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Análisis

Un día grave en la historia de EE.UU.: Trump se enfrenta a un juicio político

Por análisis de Stephen Collinson

(CNN) — Es un día oscuro en Estados Unidos.

La Cámara de Representantes se dispone a llevar a juicio político a un presidente elegido en las urnas acusado de violar la confianza de la nación y su juramento de preservar, proteger y defender los valores constitucionales fundamentales. Donald Trump será solo el tercer presidente de Estados Unidos en 240 años en ser llevado a juicio político, el trauma final para el sistema de controles y equilibrios, que desatará una furia que hervirá durante años.

El presidente 45 de Estados Unidos será acusado por la mayoría demócrata de la Cámara de Representantes de dos cargos de juicio político, a saber, abusar de su poder y obstruir al Congreso en un plan para que Ucrania interfiera en las elecciones de 2020.

En la tumultuosa presidencia de Trump, lo extremo se ha convertido en rutina y el hiperpartidismo ha desdibujado los sentidos. Pero cuando la Cámara vote a favor del juicio político de Trump, un paso fatídico esperado en algún momento el miércoles, puede quedar claro que este también es un momento sombrío de tragedia política nacional. Después de todo, los Demócratas de la Cámara, que obtuvieron una mayoría en las elecciones de medio término con el mandato de acotar a Trump, harán una rara declaración de que un presidente elegido hace solo tres años debería ser obligado a dejar el cargo.

Trump llegó a su día de vergüenza histórica sin arrepentirse, diciendo que asumía «cero» responsabilidad de la acusación, y sintiéndose perseguido. Lanzó un temerario ataque contra la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y los demás demócratas en una carta extraordinaria que expresaba algo parecido a la desesperación sobre el destino de su legado.

«Ustedes son los que obstruyen la justicia. Ustedes son los que están trayendo dolor y sufrimiento a nuestra República por su propio beneficio egoísta personal, político y partidista», escribió Trump, acusando a los demócratas de los mismos delitos de los que él es acusado.

Pelosi describió la diatriba de Trump como «realmente enferma».

La acusación de Trump se ha convertido en algo más que el mal comportamiento de un presidente y el reclamo demócrata de que sus acciones alcanzan la barra constitucional de «delitos graves y delitos menores».

En retrospectiva, podría haber sido una colisión constitucional inevitable dada su creencia en su propio poder supremo y su falta de respeto por las nociones convencionales de discreción presidencial, factores que se evidencian desde el comienzo de la campaña del titán de las propiedades en 2016, que puso de cabeza la política de EE.UU.

Una nación dividida

La crisis del juicio político es también un síntoma de un país atrapado en un distanciamiento político masivo que está desgarrando cualquier sentido de propósito patriótico común. Ha expuesto una cultura política en la que los hechos –en este caso, las acciones del presidente– ya no son sacrosantos y eso ha sido mezclado con una niebla de desinformación por parte de sus aliados. Los malos sentimientos y la controversia suscitados en las últimas semanas, en última instancia por las acciones del presidente más divisivo de la historia moderna, tendrán eco mucho después de que haya dejado el cargo.

Estados Unidos está tan dividido sobre el juicio político como lo está en todo lo demás. Una encuesta de encuestas de CNN muestra que el 46% cree que Trump debería ser enjuiciado y destituido de su cargo, mientras que el 49% no lo cree. La votación del miércoles, para la cual los demócratas confían en que tienen una gran mayoría, ha provocado una sincera búsqueda interior entre los representantes vulnerables que buscan la reelección en distritos donde Trump triunfó en grande en 2016.

«Esto no es algo que pueda hacer en base a las encuestas», dijo la representante demócrata moderada Elissa Slotkin de Michigan. «Los votantes tendrán la oportunidad de decidir el próximo año».

«No comprometeré mi integridad», dijo Slotkin, quien tiene la intención de votar a favor del juicio político.

Una enemistad ya agitada está despertando en el Senado liderado por los republicanos, antes de un juicio a principios del próximo año que se espera que quede muy por debajo de la mayoría de dos tercios necesaria para que el Congreso destituya a un presidente por primera vez.

Pero el miércoles también puede haber momentos de esperanza, si el antiguo mecanismo del experimento democrático de Estados Unidos entra en acción para demostrar que ningún hombre es un rey por encima de la ley.

El desafío de Trump es una señal de que una vez absuelto por el Senado, es probable que quede aún más desencadenado y considere su escape como una reivindicación. Una señal de eso es la forma en que su abogado personal, Rudy Giuliani, acaba de regresar de Ucrania después de llevar a cabo la misma actividad — buscando información negativa sobre el ex vicepresidente y potencial rival de 2020, Joe Biden– que llevó a su cliente al borde del proceso de destitución.

Pelosi se vio obligada a actuar

Pelosi, quien una vez advirtió que el propio presidente era el que se llevaba a juicio político, se resistió durante mucho tiempo a usar su poder más claro para pedir cuentas a Trump, argumentando que «no valía la pena».

Pero la presión de los aliados políticos y un imperativo para defender la Constitución se volvió incuestionable después de que en septiembre surgieran noticias de la diplomacia de puerta trasera de Trump en Ucrania.

