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Coronavirus

Coronavirus

Puede que Asia haya tenido razón sobre el coronavirus y las mascarillas, y el resto del mundo se está convenciendo de ello

Por James Griffiths

Hong Kong (CNN) — En las próximas semanas, si aún no lo ha hecho, es probable que tu gobierno comience a recomendarte que uses una mascarilla para protegerte del nuevo coronavirus.

Para aquellos que viven en Asia, tales anuncios serán una reivindicación de una táctica que se ha adoptado en gran parte de la región desde el comienzo de la crisis y parece haber sido confirmada por tasas más bajas de infección y una contención más rápida de los brotes.

En otras partes del mundo, este mensaje puede ser confuso, ya que llega después de semanas de que las autoridades de salud pública, los políticos y las figuras de los medios afirmaran con confianza que las máscaras no ayudan e instaran a las personas a concentrarse en lavarse las manos y mantener el distanciamiento social.

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El tono de tales afirmaciones varió de condescendiente a frustrado, con las palabras del director general de Sanidad, de Estados Unidos, Jerome Adams, tuiteando a finales de febrero, en mayúsculas: «¡DEJEN DE COMPRAR MÁSCARAS!».

«NO son efectivas para evitar que el público en general contraiga #coronavirus, pero si los proveedores de atención médica no pueden usarlas para atender pacientes enfermos, esto los pone a ellos y a nuestras comunidades en riesgo», agregó, en una publicación que desde entonces se ha retuiteado más de 43.000 veces.

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Esa misma semana, Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), compareció ante el Congreso. Cuando se le preguntó si las personas debían usar mascarillas, él respondió directamente: «No».

Ahora no está tan seguro. El lunes, Redfield le dijo a NPR que los CDC estaban revisando sus pautas y pueden recomendar el uso general de máscaras para protegerse contra la infección de la comunidad. Es probable que solo sea una cuestión de tiempo antes de que otras organizaciones que no han recomendado el uso de mascarillas, principalmente la Organización Mundial de la Salud (OMS), hagan lo mismo.

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Giro hacia la protección

El mes pasado, Adrien Burch, experto en microbiología de la Universidad de California, Berkeley, escribió que «a pesar de escuchar que ‘las máscaras faciales no funcionan’, probablemente no hayas visto ninguna evidencia sólida para apoyar esa afirmación. Es porque no existe».

De hecho, hay evidencia de lo contrario: que las mascarillas ayudan a prevenir infecciones virales como la pandemia actual.

Burch señaló una revisión Cochrane —un análisis sistémico de los estudios publicados sobre un tema dado— que encontró pruebas sólidas durante la epidemia de SARS, de 2003, que apoyaban el uso de máscaras protectoras. Un estudio de transmisión comunitaria en Beijing encontró que «usar una mascarilla en público de manera constante se asoció con una reducción del 70% en el riesgo de contraer SARS» (Síndrome Respiratorio Agudo Severo).

El SARS, como el covid-19, es una enfermedad respiratoria causada por la misma familia de virus llamada coronavirus.

Si bien el SARS se extendió por todo el mundo, lo peor de la epidemia se centró en Asia, particularmente en China continental y Hong Kong. Se confirmaron 8.098 casos en todo el mundo entre noviembre de 2002 y julio de 2003, con 774 muertes en total. El legado de esta experiencia se pudo ver al principio de la pandemia actual, ya que la noticia de la propagación de un virus llevó a las personas de toda la región a ponerse máscaras para protegerse.

Desde el principio, Hong Kong y muchos otros gobiernos asiáticos han recomendado que las personas usen mascarillas en público, ya sea que muestren síntomas del virus o no.

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A pesar del desdén por parte de alguna prensa occidental, que habló de la «obsesión» de Asia con las máscaras faciales, la táctica parece haber contribuido a ayudar a detener el brote.

Taiwán, Corea del Sur y China continental, todos los lugares donde se hace uso generalizado de las mascarillas, han tenido un mayor éxito en la prevención de brotes importantes o en su prevalencia una vez que comienzan en Europa y América del Norte, donde las máscaras no se usan o son difíciles de encontrar.

En declaraciones a CNN, Ivan Hung, un especialista en enfermedades infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hong Kong, dijo que «si observas los datos en Hong Kong, usar una máscara es probablemente lo más importante en términos de control de infecciones».

«Y no solo reduce los casos de coronavirus, también reduce la influenza», dijo. «De hecho, esta es la temporada de influenza y casi no vemos casos de influenza. Y eso se debe a que las mascarillas en realidad protegieron no solo contra los coronavirus sino también contra los virus de la influenza».

A principios de marzo, Hong Kong tenía solo alrededor de 150 casos del virus, a pesar de estar en la primera línea de la pandemia desde que comenzó y no instituir muchos de los controles de población más draconianos que se han visto en otros lugares. La ciudad solo ha visto un pico recientemente después de que la gente comenzó a regresar a la ciudad desde Europa y Estados Unidos.

