(CNN Español) - Este domingo, monseñor Óscar Romero, de El Salvador, será canonizado por el papa Francisco en el Vaticano y este motivo ha llevado a recordar diversos pasajes del beato.

Monseñor Romero, nacido en 1917, fue asesinado de un disparo al corazón por un francotirador, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia, en San Salvador. Fue beatificado en mayo de 2015.

Dos años antes de su muerte, en 1978, se reunió con el papa Pablo VI, que también será declarado santo este domingo. En sus diarios, Romero narra detalles de este encuentro en el que recibió el apoyo de la entonces máxima autoridad de la Iglesia Católica.

LEE: Renuncian todos los obispos chilenos por casos de abusos

Romero era considerado un personaje incómodo, tanto por el gobierno militar como por la guerrilla que desangraban El Salvador en aquellos años. Fue en ese contexto en que las palabras que le dijo Pablo VI toman más sentido.

"Comprendo su difícil trabajo", le dijo el papa de entonces a Romero, según ACI Prensa. "Es un trabajo que puede ser no comprendido, necesita tener mucha paciencia y mucha fortaleza. Ya sé que no todos piensan como usted, es difícil en las circunstancias de su país tener esa unanimidad de pensamiento, sin embargo, proceda con ánimo, con paciencia, con fuerza, con esperanza", continuó.

Monseñor Romero, cuando se reunió con el papa Pablo VI en 1978. (Crédito: Oficina de Camonizacón / ACI Prensa)

Romero escribió que Pablo VI le aseguró que conocía cómo era el pueblo de El Salvador. Se trata, dijo, de "un pueblo generoso, trabajador y que hoy sufre mucho y busca sus reivindicaciones". "Me dijo que había que ayudarlo, trabajar por él, pero jamás con odio ni fomentando las violencias, sino a base de un gran amor”, relató el futuro santo. "Me prometió que rezaría mucho por mí y mi diócesis", indicó también.

En sus memorias, Mons. Romero aseguró haber expresado al Papa en esa ocasión su “adhesión inquebrantable al magisterio de la Iglesia”.

“Y que en mis denuncias a la situación violenta del país, siempre llamaba a la conversión y me mostraba compasivo con los que sufrían, con las familias de las víctimas y, al mismo tiempo, que hacía la denuncia del pecado, llamaba a conversión a los pecadores”.