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Argentina

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Un viaje a los sistemas de producción jesuítica en Latinoamérica

Por Leandro S. Ricciardelli

(CNN Español) — “Las ideas dan forma al curso de la historia”. Las 6 estancias jesuíticas de la provincia argentina de Córdoba son prueba de ello.

La frase, atribuida al economista británico John Maynard Keynes, le va de perillas al efecto obtenido por este ambicioso proyecto jesuítico del siglo XVII.

Resulta que, desde su fundación en 1540, los jesuitas pertenecen al clero regular. En aquellos años no recibían dinero del clero secular, o sea, del Vaticano, lo que les obligaba a generar sus propios ingresos económicos.

Los primeros jesuitas llegaron a Córdoba alrededor de 1589. A mediados del siglo XVII comenzaron a construir estos establecimientos con las que, a la postre, financiaron con creces su ambicioso proyecto académico.

En Córdoba, cada estancia tenía su propia producción. En el caso de la estancia de Alta Gracia su fuerte era la cría mular, que era el sistema de transporte por tierra más sólido y confiable de la época y la producción textil.

Los jesuitas tenían fama de buenos administradores. La riqueza del terreno y el buen clima de la zona confluyeron para que, con las ganancias obtenidas por las estancias cordobesas, subsidiaran el prestigioso colegio Monserrat y la Universidad de Córdoba.

La construcción de la antigua estancia jesuita de Alta Gracia comenzó en 1643.

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Hoy en día, el establecimiento consta de su iglesia, de estilo barroco americano influenciado por el barroco italiano tardío, una amplia residencia en forma de L, dos patios, uno central y uno trasero, y el imponente tajamar, un dique artificial que proveía riego a los sembradíos y activaba los dos molinos harineros que había en la estancia.

Ya nada queda de las rancherías, el área donde vivían los esclavos, ni los sectores de quintas, corrales y chacras, hoy parte de los barrios de la ciudad de Alta Gracia.

“La mano de obra estuvo a cargo de hombres y mujeres esclavizados, africanos esclavos dirigidos por dos padres jesuitas que habitaban en esta estancia”, comenta Silvana Lovay, coordinadora del área de comunicación del Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y casa del Virrey Liniers.

Las estancias estuvieron en manos de los jesuitas hasta 1767. Fue entonces cuando el rey Carlos III expulsó a esta orden del imperio español y todas sus colonias. A partir de allí, la estancia de Alta Gracia junto a las cinco restantes pasaron, primero, a la orden franciscana y, luego, fueron vendidas a diferentes familias ricas de la región.

La estancia de Alta Gracia parece un lugar detenido en el tiempo. A su propia belleza y serenidad hay que sumarle una cuidada distribución de la información histórica. Infinidad de objetos, herramientas y muebles de época decoran los salones de la residencia y su iglesia. A su vez, el Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y casa del Virrey Liniers posee una rica biblioteca con ejemplares de la época, además de organizar proyectos educativos y de investigación histórica y ofrecer dinámicas visitas guiadas.

Con el paso del tiempo cada estancia ha corrido diferente suerte. La estancia de Alta Gracia pertenece al gobierno argentino, mientras otras fueron adquiridas por el gobierno de Córdoba o quedaron en manos de herederos.

Por fortuna, para el turista -y para la historia de los pueblos-, todas están muy bien conservadas y son dignas de visitar.

La estancia de Alta Gracia está en el centro de la ciudad de Alta Gracia a unos 40 kilómetros de la capital.

Las 6 estancias jesuitas de Córdoba junto a la Manzana Jesuita, en la capital de la provincia, fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

Para más información, visita:

Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers

Córdoba Turismo: estancias jesuíticas