(CNN) - Como les ocurrió a muchos líderes de Corea del Sur anteriores a él, la presidencia de Moon Jae-in ha sido dominada por su vecino del norte.

Moon fue elegido montado en las protestas anticorrupción que le ayudaron a desplazar a su predecesor Park Geun-hye, sobre quien penden cargos criminales, y por su promesa de amplias reformas al sistema político, la economía y los chaebols, los conglomerados industriales dirigidos por familias, que dominan Corea del Sur.

Pero si bien ha avanzado en estos sentidos, su mayor éxito –o fracaso– podría llegar de sus tratativas con Pyongyang.

"Ningún presidente de Corea del Sur en los tiempos recientes ha debido preocuparse tanto por el ruidoso vecino", dijo Oliver Hotham, director editorial de Risk Group, una firma basada en Corea del Sur.

"Moon también se enfrenta al líder estadounidense más impredecible y errático, y ha tenido que, de muchos modos, recoger varios cabos sueltos diplomáticos en este ámbito", agregó.

Moon se reunirá con Kim Jong Un el 27 de abril, la primera vez que se encuentran los líderes de las dos Coreas desde el 2007. La cumbre entre las Coreas llega después de una visita sorpresa de Kim a Beijing, donde se reunió con el presidente Xi Jinping.

¿Una nueva política de acercamiento?

En una entrevista con CNN el año pasado, Moon dijo que quería ser recordado como el líder "que construyó una pacífica relación entre el norte y el sur".

Su primera táctica resultó extremadamente exitosa: logró que Corea del Norte participara en la Olimpíada de Invierno en Pyeongchang, marchando bajo una bandera unificada y compitiendo como una única nación en el hockey femenino sobre hielo.

Pero ahora llega la prueba real.

Durante su campaña presidencial, la estrategia de Moon fue comparada con la "Política del Sol", la política de apertura procurada por los presidentes Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun. Pero, en la práctica, es distinta.

Con la "Política del Sol" –por la que Kim ganó el Premio Nobel de la Paz en 2000– Seúl se involucró activamente con Pyongyang en los ámbitos económico y diplomático y brindó considerable ayuda humanitaria.

Sin embargo, la estrategia no logró resultados concretos, y tuvo grandes dificultades para consolidarse con un gobierno más agresivo en Estados Unidos, el del presidente George W. Bush, quien incluyó a Corea del Norte en el "eje del mal" en 2002. Al año siguiente, Pyongyang se retiró del Tratado de No Proliferación Nuclear y comenzó a buscar con ahínco las armas atómicas.

Si bien Moon ha estado desde un principio a favor de alentar las relaciones, también ha apoyado la línea dura del presidente de EE.UU., Donald Trump, sobre las pruebas nucleares y balísticas de Corea del Norte, que incluyeron estrictas sanciones económicas y amenazas militares de represalias.

Moon aprobó el controvertido despliegue del sistema de defensa antimisiles de EE.UU. el año pasado, en medio a las protestas locales y las objeciones de muchos de sus seguidores de izquierda que ven como el hecho como una provocación sin sentido.

"Moon mantiene una estrecha coordinación con EE.UU. y busca tomar pequeñas acciones concretas para aliviar las tensiones, pero no espera poder cambiar la conducta del norte mediante el diálogo", dijo Roger Baker, vicepresidente de análisis estratégico en Stratfor, una firma global de inteligencia.

"(Su) deseo es reducir la sensación de guerra inminente por medio del diálogo, un objetivo mucho más modesto", dijo Baker.

Apoyo nacional

En su país, Moon goza de popularidad. Sus índices de aprobación no han caído por debajo del 60% desde que asumió el poder y un reciente sondeo de Gallup Korea arroja un apoyo del 70%.

Hotham, el experto de Korea Risk Group, dijo que Moon ha "invertido mucho más en que funcione este enfoque diplomático con el norte".

"Hasta el momento ha funcionado, pero si se cae y vemos nuevas tensiones en la península, quedará fuertemente dañado", explicó.

Sin embargo, Anwita Basu, analista de la unidad de inteligencia de The Economist, dijo que los surcoreanos tienen tan bajas expectativas de avances con el norte que salvo que comience una guerra, "su credibilidad no reside en el resultado de las charlas".

"Moon regresará con cicatrices de batalla y seguirá siendo el presidente que se esforzó por amansar al beligerante vecino", señaló Basu.

Baker, de Stratfor, se mostró de acuerdo con la idea de que Moon no sufrirá un revés significativo si las conversaciones no progresan, pero indicó que los partidos de la oposición ya se han mostrado "muy críticos" de la cumbre, y ciertamente buscarán capitalizar cualquier fracaso.

Resaltó las ambiciones nacionales en la agenda de Moon como el punto en que el líder surcoreano enfrenta "mayores riesgos y desafíos", en particular sus esfuerzos por enmendar la constitución de Corea del Sur para permitir la reelección presidencial, con dos períodos de 5 años cada uno en lugar de uno, junto al debilitamiento del poder de su cargo y la reducción de la edad del voto a 18 años.

Si bien un derrumbe de las charlas podría no afectar a Moon a largo plazo, un vergonzoso fracaso podría descarrilar sus planes, en particular si su Partido Democrático sufre en las elecciones gubernamentales y locales este año.