La modelo Jerry Hall, la cantante de Blondie Debbie Harry y Paloma Picasso eran habituales en Studio 54.

(CNN) – En opinión del cofundador de Studio 54, Ian Schrager, ha habido dos eventos culturales seminales en los 71 años que él lleva de vida: "Woodstock y Studio", dice. "Sin pecar de presunción".

Aunque la lista de Schrager es quizás un poco reduccionista, el famoso club nocturno neoyorquino que él lanzó en 1977 con su socio Steve Rubell se ha ganado un lugar indiscutible en la historia del pop. Studio 54 sigue siendo un tema fascinante cuatro décadas después de que su inauguración convocara a una multitud que incluyó a Cher, Tennessee Williams, Andy Warhol y Grace Jones, en lo que en otros tiempos fuera una casa de la ópera y estudio de televisión en el centro de Manhattan.

En Studio 54, el sexo, la fama y el infame consumo abierto de drogas funcionaron en tándem para crear un hedonista y lúdico club que no se ha replicado desde entonces. Schrager describe el lugar como un caos, donde la gente común podía juerguear sin reservas junto a los nombres más importantes de la época.

No era extraño ver a Arnold Schwarzenegger o a O.J. Simpson bailando entre la multitud, o a Diana Ross y Liza Minelli actuando en el escenario. Brooke Shields y Paloma Picasso posaban para las cámaras, mientras asistentes inesperados como Coretta Scott King entraban por el vestíbulo del club. Alec Baldwin trabajó por un tiempo como camarero. El legado del club ha alcanzado un estatus casi mítico.

"Cuarenta años después, la gente no sigue hablando de Woodstock y todavía está hablando de Studio", dice Schrager. "Personas que ni siquiera habían nacido hablan de él".

Los diseñadores Karl Lagerfeld y Valentino.

 

Y entre los que hablan, el más intenso es el propio Schrager, que ha recopilado fotografías, recuerdos y extractos de su álbum de recortes personal en un libro de casi 400 páginas publicado por la editorial Rizzoli. Es un viraje radical de Schrager, que pasó años rechazando entrevistas sobre los días de su Studio 54, en gran parte debido a la vergüenza que sentía por su condena en 1980 y el tiempo que pasó en la cárcel, junto con Rubell, por evasión de impuestos.

"Pasó mucho tiempo antes de que pudiera hablar sobre ello, porque son recuerdos agridulces para mí y me avergonzaba la forma en que todo acabó", explicó Schrager. "Pensé que hacer el libro era una manera de resumir lo que sucedió allí para mis hijos. Fue como un cierre de ciclo".

Ese cierre también es el motivo por el que pidió y recibió el indulto del presidente Obama en enero de 2017. "Todo es parte de lo mismo", agrega.

El libro "Studio 54" arroja luz sobre los días más felices y más salvajes del club. Al comienzo del pesado tomo, el multimillonario empresario David Geffen señala que el sitio "surgió después de los anticonceptivos y antes del sida", dando pie a la desenfadada experimentación sexual que se convirtió en sinónimo de la decadencia de los años 70.

La diseñadora Norma Kamali, amiga de Schrager, recuerda bien esos días. "Dio origen a Page Six y a todo medio sobre celebridades que vino luego", dice sobre la cultura del club. "La tensión en la ciudad era tan alta que Nueva York necesitaba un lugar para liberarse, y un lugar para que los gays y las mujeres salieran".

Kamali formó parte de un grupo de gente creativa que era tratada con particular reverencia mientras se desfogaban en el local. Roy Frowick, mejor conocido como Halston, era el rey en un elenco cambiante de clientes habituales de la industria de la moda que incluía a Calvin Klein, Diane von Furstenberg, Donna Karan, Karl Lagerfeld e Yves Saint Laurent.

"En aquellos tiempos, las estrellas de Nueva York eran los diseñadores de moda", recuerda Schrager. "Las aguas se separaban cuando llegaban".

 

Bianca Jagger monta un caballo durante la celebración de su cumpleaños en Studio 54.

Pero los ricos, famosos y talentosos no tenían garantizado un lugar en el interior. Según se sabe, Warren Beatty y Robert Duvall se quedaron fuera en la noche de inauguración, y la banda Chic escribió su famoso hit "Le Freak" después de ser rechazada por el cadenero en la víspera del Año Nuevo de 1977.

"El proceso de selección no tenía absolutamente nada que ver con la riqueza, la raza, el credo y el color", dice Schrager. "Había una sensación o vibra de que estaban aquí para festejar: Van a hacer algo para que la noche sea genial. No van a ser peso muerto".

De los dos propietarios, Rubell, que murió en 1989, solía irse hasta la mañana siguiente. "La gente solía decir que yo me iba demasiado temprano, Steve demasiado tarde", recuerda Schrager. Aún así, Schrager fue testigo de algunos de los momentos más emblemáticos del club, y sostiene que no los han exagerado.

Bianca Jagger se paseó por el club sobre un caballo blanco en 1977, dice Schrager, y sucedió tal y como la gente lo cuenta. "No estaba previsto que Bianca subiera al caballo", dice, agregando que tenían la intención de que fuera montado únicamente por una modelo desnuda interpretando a Lady Godiva. Los fotógrafos de prensa invitados para retratar a los invitados famosos enviaron la imagen a todas partes. "Esa fue la madre de todas las oportunidades fotográficas", agrega Schrager.

También comenzó lo que sería una costumbre de llevar animales vivos para ocasiones especiales, incluyendo palomas para el cumpleaños de Jagger, ganado en una fiesta para Dolly Parton, un elefante que posó para fotos con Linda Blair y, en diciembre de 1977, un leopardo y una pantera. En el libro se incluye una carta del Departamento de Salud de la Ciudad de Nueva York que recuerda a Schrager y Rubell que los animales salvajes en el bar violaron dos códigos de salud diferentes.

Aún sin animales, a Schrager y Rubell no les faltaban trucos para llamar la atención. En una víspera de Año Nuevo los invitados encontraron el piso cubierto con tres toneladas de brillo plateado; en un Halloween, un elenco de enanos cenó codornices dentro de una viñeta inspirada en el pintor Jheronimus Bosch.

Las invitaciones eran elaboradas: flechas de Cupido, corazones inflables, tarros de confeti. ("Confeti negro", especifica Schrager").

Schrager todavía busca sorprender a las personas, aunque ahora, a la cabeza de un exitoso negocio de hoteles boutique, si bien lo hace de una manera menos hedonista. Cita varias razones por las cuales él no cree que pueda replicar Studio 54, aunque quisiera, una mayor reticencia social hacia el sexo casual y el uso abierto de drogas, entre ellas. Irónicamente, la naturaleza cambiante de la fama también juega un papel.

"Antes eras una celebridad porque hiciste algo", dice. "Ahora, eres una celebridad, y luego tienes que inventarte algo que hacer".

Tampoco los diseñadores de moda tienen el mismo peso: "Alexander Wang es muy guay y muy creativo y hace grandes fiestas, pero ya no es lo mismo", agrega.

Aún así, Schrager no cree que la leyenda del club se desvanezca. "Hay una especie de ideal humano, que busca la libertad absoluta", dice. "La gente dice: ‘Nunca podrás recrear Studio’. Bueno, claro, pero eso no significa que no puedas crear el ethos que estaba sucediendo entonces. Todavía somos parte de la especie humana. Todavía nos gusta eso".

"Studio 54" de Ian Schrager, publicado por Rizzoli, está ya a la venta.