«Según la investigación, las máscaras faciales son mucho más propensas a ayudar que a dañar», según Burch. «Incluso si es solo una mascarilla de tela hecha en casa, si la usas correctamente y evitas tocarla, la ciencia sugiere que no te hará daño y probablemente reducirá tu exposición al virus».

Mayores contradicciones

En su guía sobre el nuevo coronavirus, los CDC señalan que se propaga principalmente «a través de gotitas respiratorias producidas cuando una persona infectada tose o estornuda», que «puede caer en la boca o la nariz de las personas cercanas o posiblemente inhaladas en los pulmones».

La agencia recomienda que las personas enfermas usen una máscara facial o intenten «cubrirse la tos y los estornudos», mientras que quienes la cuidan también deben usar una máscara facial cuando estén en la misma habitación.

Sin embargo, en el mismo consejo, los CDC dijeron que las personas que no tienen síntomas «no necesitan» usar máscaras faciales, y agregaron que estas, las mascarillas, «pueden ser escasas y deben guardarse para quienes cuiden gente».

Y esto es lo que ha sido tan frustrante y confuso para muchas personas, particularmente para aquellos que abogan por usar mascarillas como precaución. Los CDC, junto con la OMS y varios otros organismos y expertos en salud pública, han afirmado simultáneamente que las máscaras no ofrecen protección en circunstancias normales, al tiempo que afirman que son necesarias para los trabajadores de la salud y los cuidadores.

Este consejo conflictivo ayudó a crear confusión y no poca hostilidad hacia los funcionarios, pues la gente sentía que les mentían y los ponían en riesgo. Hubo numerosas respuestas al tuit de Adams sobre las máscaras en febrero preguntando «¿por qué las máscaras son buenas para los trabajadores de la salud, pero no para el público?».

Zeynep Tufekci, profesor de Ciencias de la Información, escribió el mes pasado en The New York Times que «para ayudar a manejar la escasez, las autoridades enviaron un mensaje que las hizo poco confiables».

«Proporcionar orientación de arriba hacia abajo con contradicciones tan obvias fracasa exactamente porque la falta de confianza es lo que alimenta el acaparamiento y la desinformación», dijo, y agregó que si los funcionarios estuvieran preocupados por la escasez, deberían haber declarado esto directamente, y pedirles a las personas que donaran las máscaras que habían comprado a los hospitales, y no decir en primer lugar que eran ineficaces.

«Cuando las personas sienten que no están recibiendo toda la verdad de las autoridades, los vendedores de aceite de serpiente y los especuladores de precios tienen un momento más fácil».

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Las mascarillas funcionan

Intentar evitar la escasez de máscaras protectoras para los trabajadores de la salud parece haber sido la principal prioridad de quienes están en contra de su uso generalizado. Pero aunque la motivación detrás de esto puede haber sido buena, tales consejos pueden haber ayudado a propagar el virus, aumentando así el número de pacientes que abruman a los hospitales.

Una de las razones que Redfield, de los CDC, dio para cambiar potencialmente la orientación sobre el uso de mascarillas es que el coronavirus puede propagarse cuando las personas son asintomáticas y, por lo tanto, que todos se cubran el rostro —como ha sido la norma en Hong Kong y otras partes de Asia, desde enero— podría ayudar a controlar la transmisión.

Sin embargo, que el virus se transmita antes de que las personas se sientan enfermas no es noticia. Se supone ampliamente desde las primeras semanas del brote, y la evidencia solo se ha fortalecido en los últimos meses.

E incluso si no hubo transmisión asintomática, el uso de máscaras universales o casi universales tiene sus ventajas. Como otros han señalado, instruir solo a los enfermos para que usen mascarillas es esencialmente pedirles a las personas que se pongan una señal de sí mismos para invitar al miedo y la hostilidad, mientras que si todos usan una máscara cuando están afuera, es más probable que los enfermos lo hagan, protegiendo así a las personas a su alrededor.

La falta de máscaras y otros equipos de protección en los hospitales de Estados Unidos y de otros países debe remediarse lo más rápido posible. Pero esta escasez fue causada por fallas en las políticas y problemas de la cadena de suministro, no por una repentina adquisición de mascarillas de papel de 75 centavos por parte del público preocupado.

A medida que la evidencia se vuelve cada vez más favorable hacia el uso de máscaras, debemos preguntar cuántas infecciones podrían haberse evitado si en enero, en lugar de decir que las mascarillas no ayudarían, los funcionarios y los medios de comunicación hubieran presionado para que las fábricas aumentaran la producción nacional, brindaran orientación sobre cómo hacerlas en casa y solicitar a otros países que donen materiales excedentes.