CNN en Español

Por Dr. Benjamin Dillon

Nota del editor: el Dr. Benjamin Dillon es un urólogo certificado especializado en medicina pélvica femenina, cirugía pélvica reconstructiva y neurourología en la Clínica Kelsey-Seybold en Houston.

(CNN) — A pesar de que la incontinencia urinaria afecta a aproximadamente 25 millones de estadounidenses y existen muchas opciones de tratamiento para mejorar los síntomas, hablar sobre la necesidad frecuentemente inesperada y siempre urgente de “ir al baño” aún sigue siendo un tabú, incluso con tu médico.

En mi propio consultorio, veo a pacientes que han estado viviendo con un constante estado de ansiedad sobre su incontinencia urinaria, y deben trazar las ubicaciones de los baños cada vez que salen de su casa. Con frecuencia mis pacientes evitan usar ropa de color claro o llevan una mudada extra en su auto.

Muchas veces, los pacientes no se dan cuenta de que el problema podría haber sido tratado en la etapa inicial, antes de que eso controle su vida.

Existen cinco ideas equivocadas comunes que impiden que los pacientes hablen con sus médicos sobre su pérdida de control de la vejiga. Es momento de disipar estos mitos.

Mito 1: soy la única persona con incontinencia

Los otros 24.999999 millones de estadounidenses con incontinencia no estarían de acuerdo contigo. La mayoría de personas con incontinencia caen en una de dos categorías:

•Incontinencia urinaria de esfuerzo: escape de orina cuando ríes, toses, haces ejercicio, etc. Por lo general, se debe al debilitamiento de los músculos del suelo pélvico.

• Incontinencia urinaria de urgencia/vejiga hiperactiva: pérdida de orina asociada con una urgencia de orinar repentina e incontrolable. Puede ser “idiopática”, lo que significa que no hay una causa subyacente o puede ser el resultado de un trastorno neurológico.

Habla con tu médico sobre tus síntomas. En ocasiones, la pérdida de control de la vejiga es el primer síntoma que se observa de un problema mayor, como la esclerosis múltiple o prolapso de los órganos pélvicos.

Mito 2: es irreversible

El objetivo de hablar con tu médico es recuperar el control que alguna vez tuviste de tu vejiga y restaurar tu calidad de vida. En muchos casos, este es un objetivo razonable.

Cuando te prepares para esta cita, asegúrate de describir en detalle cualquier otra condición que tengas, así como todos los medicamentos que tomas. Esto puede afectar el plan de tratamiento que tu médico desarrolla para ti. Incluso podrías querer mantener un registro o un diario de cuándo, cuánto y bajo qué condiciones se te escapa. Esto ayudará a que tu médico tenga un buen panorama de tu vida diaria.

Mito 3: es una parte ‘normal’ del envejecimiento

Aunque la pérdida de control de la vejiga se asocia comúnmente a la edad, no es algo inevitable del proceso de envejecimiento. Aunque es más común en las mujeres mayores de 40 años, la incontinencia le puede suceder a cualquier persona: hombres o mujeres, jóvenes o viejos.

Con bastante frecuencia he tenido pacientes que pensaban que el tratamiento no era una opción debido a su edad. Este no es el caso.

Si te ocurre que pierdes orina cada vez que estornudas, o si de repente tienes una necesidad incontrolable de “ir al baño” cuando enciendes el grifo del lavatrastos, considera hablar con tu médico sobre tus síntomas. Esto no es “normal”, sin importar tu edad y un médico puede ayudarte a manejar esta condición antes de que empeore.

Mito 4: los medicamentos son tu única opción

Este no es el caso en lo absoluto. De hecho, las opciones de tratamiento pueden ir desde los cambios más básicos en estilo de vida y comportamiento, medicamentos, terapias de intervención como la onabotulinumtoxin A, dispositivos médicos como la neuromodulación o la cirugía. No hay dos pacientes iguales; algunos pueden necesitar instrucciones sobre los cambios de comportamiento para mejorar su control, mientras que otros pueden necesitar una combinación de terapias.

Mito 4: es molesta, pero no grave

La incontinencia es incómoda. Sin embargo, la gravedad de esta condición se mide por el nivel de estrés que causa a un paciente, y el impacto negativo que tiene sobre tu calidad de vida y sobre aquellos que tienen un contacto cercano contigo.

Habla con tu médico en las etapas iniciales, antes de convertirte en una prisionera de tu vejiga.