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Medios de comunicación

Cómo editar la realidad

Por Hiram Enríquez

Nota del editor: Hiram Enriquez es estratega de medios digitales, periodista, ejecutivo y emprendedor. Ha trabajado para empresas como Yahoo!, Sony, MTV y USA TODAY Network. Fundador de Content Mist. Se interesa por temas de innovación y transformación digital de la industria mediática y las comunicaciones. Fue presentador del programa Zona Digital en CNN en Español. Síguelo en redes sociales como @DigitalHiram.

(CNN Español) — Editar es ante todo un ejercicio de toma de decisiones. Poner esta coma aquí para dar mayor claridad. Eliminar una frase redundante. Recortar un párrafo para hacerlo más directo.  Cuando se habla de imágenes o video, entonces se edita para contar la historia de la manera más efectiva, con los ángulos de cámara o el enfoque que requiera la trama, sobre todo si hay restricciones de espacio, tiempo o incluso de presupuesto.

Al final, es una cuestión de perspectiva. Lo que viste en los medios y no con tus propios ojos está, como lo indica la palabra, mediado por la subjetividad de alguna persona o grupo. Esa perspectiva, en mayor o menor grado, contiene sesgos políticos, o económicos, o accidentales. Sí, en los medios hay rutinas productivas como en todas las profesiones, por ejemplo la tendencia a confiar en la información de fuentes a las que siempre hemos consultado para un tema específico.

Cambiando de ángulo

Reviso las reacciones al reciente incidente de los camiones incendiados en el puente fronterizo entre Colombia y Venezuela. Me hicieron pensar en cuan fácilmente se desata el desconcierto cuando nos enfrentamos a la realidad de que ahora hay más ángulos de visión sobre cualquier evento que los que pudiera haber soñado nunca el productor estrella de la más poderosa cadena televisiva.

En la confrontación, ocurrida el 23 de febrero, se incendiaron dos de cuatro camiones que transportarían ayuda humanitaria hacia Venezuela.  Los opositores al régimen de Maduro difundieron versiones sobre el hecho en las que generalmente culpaban a efectivos de la Policía Nacional Bolivariana de provocar el siniestro. Después de todo, estos bloqueaban la entrada de la caravana encaminada a alivianar la crisis humanitaria en el país.

Días más tarde, un equipo de reporteros de The New York Times iluminó una perspectiva distinta sobre el asunto, al comparar imágenes tomadas por distintas cámaras. En ellas se observa a uno de los manifestantes opositores a Maduro lanzar un coctel Molotov cuya mecha se separa y vuela en dirección a uno de los camiones poco antes de que comenzara el fuego. También encontraron que en el video de las cámaras de seguridad del puente distribuido por Colombia faltarían unos 13 minutos antes del incendio, según los controles digitales de código de tiempo de ese material.

Como es natural, así se aviva la controversia sobre el tema. La tendencia natural de muchos críticos es a levantar un dedo acusador hacia las redes sociales como “caja de resonancia” que amplifica la desinformación. El propio video del Times así lo apunta, enfatizando que muchas figuras influyentes, y algunos medios masivos, se lanzaron con la hipótesis inicial como si fuera un hecho probado aunque no tuvieran evidencia sólida.

Tejados de vidrio

Poniéndolo todo en contexto, pienso que antes de sumarnos a la tendencia de culpar al nuevo medio, debemos entender que este sólo amplifica los sesgos que ya existen.  Ahora es más fácil hacerlos públicos en nuestras propias voces.  Por supuesto, unas son más estridentes que otras, pero del otro lado está el poder de difundir aristas de la realidad que antes hubieran pasado inadvertidas.

No sabemos cuál es la fuente del video adicional que recibió el NYT.  Sin embargo, numerosos acontecimientos recientes nos han demostrado cómo el disponer de otros ángulos de cámara, generalmente tomados con móviles, ha informado la perspectiva del público sobre incidentes de conductas racistas o antiinmigrantes, por ejemplo.

Para ser sinceros, también hay que reconocer que a pesar de los estrictos estándares éticos que rigen nuestras prácticas editoriales en los medios tradicionales, no siempre salimos victoriosos y muchas veces tenemos que enmendar la plana.

Esto me recordó exactamente un caso de un mundo en que no existían las redes sociales como las conocemos ahora (literalmente el siglo pasado). Durante las Olimpiadas de verano de 1996 en Atlanta, una bomba casera detonó en el Parque Olímpico de la ciudad de Atlanta.  En la cobertura mediática que siguió al incidente, un guardia de seguridad que estaba trabajando esa noche en la zona, Richard Jewell, recibió un papel protagónico: primero como héroe que ayudó a salvar vidas y luego como principal sospechoso de haber puesto el explosivo.

¿La causa? En algún momento se “filtró” que las autoridades estarían investigando a Jewell por ciertos incidentes en su pasado. Los periódicos y las cadenas de televisión desataron un foco implacable en su imagen, dándolo prácticamente por culpable durante varias semanas hasta que el verdadero atacante fue identificado. Jewell demandó al FBI y a varias organizaciones de medios, algunas de las cuales terminaron por arreglar el caso fuera de los tribunales.

Pensamiento crítico

No hay por qué tratar de hacer al genio volver a entrar en la lámpara. En lugar de atacar a lo que pasa en las redes sociales, deberíamos celebrar que hay ejércitos de productores potenciales que salimos cada día con nuestros móviles en mano, dispuestos a ofrecer otros puntos de vista, otros ángulos de cámara.

El antídoto para las posibles consecuencias negativas es, como siempre, la capacidad de pensamiento crítico. Esto sigue siendo crucial tanto para los editores de los medios masivos como para cada persona que, aunque no se dé cuenta, edita su propia dieta mediática cada vez que decide qué escuchar y a quién creerle.