Nota del editor: Luis Fleischman ha trabajado como asesor principal del Proyecto de Seguridad Hemisférica de Menges, en el Centro de Política de Seguridad (CSP). Es coeditor de la publicación de CSP The Americas Report y autor del libro “América Latina en la era Post Chávez: una amenaza para la seguridad de EE.UU.”. También fue miembro del equipo de asesores de política exterior en la campaña “Romney for President 2012”. Allí formó parte del subgrupo que asesoró al candidato presidencial en temas relacionados con América Latina. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN Español) – Andrés Manuel López Obrador, también conocido como AMLO, fue elegido nuevo presidente de México, obteniendo más del 50% de los votos, un récord sin precedentes en la historia moderna del país. El partido de AMLO, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), fue fundado unos pocos años atrás, dentro de la coalición Junto Haremos Historia, y es el gran ganador con mayoría en ambas cámaras del Congreso.

AMLO emerge debido a una crisis de legitimidad de la clase política. Esta no ha logrado solucionar el problema de la corrupción, la decadencia económica o la violencia, que cada vez cobra más vidas. La proliferación de los carteles de la droga, asesinatos de candidatos políticos, el crimen generalizado, la rampante corrupción política y la sensación de caos no han sido resueltos bajo los gobiernos del Partido de Acción Nacional (PAN) y del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

La victoria de AMLO evoca recuerdos de la victoria de Barack Obama casi 10 años atrás. Las guerras de Iraq y Afganistán más la crisis económica que estalló a menos de dos meses de las elecciones nacionales, no solo le dio a Obama un triunfo electoral aplastante, sino que también generó una euforia popular donde las expectativas del nuevo presidente eran muy altas.

AMLO, al igual que Obama, mantuvo un discurso populista, de izquierda y a la vez se mantuvo lo suficientemente ambiguo como para asegurar una amplia mayoría. También, al igual que Obama, ha prometido grandes cambios. Ha prometido combatir la corrupción y la violencia, pero no es claro como lo haría. Ha dicho que consideraría una amnistía a los carteles de la droga con el objetivo de que “logremos la paz en el país”. ¿Cómo se le puede dar amnistía a una organización criminal que no tiene interés en abandonar sus lucrativos negocios? ¿Qué poder tiene el estado mexicano para lograr concesiones de los criminales de la droga? Tal amnistía corre el riesgo de convertirse en una luz verde para el narcotráfico.

Si López Obrador no cumple por lo menos parte de sus promesas en un período razonable, su popularidad se verá disminuida. Aquí no habrá ni mesianismo ni carta blanca ilimitada.

En cuanto a política exterior, López Obrador genera también algunas interrogantes.

En el pasado, López Obrador se identificó con Hugo Chávez. En una entrevista en febrero del 2017, López Obrador declaró que Chávez había tenido una conducción democrática ya que había convocado a múltiples elecciones que fueron “más limpias que en México”.

Es más, López Obrador mismo ha expresado su preferencia por el uso de plebiscitos. Tal método por lo general tiende a debilitar a las instituciones de gobierno representativo. AMLO también se negó a criticar al presidente venezolano Nicolás Maduro y al expresidente de Cuba, Raúl Castro, pese a la tremenda carga que recae sobre estos en materia de derechos humanos y pese a la miseria en la cual sus pueblos se encuentran sumergidos. Del mismo modo, reafirmó el principio de soberanía nacional por encima de derechos humanos y libertades justificando tal posición diciendo que él no desearía que se entrometan en su gobierno. Esto de por si sugiere que AMLO podría llegar a cesar la política mexicana de apoyar la democracia y la libertad en la región en un momento en que protestas masivas y violencia gubernamental azotan a Venezuela y a Nicaragua, como ya lo reiteró el próximo canciller mexicano, Marcelo Ebrard.

Sin embargo, López Obrador podría actuar en forma pragmática tal cual lo demostró cuando fue alcalde de ciudad de México (2000-2005). Si bien AMLO expandió programas sociales para los más pobres y los ancianos, también mantuvo estrechas relaciones con empresarios como el mega millonario Carlos Slim, lo cual le permitió hacer obras importantes en la ciudad de México. Luego de su elección del domingo pasado aseguró a los inversores que continuará manteniendo políticas económicas prudentes y que mantendrá la independencia del Banco Central.

Durante las elecciones también concretó una alianza con el Partido Encuentro Social (PES), que es un grupo evangélico con ideas conservadoras particularmente en el plano moral y cultural. Si esta relación con el PES se mantiene, esto podría ser un factor mitigante si es que López intenta radicalizar su programa político. Esta alianza también tendría efectos positivos en la relación hacia los Estados Unidos. Evangélicos en América Latina tienen un fuerte vínculo con evangélicos en EE.UU. y estos, a su vez, constituyen una base política crucial para el presidente Donald Trump.

En cuanto a este aspecto, es importante recalcar que México ha sido un aliado importante de EE.UU., particularmente en la época de apogeo del chavismo. Sin embargo, Trump omitió este importante factor generando tensiones con su vecino del sur con sus despectivas declaraciones sobre inmigrantes mexicanos, la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la imposición de tarifas sobre productos mexicanos y la demanda de que México pague por el muro fronterizo. Es más, luego de una cordial conversación entre Trump y López Obrador luego de la victoria de este último, Kellyanne Conway, consejera de gobierno del presidente Trump, volvió a repetir la demanda que México pague por el muro.

Esto indica que las buenas relaciones entre México y Estados Unidos requieren también un cambio en la actitud del presidente Trump. La retórica anti-México debe ser eliminada. También se debe llegar a un acuerdo comercial que sea beneficioso para ambos lados. Del mismo modo, pese a que el gobierno norteamericano tiene todo el derecho de controlar sus fronteras, la retórica anti-inmigrante deber bajar de tono.

Si Trump no se acerca a México, se corre el riesgo que este incremente el comercio y las relaciones con China y busque alianzas también con Rusia.

México debe continuar siendo un aliado de EE.UU y debe continuar cumpliendo un papel en la promoción de la democracia y los derechos humanos en la región. Esto no solo depende de AMLO, sino también de un liderazgo estadounidense inteligente y razonable.

AMLO, al igual que Obama, mantuvo un discurso populista, de izquierda y a la vez se mantuvo lo suficientemente ambiguo como para asegurar una amplia mayoría. También, al igual que Obama, ha prometido grandes cambios... pero no es claro como lo haría".

Luis Fleischman