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Política

Por el bien de todos, Brett Kavanaugh debería dar un paso al costado

Por Ana Navarro

Nota del editor: Ana Navarro es una estratega republicana y comentarista política de CNN. Síguela como @ananavarro en Twitter. Las opiniones expresadas en este comentario son solo suyas. 

(CNN) — Me siento como un unicornio en estos días, porque al principio no me opuse a la nominación de Brett Kavanaugh al Tribunal Supremo, pero ahora me opongo. ¿Por qué? Enteramente debido a los problemas de carácter planteados sobre él.

En innumerables ocasiones, escuché que algunos republicanos decían que les parecieron creíbles los testimonios tanto de la doctora Ford como de Brett Kavanaugh durante las audiencias del jueves pasado y después dieron explicaciones que sobrepasan los límites de lo creíble para evitar tomar partido por ella. A lo mejor estaba confundida sobre cuál fue el muchacho, dijeron.

Argumentaron que el peso de la prueba recaía sobre ella y dado que ambos eran igualmente creíbles, ella salía perdiendo. Denme un maldito descanso. Esto es como cuando en un banquete te preguntan si quieres pollo o pescado. Es uno o el otro, no ambos.

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No me opongo a Kavanaugh ahora porque es más conservador que yo, especialmente en cuestiones sociales. Las elecciones tienen consecuencias. Un presidente puede elegir candidatos para nominar a la Corte Suprema que reflejen una ideología importante para su partido de gobierno. Me guste o no, y a menos que hayas estado debajo de una roca durante dos años, sabes que no me gusta, Donald Trump es el presidente. Cualquiera que él elija vendrá de una lista de juristas conservadores aprobados por la Sociedad Federalista. Todos estarán en el mismo molde ideológico de Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh. Gorsuch comparte antecedentes legales y educativos similares a los de Kavanaugh, pero fue confirmado con facilidad (aunque estrechamente). Hay una diferencia importante: Gorsuch no fue acusado de agresión sexual.

La ideología de un nominado, y factores como la raza, el género, la etnia y el credo, son todos de elección exclusiva del presidente. Pero hay otros requisitos para un nombramiento en la Corte Suprema que no deberían ser opcionales. Un juez de la Corte Suprema debe tener peso intelectual, temperamento judicial y aptitud de carácter de por vida.

No hay duda de que Kavanaugh cumple con los requisitos del intelecto. Y hasta hace dos semanas también pensé que tenía temperamento judicial y aptitud de carácter. Él ha pasado por seis investigaciones del FBI y ha servido en la banca federal durante 12 años. Personas que yo conozco trabajaron con Kavanaugh en el pasado y lo describen como un tipo comprometido. En sus primeras audiencias, se mostró tranquilo y deliberativo, una mezcla entre un Boy Scout y un monaguillo.

Todo eso cambió una vez que surgieron las alegaciones de la profesora Ford.

El juez Brett Cavanaugh. (Crédito: SAUL LOEB/AFP/Getty Images

Permítanme decirlo clara e inequívocamente: creo en Christine Blasey Ford. A menos que sea una masoquista clínica, ninguna mujer en su sano juicio se sometería voluntariamente a sí misma y a su familia a las amenazas y el acoso que han acompañado sus acciones. Le creo porque hace años, ella se lo contó a su terapeuta y a su esposo.

Le creo porque no tiene nada que ganar y mucho que perder. Le creo porque muchas víctimas de abuso permanecen en silencio durante años y décadas. Yo le creo porque ella no es una activista partidaria. Le creo porque, durante su audiencia, Kavanaugh mintió sobre pequeñas cosas que no necesitaba.

Le creo porque su buen amigo, Mark Judge, escribió un libro llamado, «Wasted: Tales of a GenX Drunk», que menciona a un personaje llamado «O’Kavanaugh» con el que frecuentemente se pierde. Quiero decir, vamos, «Kavanaugh» no es exactamente «Smith».

Le creo porque pasó por el polígrafo y él no. Le creo porque no solicitó la investigación del FBI que podría haber ayudado a limpiar su nombre. Le creo porque muchos otros compañeros de clase han venido a decir que él bebía mucho. Le creo porque el anuario de la escuela secundaria de Kavanaugh enumera los mismos nombres que ella dijo que estaban en esa fiesta en la casa. Le creo porque he tenido traumas en mi vida y no recuerdo cuándo y dónde exactamente estaba cuando sucedieron, pero recuerdo que sucedieron.

