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Religión

Cómo una orden religiosa católica dedicada a proteger a los niños les falló

Por Nima Elbagir, Barbara Arvanitidis, Katie Polglase, Bryony Jones, Heather Platt

(CNN) — Un sacerdote pederasta fue enviado a trabajar para una organización benéfica que ayuda a familias vulnerables en un país de África, pese a que su orden religiosa sabía que había sido condenado por abusar de niños en Europa, según una investigación de CNN.

El padre Luk Delft está acusado de abusar de al menos otros dos niños en la República Centroafricana mientras trabajaba en un puesto clave en Caritas, la organización católica de beneficencia.

El sacerdote belga, de 50 años, solo fue destituido del cargo después de que CNN informó de las nuevas acusaciones contra él a sus superiores en la orden de los salesianos de Don Bosco, fundada específicamente para proteger a los niños.

Los salesianos encubrieron durante años los abusos de Delft, lo trasladaron de un puesto a otro y lo mandaron a trabajar a algunos de los lugares más problemáticos del mundo.

A pesar de las acusaciones en su contra, y de haber sido condenado por abuso, se le permitió mantener un perfil destacado, incluso recibir la comunión en una misa oficiada por el papa Francisco en el Vaticano este año.

El caso de Delft también suscita interrogantes sobre el proceso de investigación de antecedentes en una de las mayores organizaciones no gubernamentales católicas, y se da a conocer en momentos en que la Iglesia católica trata de recuperarse de décadas de escándalos por abusos sexuales protagonizados por miembros del clero.

Alban Alain, ahora de 17 años, y su familia, le dijeron a CNN que Delft abusó sexualmente del adolescente en varias ocasiones cuando se conocieron en un campamento para desplazados internos en Kaga-Bandoro, en la República Centroafricana, hace cuatro años.

“Es horrible lo que me hizo”, dijo Alban, que tenía 13 años cuando comenzó el supuesto abuso.

“No es normal lo que le hizo a mi hijo”, dijo a CNN Onono Alain, el padre del niño.

Apoyado incómodamente contra la pared de la choza de adobe de su familia, en el norte de la República Centroafricana, Alban se puso nervioso cuando le mostramos una fotografía de Delft.

Después de un largo silencio, dijo: “Luk”. Cuando le preguntamos de qué conocía al sacerdote, dijo en voz baja: “Él es mi amigo”.

“Me compraba ropa, y me daba dinero”, agregó. “Siempre estábamos juntos”.

“Lo trajeron aquí como director de Caritas y se le encomendó la distribución de ayuda”, dijo Onono. “Sin embargo, se aprovechó su puesto para sodomizar a mi hijo”.

Abuso en un lugar seguro

Alban y su familia son católicos en un país dividido por años de sangrientos enfrentamientos entre musulmanes y cristianos.

“Cuando la milicia Seleka se hizo cargo de nuestro distrito, tuvimos que irnos”, explicó Onono.

La familia huyó a través del río hacia Kaga-Bandoro para escapar de la violencia.

En el camino, como cientos de miles de cristianos en el país, la familia de Alain buscó refugio en instalaciones de la Iglesia católica. Cuando llegaron al campamento de desplazados internos, pensaban que habían encontrado un lugar seguro. Pero su penosa experiencia estaba lejos de terminar.

Alban parecía sumamente traumatizado por el trato que recibió de Delft.

“Cuando lo pienso, no es bueno para mí”, dijo Alban. “Me estresa mucho, incluso cuando estoy con mis amigos. A menudo lloro”.

Incapaz de seguir hablando, se apoyó en su padre mientras Onono explicaba más sobre el abuso de Delft.

“Creo que lo hizo muchas veces porque siempre estaba con mi hijo”, dijo. “Cuando mi hijo llegaba a casa, tenía dinero, como 2.000 o 3.000 CFA (francos centroafricanos, equivalente de 3 a 5 dólares)”.

“La última vez que regresó mi hijo y me contó lo que pasó… No me miente. Lo conozco”.

Alain dijo que la mayor cantidad de dinero que le dio Delft a su hijo fueron 10.000 francos centroafricanos, equivalentes a unos 17 dólares.

En el mismo campamento, conocimos al padre de otra de las presuntas víctimas de Delft. “Lo que hizo con mi hijo quedará grabado para siempre en mi memoria”, dijo el hombre, que pidió a CNN no ser identificado.

Tampoco quiso revelar todos los detalles del abuso a su hijo a manos del sacerdote pederasta, pero le pidió al equipo de CNN que le dijera a Delft que “algún día lo volveremos a ver, en la corte, y tendremos una resolución”.