Los demócratas acumularon un registro detallado, basado en el testimonio de funcionarios de política exterior de carrera en la administración, de un esfuerzo prolongado de Trump para usar el poder de su oficina no para los intereses de Estados Unidos sino para beneficio político personal.

Específicamente, Trump está acusado de retener 400 millones de dólares en ayuda militar, así como la opción de una visita a la Oficina Oval por parte del nuevo presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, para obligarlo a anunciar una investigación sobre los negocios de Biden y su hijo Hunter en el país.

Si bien la decisión del hijo del ex vicepresidente de aceptar un papel remunerado en el directorio de Burisma, un gigante energético ucraniano, mientras su padre estaba en el cargo es éticamente cuestionable, tampoco hay evidencia de irregularidades por parte de ninguno de los Biden.

Testigos llamados por los demócratas declararon que Trump exigió un quid pro quo de Ucrania y que estaba orquestando el plan. Una transcripción aproximada de su llamada con Zelensky en julio, que el presidente insiste en que fue «perfecta», muestra a Trump pidiendo un favor, incluida una investigación sobre Biden y una teoría de conspiración que dice que Ucrania interfirió en las elecciones de 2016.

El secretario de la Casa Blanca interino, Mick Mulvaney, pareció confirmar el quid pro quo y les dijo a los periodistas que «lo superaran». Y Trump llamó a Ucrania públicamente a investigar a los Biden.

Para los demócratas, tal comportamiento validó el juicio político porque confirma los temores de los fundadores del país de que un presidente deshonesto y demagógico podría incitar la interferencia extranjera en la democracia estadounidense.

«Su plan para corromper una elección presidencial estadounidense subordinó la soberanía democrática del pueblo a las ambiciones políticas privadas de un hombre, el propio presidente», dijo el martes el representante Jamie Raskin de Maryland en una audiencia de la Comisión de Normas de la Cámara de Representantes.

«Segundo, después de que este esquema corrupto salió a la luz, y numerosos servidores públicos con conocimiento de eventos clave aparecieron para testificar en las investigaciones de nuestra comisión sobre las acciones del presidente, el presidente Trump dirigió una obstrucción total, categórica e indiscriminada de esta investigación de juicio político del Congreso».

Para los demócratas la pregunta era: si esto no es para juicio político, ¿qué sí lo es?

Una lucha por los republicanos

Desde el principio, los republicanos batallaron para contrarrestar los hechos del caso de juicio político, sobre todo porque Trump apareció varias veces para confirmar las acusaciones demócratas en su contra.

En cambio, el Partido Republicano en la Cámara de Representantes se propuso atacar el proceso, acusando a los demócratas de abusar de su propio poder e inventar los abusos de autoridad de Trump para cumplir sus sueños de destruir a un presidente al que nunca han perdonado por derrotar a Hillary Clinton.

«Estamos en un tribunal ilegal, así se siente este lugar, porque todo esto está al revés», dijo el martes el representante Doug Collins, el principal republicano en la Comisión Judicial de la Cámara.

«Somos más ‘Alicia en el país de las maravillas’ que la Cámara de Representantes. Porque ya sea que estés de acuerdo o no en que debe ser acusado, ¿no crees que debe haber un mínimo de proceso y derechos?», dijo Collins.

A pesar de los alegatos de una testigo clave –la ex jefa de política rusa del Consejo de Seguridad Nacional, Fiona Hill– para que no reciclaran la propaganda rusa , varios republicanos prominentes destacaron las afirmaciones de que Ucrania se había entrometido en las elecciones de 2016 para perjudicar a Trump.

Si bien varios funcionarios de Kiev criticaron a Trump, no hay evidencia de que Ucrania participara en algo como la enorme operación de inteligencia y desinformación rusa que las agencias de espionaje estadounidenses dicen que fue diseñada para ayudar a Trump a ganar la presidencia.

Los republicanos también acusaron a los demócratas de no obtener la declaración de testigos clave, a pesar de que Trump les impidió a funcionarios como el ex asesor de seguridad nacional John Bolton y Mulvaney presentarse en un amplio reclamo de inmunidad.

Los demócratas se negaron a litigar para obligar los testimonios, argumentando que la acción judicial podría tomar muchos meses y que Trump plantea un peligro «claro y presente» para la seguridad de EE. UU. y las elecciones de 2020.

Los republicanos, apoyados por la máquina de propaganda mediática de derecha, también han afirmado que el abuso de poder no es un delito específico y, por lo tanto, no es un delito que lleve a un juicio político. Argumentan que en la llamada Trump le pidió a Zelensky «hacernos» un favor, en referencia a Estados Unidos, y no buscando un beneficio personal. Pero no han explicado por qué investigar una teoría de conspiración de 2016 o a uno de sus oponentes políticos es de interés nacional para EE. UU.

La negativa de Trump a admitir cualquier transgresión ha privado a los republicanos de la coartada política de la defensa que salvó al presidente Bill Clinton hace 20 años: que sus acciones fueron lamentables pero no alcanzaron el nivel para un juicio político.

Eso puede ser problemático para los republicanos vulnerables del Senado en las elecciones de 2020 en estados disputados. Pero el apoyo del Partido Republicano a Trump también demuestra el notable control del presidente sobre un partido que transformó a su propia imagen nacionalista.