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Terremoto en Ecuador

Rescate en la oscuridad: ”Yo le gritaba a la gente … ¡no se vayan, no se vayan!”

Por Paula Bravo Medina

Esta historia hace parte de una recopilación de testimonios de vida y ayuda en medio de la tragedia en Ecuador. Lee las demás historias de solidaridad y heroísmo en Ecuador tras el terremoto en este link. Cada día publicaremos una historia nueva.

(CNN Español) — Rossy Bermúdez llegó a Pedernales en Ecuador el pasado 14 de abril para celebrar el cumpleaños de su padre. Aunque vive en el exterior hace años, procura siempre en vacaciones regresar al pueblo donde nació y creció y que tanto le gusta. El domingo se despediría de sus familiares en la ciudad costera ecuatoriana y regresaría a casa.

Pero el poderoso terremoto de 7,8 que golpeó a Ecuador el sábado 16 de abril cambiaría sus planes. Como le cambió los planes –y la vida– a cientos de miles de ecuatorianos.

Rossy, ‘Paquita’ y ‘Tato’

Bermúdez, su hermana Francisca y su amigo peruano Guillermo Lizarzaburu –’Tato’– salieron en el auto el sábado en la tarde hacia la farmacia. Bermúdez recuerda que sintieron un primer movimiento y que ‘Tato’ parqueó el auto frente a un hotel. Minutos después, a las 6:58 de la tarde, vino el gran terremoto.

Los 6 pisos del Gran Hotel de Pedernales se desplomaron en segundos y parte de las losas cayeron sobre el Corsa de color oro en el que viajaban las ecuatorianas y su amigo. A medida que la tierra se seguía sacudiendo el concreto aplastaba más y más el vehículo.

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«‘Tato’ pateó la puerta de una manera impresionante y pudo salir. Pero yo no hice nada. Sólo sentía que el auto se movía de arriba a abajo. Le dije a mi hermana ‘Paquita’: ¡Sálvate!», recuerda Bermúdez.

Así quedó el auto bajo los escombros del Gran Hotel de Pedernales. (Crédito: Tamara Alegría)

Así quedó el auto bajo los escombros del Gran Hotel de Pedernales. (Crédito: Tamara Alegría)

Terminó el terremoto y todas las luces se apagaron en Pedernales.

«Salí corriendo y estaba muy fuerte. La tierra no se movía, la tierra brincaba», recuerda ‘Tato’. «Cuando me devolví al auto no se veía nada. Todo estaba cubierto de polvo».

El hombre pensó que las hermanas Bermúdez habían muerto. Cuando se despejó el polvo pudo ver a través de un espacio estrecho entre la losa del techo y el pavimento que aún vivían. Tenían los rostros llenos de sangre y estaban atrapadas entre los fierros del auto y los enormes trozos de concreto que se desprendieron de la construcción.

Cristian y Elvis

A las 6:58 de la tarde del sábado 16 de abril, Cristian Bermúdez estaba en el parque central de Pedernales. Cuando sintió la tierra sacudirse corrió a casa de sus abuelos para ver cómo estaban. Allí estaba su padre Elvis Bermúdez.

«Mi abuelo sufre del corazón, de la tensión, y cuando llegué estaba mal… necesitaba su medicina», recuerda el joven de 20 años que dice que sueña con ser policía.

Tomó su bicicleta para ir a la farmacia a conseguir la medicina de su abuelo. «Ahí sí vimos la magnitud del terremoto. Todo estaba caído, había motos aplastadas, gente herida, las pastillas regadas por el suelo».

Cuando regresó a casa se enteró que sus tías estaban atrapadas. ‘Tato’ había llegado con la noticia y suplicándoles que ayudaran.

«Me tocó mentirles a mis abuelos», dice Cristian Bermúdez. «Les dije que todo estaba bien … agarramos unas estacas que hay cerca de la casa, un serrucho y nos fuimos en la camioneta de mi papá».

El joven dice aún conmovido que lo que vio cuando llegó fue desgarrador. Su tía Rossy había quedado boca abajo con el pecho sobre el timón, y su tía Francisca estaba encogida en el espacio detrás de la silla del piloto. Una enorme losa aprisionaba el auto justo a la mitad y la parte de atrás del vehículo estaba destruida.

«¡Tsunami!»

El sobrino y hermano de Rossy gritaron pidiendo ayuda a las personas que corrían por las calles de Pedernales. Algunos ayudaron al principio, recuerdan, pero la tierra no paraba de temblar.

«La gente empezó a gritar ‘¡tsunami, tsunami!’ y todos salieron corriendo … yo también corrí», admite Cristian Bermúdez.