“Esperamos justicia”, insistió.

Depredando a niños vulnerables

Esta no fue la primera vez que Delft fue acusado de abusar de chicos.

Ya había sido condenado por delitos sexuales y sus superiores en la orden salesiana lo sabían cuando le ofrecieron el puesto en la República Centroafricana.

A miles de kilómetros de distancia, y más de una década antes, Delft había abusado de al menos dos niños, uno de 12 años y otro de 13, cuando trabajaba como monitor de dormitorio en el internado salesiano Don Bosco Sint-Denijs-Westrem, en la ciudad belga de Gante, en 2001.

El sacerdote, entonces de 31 años, tenía a su cargo cuidar a los niños. Por el contrario, abusó de ellos en su momento más vulnerable, acechando el dormitorio por la noche y agrediéndolos mientras dormían.

Dos hombres, a quienes CNN no identifica a pedido de ellos, sostienen que Delft se comportó de forma impropia con ellos cuando eran niños.

“Dormíamos en una habitación grande, de 30 personas, todos […] tenían 12, 13 años. De repente, por la noche, alguien intentaba quitarme la manta”, dijo Guillaume (no es su nombre real) a CNN en Bélgica. “Pensé que era un niño que quería jugar, porque estábamos durmiendo uno junto al otro”.

“Me desperté, salté y corrí detrás de él porque quería saber qué niño me estaba atacando”, pero la persona ya no estaba.

Guillaume se considera a uno de los afortunados. De sueño difícil, se despertaba cada vez que le quitaban la manta, antes de que pudieran hacerle daño. Uno de sus compañeros no tuvo tanta suerte.

Un reloj en la oscuridad

“Una noche, me desperté porque sentí algo”, dijo a CNN el compañero de clase de Guillaume, Benoit (tampoco es su nombre real). “Sentí, o pensé que sentía que alguien me tocaba, no sabía qué ni quién era”.

“Al día siguiente, recuerdo que le dije a uno de mis mejores amigos que tuve un sueño muy extraño en el que me tocaban en lugares extraños”, recordó. “Nos reímos y dijimos: ‘Bueno, no es más que un sueño. Estamos en un dormitorio, así que no te puede pasar nada’”.

“Y luego, a la noche siguiente, me desperté de nuevo y me di cuenta de que estaba realmente despierto… sentí que alguien me tocaba las piernas y los genitales”, agregó.

Dice que luego Delft le practicó sexo oral.

Durante el desayuno, a la mañana siguiente, Benoit compartió su experiencia con Guillaume y otros estudiantes en la cafetería, y Benoit les dijo que había visto un reloj distintivo.

Benoit recordó: “El chico a mi lado dijo: ‘Hmm. Creo que también conozco el reloj’. Y dijo: ‘Hola Luk, ¿qué hora es?’ Y Luk levantó el brazo y vi el reloj y lo reconocí de inmediato. Entonces, me di cuenta: esto sucedió de verdad, y fue Luk Delft”.

Benoit y Guillaume denunciaron el abuso ante Wim Hanssens, entonces subdirector del internado.

Descubrimiento y despido

“Uno de los estudiantes vino a mí y me dijo que Luk Delft iba caminando por la noche entre las camas y acariciaba debajo de las sábanas a esos niños… y que también acariciaba sus genitales”, le dijo Hanssens a CNN. “Un día después, otro niño me vino a contar la misma historia”.

Hanssens dijo que llamó a Delft a su oficina inmediatamente. “Le mostré en el papel lo que me dijeron esos niños. Al principio, él dijo: ‘No es para tanto, nada más los acaricié’. Pero cuando pudo leer que tocaba los genitales de esos niños, confesó… Y en ese momento, le dije que se marchara de inmediato”.

Hanssens agregó que su decisión de despedir a Delft fue confirmada en una reunión con el provincial salesiano, el jefe local de la orden en Gante y el abogado de la orden.

Hanssens dijo después de eso supo de Delft una sola vez. Fue cuando el sacerdote le escribió pidiéndole que le devolviera la almohada y algunos libros que le había prestado a una de las víctimas. A Hanssens le sorprendió la osadía de esta petición y dijo que nunca se la envió a la víctima.

Hanssens cree que su decisión de actuar como denunciante, reportando los abusos de Delft y otros sacerdotes, jugó en su contra dentro de la orden salesiana, y dice que más tarde se vio obligado a irse de la escuela en Gante y a trabajar más a 160 kilómetros de su casa.

