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Proyecto Ser Humano

Proyecto Ser Humano

A la Colombiana, la orquesta que impone el ritmo contra la discriminación de venezolanos

Por Paula Bravo Medina

(CNN Español) — “Si ustedes no piensan que son importantes, no va a sonar la orquesta grande, y yo no necesito una orquesta de 200 para hacer sonar algo, porque ustedes tocan, si no no estarían acá. Pongan de su parte, piensen que cada uno está sentado en el primer atril”.

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El director José David Rodríguez les habla a los músicos en el escenario del Teatro Bogotá, en el centro de la capital colombiana, un jueves en la noche. Habla animado desde una silla elevada e intentando hacerles sentir a todos que son parte de algo más grande.

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“La música se hace muy bien cuando nos entendemos y somos amigos”, explica.

Sentado en la fila de los instrumentos de viento, con la flauta traversa entre las manos, lo escucha David Reyes. Nació en Barquisimeto, estado Lara, Venezuela, y llegó hace dos años a Colombia. Desde que tiene 6 años, la música ha sido su vida.

Ambos hacen parte de la Orquesta A la Colombiana, que une a músicos venezolanos y colombianos, profesionales, amateurs, estudiantes y más, que aman la música latinoamericana y quieren hacerse oír.

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Ensayan dos veces por semana, de 7 a 9 de la noche, en el teatro que les presta la Universidad Central, que también les facilita algunos instrumentos de percusión y cuerdas. Allí es donde han dado la mayoría de sus conciertos.

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La orquesta nació en 2018 con más de 50 músicos, entre ellos 17 venezolanos. Surgió a partir de una idea que Rodríguez tuvo un año antes, cuando trabajaba con una orquesta de cuerdas en la que participaban varios venezolanos. “Aquí, a las ciudades llegaron excelentes músicos a buscar en qué trabajar, y también a los pueblos, a dar clases”, recuerda.

Por la porosa frontera entre Venezuela y Colombia han llegado más de 1,3 millones de personas, muchos en búsqueda de un mejor futuro, o de poder ganar algo de dinero para enviar a sus familias. El éxodo masivo ha desencadenado una crisis humanitaria en la frontera y, cómo suele ser común en las migraciones, algunos venezolanos se han enfrentado al rechazo, a la discriminación o a episodios de xenofobia.

“Las circunstancias en las que nosotros salimos de Venezuela fueron bastante pesadas, se nos afectó sobre todo la seguridad. Muchas cosas… vivimos un secuestro, robos”, recuerda Reyes.

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Cuenta que el primer día fuera de Venezuela, sin la certeza de que iban a regresar, fue duro. “Me encontré en un ámbito completamente distinto a lo que era mi casa, mi ciudad, mis amigos… es duro volver a iniciar, a conocer personas, intentar tener amigos y perder… sí, pues perder esos amigos que uno tenía”.

Reyes creció haciendo parte del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, creada por José Antonio Abreu, en 1975, y que educa en música a niños y adolescentes, la mayoría de bajos recursos y que, en 2008, recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. El famoso director venezolano Gustavo Dudamel también hizo parte del sistema.

Reyes actualmente es estudiante de Música en la Universidad Distrital de Bogotá y describe a la Orquesta A la Colombiana como una familia.

El director le pide a la orquesta que cambien las partituras. Van a tocar San Pelayo, un fandango del músico colombiano Victoriano Valencia Rincón, una pieza animada, enérgica, con un fuerte protagonismo de los vientos. A mano izquierda del director están los violines, a la derecha los contrabajos y chelos. En la fila de atrás están un corno, tres trompetas y dos trombones. Una más adelante se sienta Reyes, uno de los dos músicos que toca la flauta traversa este jueves, y a su lado dos chicos más tocan el clarinete y el oboe.

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“La música es un lenguaje universal, que une a muchas personas de muchas nacionalidades, y uno de esos ejemplos es esta orquesta. Aquí hay venezolanos, colombianos, y aquí ya nadie está al tanto de ‘tú eres venezolano’, ‘tú eres colombiano’, sino ‘tú eres mi compañero de orquesta’, ‘tú eres mi compañero de fila’, ‘tú eres mi compañero de atril’”, dice el joven músico.

“Yo sí he sentido a veces esa cosa cuando te dicen, por qué no te vas, por qué estás aquí, y muchas cosas así como buscando el ánimo de hacerte regresar, o hacerte sentir mal”, dice Reyes.

El director Rodríguez recuerda el caso de uno de los violinistas que formaba parte de la orquesta, pero tuvo que retirarse. “Él tocaba en la calle y en Transmilenio para poder subsistir en Bogotá y muchas personas lo atacaban por hacer eso”.

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La orquesta que comenzó con 17 venezolanos entre sus músicos ahora solo tiene 5. “Ellos se han ido porque deben buscar una oportunidad para subsistir aquí, y la mayoría han tenido que buscar qué hacer, como estar en un semáforo, y no pueden ser músicos, que es su carrera. Es muy duro y muy doloroso porque ellos estuvieron desde el comienzo y no tenemos como brindarles la oportunidad de monetizar su trabajo acá”, explica.

El ensayo termina y los músicos empiezan a empacar y a bajar del escenario. Para la mayoría ha sido una jornada larga: en la orquesta hay niños de colegio, estudiantes de música y otras carreras, músicos profesionales y docentes.

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Rodríguez dice que el sueño que tienen para la orquesta es que siga creciendo y pueda ir con su música, y su mensaje, a otras universidades y ciudades. Para eso van a necesitar más atriles, más sillas y más instrumentos. Algún día, dice, también espera poder llevar la orquesta al punto en que pueda pagar a sus músicos.