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Política

Donald Trump contrarresta críticas de republicanos con una advertencia

Por Eric Bradner

WASHINGTON (CNN) — El tuit que Donald Trump publicó el martes en el que hacía referencia a la idea de lanzar una candidatura independiente a la presidencia le envió una advertencia clara al ‘establishment’ republicano: ataquen bajo su propio riesgo.

Después de 24 horas de soportar críticas de figuras como Dick Cheney, Mitt Romney, Paul Ryan, Mitch McConnell y prácticamente todos los candidatos republicanos —por no mencionar a los demócratas y a los alcaldes de Filadelfia y London— Trump de manera desafiante se mantiene firme en su propuesta de prohibir que los musulmanes entren a Estados Unidos. Y él intensificó las cosas al tuitear una nueva encuesta de USA Today y la Universidad de Suffolk que muestra que el 68% de los partidarios del favorito del Partido Republicano para las elecciones de 2016 harían a un lado el Partido Republicano y se mantendrían con él si lanzara una campaña independiente a la presidencia.

Una decisión de este tipo casi sin duda les quitaría a los republicanos la oportunidad de retomar la Casa Blanca en 2016. Así que Trump está involucrando el entendimiento de la política arriesgada de un negociador en la campaña: sin importar qué tan rigurosamente lo critiquen los republicanos, no cambiará su comportamiento porque él sabe que el partido lo necesita tanto o más de lo que él necesita al partido.

Y en realidad, los funcionarios del partido no necesitaban que se los recordaran.

Incluso a medida que muchos de los principales republicanos arremetieron contra la propuesta de Trump de prohibir que los musulmanes ingresen a Estados Unidos, la mayoría de los altos funcionarios del partido no abordaron qué es lo que la posición de Trump significa dentro del contexto del futuro del Partido Republicano.

Ryan insistió en que “esto no es conservadurismo”, pero aun así dijo que él respaldaría al nominado republicano.

El presidente del Comité Nacional Republicano, Reince Priebus, le dijo al Washington Examiner que no está de acuerdo con Trump, pero, cuando se le presionó respecto a cómo la propuesta de Trump podría perjudicar al partido, él dijo “Solo llegaré hasta ahí”.

Incluso el exgobernador de Florida, Jeb Bush, no se retractó de su promesa de apoyar a quien gane el proceso de nominación del Partido Republicano, incluso si esa persona es Trump, y solamente dijo “Vean, él no va a ser el nominado”.

En cuanto a una candidatura independiente de Trump, Bush tuiteó que quizá el magnate de los bienes raíces “había negociado un acuerdo con su amiga” Hillary Clinton.

“Seguir en este camino la pondría a ella en la Casa Blanca”, tuiteó Bush.

Bush probablemente tenga razón, pero el resultado sobre el que advirtió es tanto una amenaza para el resto del Partido Republicano como para el mismo Trump, y Trump ha mostrado poco temor ante la auto-inmolación.

El martes, Trump tuiteó de manera desafiante “Vaya, qué día. Tantas personas insensatas se rehúsan a reconocer el peligro tremendo y la incertidumbre de que ciertas personas entren a Estados Unidos”.

Incluso los críticos más abiertos de Trump no pueden negar la forma en la que domina la contienda presidencial.

“¿Sabes cómo haces que Estados Unidos sea un gran país de nuevo? Dile a Donald Trump que se vaya al diablo”, dijo el senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham en el programa “New Day” de CNN el martes.

Estar de acuerdo con Trump, o en desacuerdo con Trump, ha sido una profesión de tiempo completo para los republicanos desde que su campaña publicó una declaración en la que proponía la prohibición contra los musulmanes a las 4:15 p.m. del lunes.

El episodio sobre el llamado de Trump para prohibir que los musulmanes entren a Estados Unidos ha provocado un contragolpe más violento de lo que Trump había enfrentado antes… incluso cuando cuestionó el estatus de héroe de guerra del senador por Arizona, John McCain, un ex prisionero de guerra y el nominado a la presidencia del Partido Republicano en 2008.

Aun así, también es solo la más reciente en una prolongada serie de controversias que Trump ha ocasionado, muchas de ellas con efectos prolongados en la contienda presidencial.

Primero, Trump se aprovecha de algo —un temor al terrorismo, en este caso— y propone un plan sin duda más audaz que sus oponentes, obligando a hacer preguntas más amplias y a menudo más fundamentales que los candidatos pueden abordar a través de la comodidad de sus puntos de discusión.

Luego, el campo del Partido Republicano lucha por reaccionar… y sin importar cuán severos sean los críticos de Trump, como Bush y Graham, esto nunca parece perjudicar las cifras del favorito en las encuestas.

Mientras tanto, la clase de donantes y los operativos que dirigen súper Comités de Acción Política no logran ponerse de acuerdo —o incluso identificar— una estrategia para finalmente derrotar a Trump.

Este es el modus operandi de Trump.

Al principio, fue su ataque contra los inmigrantes indocumentados de México —y su constante insistencia respecto a que construiría un muro y México pagaría por él— lo que llevó el tema de la inmigración al centro de la atención.

Más que eso, dejó a los posibles candidatos insurgentes como el gobernador de Wisconsin Scott Walker y a manos experimentadas como el exgobernador de Texas, Rick Perry, luchando por encontrar formas de sonar más duro que Trump; esto los obligó a salir de sus zonas de confort e hizo que sus campañas se salieran demasiado del curso como para corregirlas.

Ahora, es mucho más lo que hay en juego.

El editor del Weekly Standard, Bill Kristol, dijo que “ha llegado a aborrecer” a Trump porque él está “manchando la túnica del conservadurismo y la está arrastrando por el polvo”.

Pero también hizo la siguiente pregunta: “Otros candidatos del Partido Republicano denunciarán esto. ¿También dirán que no pudieron apoyarlo si de alguna manera llega a ser el nominado?”

Hasta ahora, la respuesta ha sido que no.

Trump ha controlado el debate, pero pronto tendrá que volver su atención a ganar las primarias y las asambleas, un trabajo que quizá se hace más difícil cuando los presidentes del Partido Republicano del estado donde se llevarán a cabo las primeras votaciones criticaron su más reciente propuesta.

“Como un conservador a quien verdaderamente le importa la libertad religiosa, la mala idea y retórica de Donald Trump me dan un escalofrío por la espalda”, tuiteó el presidente del Partido Republicano de Carolina del Sur, Matt More.

La presidenta del Partido Republicano de Nuevo Hampshire, Jennifer Horn, dijo que la posición de Trump era “contraria al Partido Republicano”.

Y el presidente republicano de Iowa, Jeff Kaufmann, reprendió a Trump con el siguiente tuit: “Estoy aquí para reiterar que nuestros principios fundadores son más fuertes que el cinismo político”.

Sin embargo, ninguno de los tres hizo un llamado para que Donald Trump se retire, ni denunciaron su candidatura.

Eso hace que las quejas —aunque son más fuertes esta vez—sean más de lo que Trump ha visto hasta ahora: un ‘establishment’ republicano al que podría no agradarle, pero no puede renegar de él porque ciertamente no ha encontrado una forma de derrotarlo. El continuo coqueteo de Trump con una candidatura independiente se ha convertido en un recurrente tema en su campaña —a pesar de la promesa de lealtad al partido que firmó en septiembre—y en algo que evidentemente atormentará al Partido Republicano ahora que inicia la temporada de las primarias.