El padre Carlo Loots, superior salesiano de Delft en Bélgica, asegura que se trató correctamente a Hanssens y que la orden le agradeció “no haber rehuido de dar estos mensajes difíciles”.

Benoit cuenta que luego su madre fue invitada a una reunión con los salesianos.

“Querían saber si presentaríamos una demanda oficial, algo que ella hubiera hecho, pero le hablaron de lo traumático que era para las personas ir a la corte, que podría tardar varios años, varias investigaciones, varias entrevistas, y que no era sano para un niño de 13 años”, dijo Benoit.

“Sé que mis padres y los padres de otros niños de alguna manera se creyeron esa historia”, dijo, y agregó que su madre “no quiere considerarlo como presión, pero de hecho lo es”.

“No creo que nadie quiera someter a eso a un niño de 13 años, así que se quedaron con la historia y ahí lo dejaron. Y los salesianos se escaparon fácilmente de esa”, agregó Benoit.

Pornografía infantil

Los salesianos no reportaron a la policía las acusaciones contra Delft. Lo trasladaron sigilosamente a otra de las escuelas de la orden en Bélgica, Don Bosco Sint-Pieters-Woluwe, donde trabajó como coordinador educativo.

Loots dice que el traslado se realizó bajo la premisa de que Delft no debería tener “ningún contacto pedagógico directo con los jóvenes”.

A pesar de ello, en 2008, enviaron a Delft a un viaje escolar con niños de la escuela hermana de Don Bosco Sint-Denijs-Westrem, a Lubumbashi, en la República Democrática del Congo.

Al año siguiente, el sacerdote fue sorprendido con pornografía infantil en una computadora portátil del trabajo.

Loots le dijo a CNN que los superiores de los salesianos en Roma fueron informados de este descubrimiento y se mantuvieron al tanto de las actividades de Delft. El jefe de la orden salesiana en Roma declinó las solicitudes de entrevista que le hizo CNN.

Pero, aun así, Delft no fue denunciado ante las autoridades. Por el contrario, lo volvieron a trasladar, esta vez para trabajar con DMOS-COMIDE, la ONG salesiana en Bélgica.

En 2010, lo mandaron a Haití después del terremoto para sumarse a las tareas de ayuda humanitaria de la organización allí.

Loots dice que para los salesianos es una situación difícil lidiar con abusadores como Delft.

“En la mayoría de los casos, es imposible que puedan quedarse en la comunidad o en el lugar donde viven o trabajan”, explicó Loots. “Hay que sacarlos de inmediato y, como los salesianos trabajan con jóvenes, no hay muchas alternativas”.

Prohibido el contacto con niños

Los delitos de Delft no llamaron la atención de las autoridades belgas hasta 2010, cuando un excolega de la escuela denunció el abuso, nueve años después de que sucediera.

El fiscal del caso le dijo a CNN que sospechaba que Delft había abusado de otros niños en la escuela, pero que ninguna otra víctima lo denunció oficialmente.

Cuando el caso llegó a los tribunales en Gante en 2012, Delft fue declarado culpable de dos cargos de abuso infantil y de posesión de pornografía infantil, según el fiscal.

Pero como los salesianos lo habían animado antes a pedir ayuda para tratar su pederastia (y esto lo tuvieron en cuenta las autoridades), fue sentenciado a 18 meses de prisión, y lo suspendieron por tres años.

Le ordenaron someterse a una terapia en un centro para delincuentes sexuales y le prohibieron tener contacto con niños durante 10 años.

Según la sentencia, esa prohibición debería haber continuado vigente hasta 2022.

Pero al año de su condena, a Delft le dieron un importante puesto en Caritas que lo puso en contacto con algunos de los niños más vulnerables del mundo.

Loots y Lucas Van Looy, obispo de Gante, dijeron que el traslado inicial de Delft a la República Centroafricana fue aprobado por los salesianos y que sucedió con el conocimiento previo del comité de libertad condicional belga, según un correo electrónico proporcionado a CNN. Pero para Delft, el destino en la República Centroafricana significaba que volvería a trabajar cerca de niños y con poca supervisión. Esto le dio oportunidades de violar las restricciones que le había impuesto la corte, y las últimas acusaciones contra Delft apuntan a que lo hizo.

Unicef ha calificado la República Centroafricana como uno de los peores lugares del mundo para los niños. El acuerdo de paz allí se mantiene de una manera muy precaria y las fuerzas de la ONU están en alerta constante.

Como director de las operaciones locales de Caritas, Delft quedó a cargo de las labores de la organización en más de 120 parroquias en todo el país, incluyendo el cuidado de niños y de las familias forzadas a abandonar sus hogares por la violencia.