«Ahí grité y le pedí a mi hermano que no me dejara morir», recuerda Rossy Bermúdez quien añade que podía escuchar los gritos de las personas entre los escombros y a un niño llorando. «Sólo ‘Tato’ se quedó con nosotras. Nos decía: ‘Yo estoy aquí, estoy aquí, no las abandono'».

«Me quedé para darles valor», dice ‘Tato’ Lizarzaburu. «Yo le gritaba a la gente … no se vayan, no se vayan».

Algunos regresaron, pero con cada réplica las personas salían despavoridas, y muchos no ayudaban porque también estaban buscando a sus familiares bajo los escombros.

Tres horas sepultadas

«Mi hermana ‘Paquita’ pedía agua, pero yo no me movía, sólo sentía la presión en el pecho, había quedado bocabajo y tenía mi bolso sobre la cabeza. No sé cómo llegó allí, pero le pedí a ‘Tato’ que lo agarrara y se lo diera a mi hija», recuerda Rossy Bermúdez.

Mientras los hombres trabajaban para intentar levantar la losa se dieron cuenta que si la continuaban moviendo las iban a aplastar.

«No se preocupen tías, las vamos a sacar. Yo las voy a sacar como sea», les dijo Cristian Bermúdez.

Con las estacas lograron estabilizar el gran pedazo de concreto y usando el serrucho pudieron romper la puerta para sacar a Francisca Bermúdez. A pesar de que habían estado conversando con ellas durante las tres horas que lucharon por liberarlas, cuando Cristian sacó a su tía Paquita en brazos Rossy dejó de hablar.

«No sé si se desmayó por los nervios o si dejó de respirar, pero eso nos preocupó más», recuerda el joven.

El serrucho había quedado destrozado después de cortar las latas del auto.

«Yo no me acuerdo, pero me dicen que mi sobrino puso garra, que tomó esa ganzúa y con una fuerza increíble logró abrir la otra puerta para sacarme», afirma Rossy Bermúdez. «Cuando salí y recuperé la consciencia me puse a llorar, a patalear, a gritar… estaba viva, no lo podía creer. Era un espacio pequeñito … y sobrevivimos».

La familia Bermúdez y ‘Tato’ corrieron junto a cientos más hacia las montañas porque las réplicas continuaban y temían que llegara un tsunami.

Desde allí Rossy Bermúdez logró enviarle un mensaje a su hija Tamara Alegría que vive en Quito, con quien no habían podido comunicarse. Los mensajes de voz –’Tato’ también grabó uno– fueron enviados hacia las 10 de la noche, pero Alegría los recibió horas después.

«Fueron a la vez desgarradores y tranquilizantes», recuerda Alegría quien también recibió por mensaje las imágenes del carro en el que había quedado atrapada su madre y su tía.

Regresar a casa

En la noche y madrugada del sábado Elvis y Cristian Bermúdez bajaron de la montaña y ayudaron a rescatar a más personas, así como a sacar los cuerpos de los muertos de los escombros pues aún no habían llegado los cuerpos de rescate.

A la mañana siguiente Cristian pasó frente al hotel y tomó la foto del auto aplastado bajo los escombros. (Crédito: Tamara Alegría)

A la mañana siguiente Cristian pasó frente al hotel y tomó la foto del auto aplastado bajo los escombros. (Crédito: Tamara Alegría)

Alegría, quien tiene una hija, reunió alimento y provisiones en un camión y en compañía de un familiar condujo hasta Pedernales para ayudar. Regresó a la capital ecuatoriana el jueves 21 de abril junto a su madre, su primo Cristian y ‘Tato’.

El 80% de las construcciones Pedernales quedaron seriamente afectadas, más de 170 personas murieron en esa población y cerca de 6.000 habitantes del lugar quedaron damnificados.

«Imagínese que doce personas murieron en ese hotel», le dijo a CNN en Español Rossy Bermúdez desde la casa de su hija en Quito. «Y nosotras sobrevivimos … eso es increíble. Es un milagro, dios me dio una segunda oportunidad».

Bermúdez tiene un dolor intenso en el pecho y sufrió algunas cortaduras y moretones. Su hermana Francisca se lastimó la columna, «pero estamos vivas».

«Estoy muy nerviosa, no he podido dormir. Cuando concilio el sueño veo que el carro me aplasta y muero. El terremoto cambió mi vida. Desapareció Pedernales, el pueblo que me vio nacer, donde pasé mi pubertad, estudié afuera pero siempre volvía. Le dije un adiós, ya me voy y no sé cuándo volverá a ser la hermosa ciudad que era, pasé los años más felices de mi vida allí. Este terremoto me arrebató parte de mi niñez, mi juventud y ahora mi madurez. Amo a mi país y amo a ese pedacito de tierra … y ya nunca será lo mismo».