Mucha gente piensa que no deberíamos definir la vida entera de una persona por los graves errores que cometió de adolescente. Tiendo a estar de acuerdo con eso. Kavanaugh ciertamente no es el único que hizo cosas como adolescente que la mayoría de nosotros, como adultos, preferiríamos olvidar.

Pero su nominación es a la Corte Suprema. Es diferente de cualquier otra posición en el gobierno. Una vez nombrado, no puede ser despedido. No será responsable ante los votantes ni incluso ante un presidente. Es un compromiso de por vida. Y a diferencia de los nombramientos en los tribunales inferiores, no hay edad de jubilación y que sea acusado es algo casi inaudito. Todo esto hace que el estándar de confirmación sea muy alto. No deberíamos comparar las cosas lamentables que hicimos en la escuela secundaria y la universidad con las cosas de las que acusan a Kavanaugh. No estamos siendo nominados al Tribunal Supremo para decidir sobre cuestiones legales que afectan a todos los estadounidenses.

Ahora creo que a Kavanaugh le falta el temperamento y el carácter judicial para servir en la Corte Suprema. En la última audiencia frente al Comité Judicial del Senado, él gritó, lloró, fue irrespetuoso y partidista. Excepto por la parte partidista, si alguna mujer se comportara de esa manera, la gente culparía a sus hormonas o la llamaría histérica. No soy de las que critica a nadie por mostrar emociones. Si alguna vez me ha visto en acción, saben que llevo la mía a flor de piel. Pero, de nuevo, no voy a posar para una ‘selfie’ en la acera con la Corte como telón de fondo.

En su testimonio frente al comité, Kavanaugh fue como un perro de ataque partidista. Mostró resentimiento y desdén por los demócratas. Culpó de las acusaciones de la profesora Ford a los aliados de Clinton, en busca de venganza por su papel en la investigación de Starr. Sospecho que si alguno de nosotros hubiera pasado por lo de Kavanaugh, incluidas las amenazas a su familia, también estaríamos enojados como nadie.

Pero, nuevamente, esto es para la Corte Suprema. Se supone que los jueces están libres de presiones políticas externas. Teniendo en cuenta lo que escuchamos de Kavanaugh y las cicatrices emocionales que este proceso le dejará, dada su animosidad contra los demócratas y su deuda con los republicanos, ¿sería alguna vez capaz de tener independencia judicial? Cada senador, independientemente de su partido, debería hacerse esa pregunta.

Seamos francos sobre la política aquí. Incluso si Kavanaugh caminara sobre el agua y  multiplicara los peces, los senadores demócratas votarían en contra de él basándose en la ideología. También hay republicanos para quienes la ideología triunfa sobre todo. Cualquier error que haya cometido como adolescente ebrio palidece en comparación con la importancia de un sólido voto conservador en la Corte Suprema. Deberían ser honestos al respecto y decirlo, en lugar de hacer acrobacias verbales diciendo que creen tanto en el acusador como en el acusado.

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Hay un factor más a considerar aquí: el mensaje que, sea lo que suceda después, se enviará a millones de estadounidenses que han sido víctimas de agresión sexual. Las víctimas oyeron y se vieron en Christine Blasey Ford. Ella abrió las compuertas. Las llamadas a las líneas telefónicas para denunciar violaciones aumentaron, algunas hasta en un 338%. Víctimas de todas partes compartieron el trauma secreto y la vergüenza que habían llevado silenciosamente durante años. Como las dos mujeres que enfrentaron a Jeff Flake en el ascensor, y le dijeron que confirmar a Kavanaugh significaría que su dolor «no importa». Muchas mujeres me han dicho lo mismo. Justa o injustamente, esto ha trascendido la batalla de Ford contra Kavanaugh. Ha trascendido a demócratas contra republicanos. Esto es acerca de mucho más.

No creo que Kavanaugh sea un monstruo. No creo que sea malvado. Mi corazón se quiebra al pensar en sus padres, su esposa y sus hijas. Según todos los relatos, la mayor parte de su vida adulta, Kavanaugh ha sido un tipo decente. Las acciones por las cuales lo acusan sucedieron hace más de 30 años. Pero cuando compites por un puesto en la Corte Suprema, los errores juveniles importan. Mentir sobre esos errores importa. Mentir sobre esos errores bajo juramento importa incluso mucho más.

A menudo, cuando se está en medio de una pelea, la gente puede estar tan emocionalmente investida y atrincherada en sus posiciones, que pierde de vista el bosque por fijarse en los árboles. Por el bien del país, por la integridad de la Corte, los republicanos deberían moverse. Kavanaugh debería retirarse.