Fotos publicadas en la web de Caritas y en la página personal de Facebook de Delft a partir de 2015 muestran al sacerdote interactuando con niños en la República Centroafricana, en aparente violación directa de los términos de su sentencia, que extiende esta prohibición a cualquier parte del mundo.

Delft siguió viajando y trabajando en los altos niveles dentro de la jerarquía de la Iglesia católica, participando en las celebraciones durante la visita del papa Francisco a Bangui, la capital del país, en 2015, y apareciendo en un video promocional de Caritas a principios de este año. En mayo de 2019, fue filmado recibiendo la comunión a pocos metros del pontífice durante un viaje al Vaticano.

Andrew Azzopardi, jefe de protección de Caritas, consideró inaceptable que, teniendo en cuenta sus antecedentes, Delft hubiera tenido un papel tan importante dentro de la organización benéfica.

“Nadie con una condena como la del padre Luk debería tener acceso a niños, y nadie así debería estar en una posición de autoridad como la de director de Caritas”, dijo a CNN. “Lo normal es que alguien con una condena así no esté en semejante puesto”.

El padre Carlo Loots dijo que los salesianos fueron “ingenuos” al enviar a Delft a la República Centroafricana.

“Es un poco cínico, probablemente, darle una nueva oportunidad y ese puesto en Kaga-Bandoro y (esperar) que el obispo de Kaga-Bandoro se hiciera cargo de él”. El obispo de Kaga-Bandoro en aquel momento, Albert Vanbuel, era un salesiano belga.

Pero Loots insiste en que la organización tenía pocas alternativas. “Es una de las preguntas más difíciles cuando te enfrentas a un abusador”, dijo. “No podemos darles un tiro, aunque quisiéramos… ¿qué alternativa nos queda?”

“En aquel momento -recuerda Loots- buscamos la mejor alternativa posible con el menor riesgo de que repitiera su comportamiento. Lo que uno hace es confrontar esto, y pensar cuál es el mejor de los escenarios, pero ni eso fue suficiente”.

Benoit no se mostró “sorprendido” de que Delft hubiera trabajado con niños en la República Centroafricana, a pesar de la orden judicial belga que lo prohibía: “Vi fotos de él rodeado de niños pequeños, estaba sonriendo y reconocí la sonrisa en su rostro”.

Sin remordimiento

Cuando CNN confrontó a Delft en su oficina de Caritas en Bangui por el abuso, no mostró remordimiento.

Sorprendido, interrumpió su reunión al ver nuestra cámara, se levantó e intentó echarnos de la habitación, diciendo: “No, no, no”.

Con el ceño fruncido, parecía no reconocer el nombre de Alban Alain, y cuando se le preguntó si tenía algo que decir sobre las acusaciones de abuso en su contra, dijo: “No, nada”.

Sacudiendo su cabeza, con una sonrisa incómoda en el rostro, vio como el equipo de CNN salía del edificio.

Delft fue llamado a Bélgica a fines de junio, después de la investigación de CNN. Los salesianos dicen que ahora está “bajo supervisión” en la residencia de la orden en Sint-Pieters-Woluwe. La residencia tiene una escuela en su campus, según pudo saber CNN.

Las autoridades policiales y eclesiásticas en Bélgica han iniciado investigaciones sobre Delft a partir de los hallazgos de CNN. Dijeron que no pueden comentar si enfrentará o no un juicio o castigo por sus presuntas acciones en la República Centroafricana porque las investigaciones están en curso.

Tampoco quisieron hacer comentarios sobre el acuerdo que permitió a Delft viajar al país africano a pesar de su condena y de la prohibición de trabajar con niños.

Los salesianos dicen que están investigando internamente el caso de Delft, pero no está claro si esto podría llevar a su destitución.

Por ahora, Delft sigue siendo miembro de la orden salesiana.

Para Guillaume, es obvio lo que debería suceder ahora.

“Alguien como Luk Delft está enfermo y necesita tratamiento”, dijo. “Poner a Luk Delft en prisión no ayudará a este hombre u otros niños porque saldrá de la cárcel y hará lo mismo”.

“A quienes deben condenar, los verdaderos delincuentes -agregó Guillaume-, son las personas que trasladan a Luk Delft de un sitio a otro… porque son personas con sentido común y saben perfectamente lo que Luk Delft hace, lo que ha estado haciendo y lo que hará en el futuro”.

Con respecto a las víctimas del sacerdote en la República Centroafricana, Alban se limita a decir: “Quiero que comparezca ante la justicia”.