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Gran Bretaña

Enrique y Meghan, África no los quiere

Por Kehinde Andrews

Nota del editor: Kehinde Andrews es profesor asociado de sociología en la Universidad de Birmingham y autor del libro “Radicalismo negro: recordando el radicalismo negro en el siglo XXI”. Las opiniones en este artículo pertenecen al autor.

(CNN) — Enrique y Meghan, los duques de Sussex, estarían pensando en mudarse a África en algún momento después del nacimiento de su primogénito. Al igual que con su boda, la propuesta de su mudanza ha sido recibida en términos mayormente positivos, pues se dice que Meghan quiere explorar las raíces africanas de ella y su bebé.

Lamentablemente, la realidad es que la única tradición que abrazaría la pareja es la larga historia colonial de Gran Bretaña en general, y de la familia real en particular. Cuando los radicales negros hablaban de un movimiento de “regreso a África”, esto no era exactamente lo que tenían en mente.

Entonces, si Enrique y Meghan se mudan, no estarán representando a las parejas multirraciales modernas en todas partes, sino a la institución colonial que es la monarquía británica.

El exembajador David Manning, quien asesora a la pareja, ha dicho que esto podría ser parte de una estrategia internacional para que la pareja mejore su trabajo de caridad en la Commonwealth. Pero no necesitan mudarse a África para construir su marca o influencia. Después de todo, nada podría ser más global que la familia real británica. En la cima de su influencia, Gran Bretaña dominó un imperio tan grande que el “sol nunca se ponía en él”, y aunque el imperio se ha derrumbado, la monarca sigue siendo el jefe de Estado de 16 países.

Lo que plantea la pregunta, ¿qué harían mientras vivieran en África? En el pasado, la realeza británica ha tratado a las colonias como sus campos de juego personales. De hecho, la abuela de Enrique, la reina Isabel II, en realidad se convirtió en reina durante una visita a Nairobi, Kenya. En ese momento, ella y su esposo, el príncipe Felipe, estaban visitando una reserva de safari, maravillados con la vida silvestre. Vale la pena señalar que Felipe es famoso por cazar en colonias africanas y, según la prensa británica, desde entonces ha acumulado una colección de trofeos de más de 30.000, incluyendo un tigre, cocodrilos y jabalíes.

  • Mira: Enrique y Meghan podrían romper con las tradiciones de los bebés reales

La riqueza de la familia real que les otorga el privilegio de elegir su destino preferido en África se ha construido, en gran parte, sobre la explotación de África y las antiguas colonias. El símbolo más potente de esto es la joyería que adorna a la reina. El diamante Cullinan es uno de los más grandes extraídos en Sudáfrica. Ocupa un lugar destacado en la corona que la reina lleva todos los años cuando abre el Parlamento.

La verdad es que Gran Bretaña se enriqueció en el imperio en una medida que es casi imposible de cuantificar. Después de terminar con la esclavitud de los africanos, el gobierno británico usó el 40% de su ingreso total para pagar a los dueños de esclavos el equivalente a 17.000 millones de libras (o aproximadamente 22.000 millones de dólares) en compensación.

Y aunque Gran Bretaña no esté saqueando sus antiguas colonias como solía hacerlo, sus líderes todavía usan lenguaje imperial codificado. A raíz de la votación del brexit, los funcionarios del gobierno apodaron su llamamiento a la Commonwealth como “Imperio 2.0”, con el objetivo de restablecer las relaciones comerciales con las antiguas colonias donde Gran Bretaña podría volver a prosperar.

Presumiblemente, cualquiera que sea el país que Enrique y Meghan elijan se supone que este debe estar agradecido por su presencia. Pero las donaciones caritativas y los retratos con elefantes no pueden anular la naturaleza histórica de la relación de la monarquía con África. Mucha de la élite privilegiada y bien intencionada durante la época colonial se trasladó a las colonias; simplemente no tenían la máquina real de relaciones públicas para hacer girar sus visitas en términos positivos.

Una de las posibles listas de países de la pareja es Sudáfrica, que sería el destino más adecuado de todas sus opciones. Con su historia de apartheid y abruptas divisiones raciales, el país refleja gran parte de lo que está mal con el África poscolonial. La libertad política puede haberse ganado en 1994, pero la injusticia económica significa que más de la mitad de la población negra vive por debajo del umbral de la pobreza, mientras que lo mismo puede decirse de menos del 1% de los blancos en el país. Enrique y Meghan que viven en una comunidad cerrada, rodeados por la elite mayoritariamente blanca y alejados de la pobreza extrema, serían el símbolo más apropiado de privilegio real en el siglo XXI.

A medida que la pareja real quiere mostrar que son ciudadanos globales, piensen en todos aquellos de África cuyas opciones son mucho más limitadas. Gran Bretaña ha restringido severamente la inmigración de sus antiguas colonias, y la política de “ambiente hostil”, destinada a dificultar la vida de los inmigrantes ilegales, ha afectado a innumerables personas con derechos legales e históricos de estar en el país. Como resultado de esta política, que permite a los empleadores y los propietarios hacer verificaciones de los documentos de trabajo de cualquier persona, ha habido innumerables historias de migrantes documentados que perdieron sus empleos, fueron detenidos y, en algunos casos, deportados.

Es el momento culminante de la arrogancia colonial británica el hecho que la pareja real pueda elegir su destino soñado en un momento en que los migrantes africanos nunca han sido menos bienvenidos en Gran Bretaña.

Esto debería servir como un recordatorio de que la monarquía es un símbolo de los problemas en África, y es poco probable que Enrique y Meghan sean parte de la solución simplemente cambiando la dirección de su casa.