OPINIÓN: ¿Se ha enloquecido Estados Unidos?
familiares salen de la estación de bomberos en donde se enteraron de la noticia de la masacre en una escuela primaria de Connecticut.
16 diciembre 2012
04:58 PM ET

OPINIÓN: ¿Se ha enloquecido Estados Unidos?

Por Bob Greene*, colaborador deCNN

(CNN) – Tomando asistencia.

Esa es una frase usada por un padre de un estudiante de la Escuela Primaria Sanndy Hook, describiéndole a un reportero lo que ocurrió en la estación de bomberos cerca a la escuela mientras madres y padres aterrorizados llegaban minutos y horas después del tiroteo.

Las madres y padres miraban ansiosamente a los niños que habían sobrevivido a los disparos y habían sido llevados a la estación de bomberos. Allí los sobrevivientes se encontraron con sus padres.

Pero otros padres esperaban y esperaban. Sus hijos e hijas no aparecieron.

Y mientras las madres y padres que habían sido reunidos con sus niños abandonaban la estación y se dirigían a sus casas, la lista empezó a ser compilada. En ella estaban los nombres de niños y niñas que no aparecían.

La lista más cruel e insoportable que uno se puede imaginar.

Esos 20 niños, que habían salido de casa para la escuela ese día, eran niños que tenían programas de televisión favoritos, y listas de regalos de Navidad, y chistes que sólo ellos y sus familias entendían, y hermanos y hermanas con los que sabían que iban a cenar.

Y padres, que ahora esperaban en la estación de bomberos de Sandy Hook.

Estso son días en que parece justo preguntar si parte de la vida estadounidense se ha vuelto irremediablemente demente. Una descripción de la escena dentro de la escuela, dada por un policía que habló con un periodista, era que el lugar parecía un “campo de matanza”.

Es un término de guerra, incluso de genocidio, pero no parece del todo fuera de tono en el contexto de las noticias recientes.

“Tenemos simulacros”, dijo Mary Ann Jacob, empleada de la biblioteca en la escuela. Ella le explicaba a los periodistas que los maestros, los niños y el personal de la Primaria Sandy Hook, así como los maestros, los niños y el personal de las escuelas primarias en todo Estados Unidos, conocen la conveniencia de prepararse para días como el viernes.

Simulacros. Hace más de medio siglo, los niños en las primarias eran entrenados en simulacros en los que se metían debajo de sus escritorios en caso de un ataque nuclear de parte de enemigos extranjeros. Incluso en ese entonces, parecía cómico: pocos niños en realidad creían que un avión enemigo iba a materializarse sobre los cielos de las costas cargando bombas atómicas, y un escritorio de un salón de clase, incluso para los ojos de los niños, no prometía mucho refugio contra una bomba. Los niños estadounidenses solían reírse y bromear durante los simulacros.

Los enemigos de hoy parecen considerablemente más reales, y a los niños se les enseña para que entiendan eso. “Los niños conocen la rutina”, dijo la bibliotecaria.

Por eso, con el hombre armado en la escuela, ella llevó a los niños al lugar del simulacro: “entre los estantes y la pared, en donde no pueden ser vistos desde ninguna ventana”.

Y, como eran niños, y no soldados entrenados para responder a fuerte artillería, cuando ella y sus colegas luego llevaron a los niños a una bodega y cerraron la puerta, ella hizo lo único que pudo para calmarlos mientras los disparos sonaban por la escuela:

Repartió crayones y papeles.

Solemos hablar sobre terrorismo en términos de posibles ataques de extranjeros, pero en fines de semana como éste tenemos que reconocer que el espectro del terror parece haberse vuelto parte de cada atmósfera de la vida estadounidense. En un teatro de cine en Colorado, en un centro comercial en Oregon, en una escuela en un tranquilo pueblo de Connecticut… los lugares cambian, los medios llegan después de la matanza, la policía arma la secuencia de los eventos, se movilizan los consejeros de duelo.

Y de alguna forma todo parece estar sin sentido. Al final de un fin de semana como éste, ¿nos sentimos seguros de que, habiendo descubierto lo que hemos podido sobre lo que ocurrió, ese conocimiento servirá para prevenir que haya una nueva matanza? Desde luego que no.

Hay una vieja película que con frecuencia es proyectada en televisión durante la temporada navideña; su título tiene un mensaje de calidez y seguridad y de buenas memorias decembrinas. Navidad en Connecticut, así se llama la cinta, y las palabras están destinadas para reconfortar y animar. Fue proyectada de nuevo la semana pasada mientras el país se preparaba para lo que se suponía es una época de amabilidad y buen espíritu.

Un policía, preparándose para decir las identidades de los niños que murieron, dijo que sus colegas estaban compilando cuidadosamente una “lista formal de nombres, con fechas de nacimiento”.

Un residente de Newtown le dijo a un periodista televisivo: “Se supone que cosas como ésta no pasan aquí”.

No, se supone que no. Y “aquí” no sólo significa Newtown, no sólo significa Connecticut, sino que significa todo el país. Se supone que esas cosas así no pasan aquí.

Pero pasan, una y otra vez. Y en una época de paz, una nación fuerte bendecida con mucha gente llena de compasión y sabiduría y buena voluntad, se halla en un lugar sombío pero conocido, incapaz de responder la pregunta más básica de todas:

¿Por qué?

*Nota del editor:  Bob Greene, colaborador de CNN, es autor de 25 libros como Late Edition: A Love Story, Once Upon a Town: The Miracle of the North Platte Canteen y When We Get to Surf City: A Journey Through America in Pursuit of Rock and Roll, Friendship, and Dreams.